Supervivencia

Se despertó sobresaltada. ¿Se había quedado dormida?

Empezó a pellizcarse para confirmar que todavía estaba ahí, miró rauda a su alrededor y, suspiró… Dios, no podía volver a dormirse, no era su turno para descansar y de ella dependía que todos permanecieran vivos.

— Uff por poco, por muy poco. — Y entonces se sobresaltó. Ella estaba bien, pero… ¿y el resto? ¿Y si durante esa fracción de segundo que no recordaba qué había pasado los había perdido?

Corrió por el pasillo tan veloz como sus pequeñas piernas se lo permitían, y allí estaba, la puerta tras la que todos descansaban cuando llegaba su turno. Inspeccionó por fuera por si notaba algún atisbo de violencia que indujera que la habían abierto a la fuerza y no, la puerta permanecía firmemente sellada. Abrió la trampilla, que se encontraba al lado del marco de acero para el control biométrico del iris, y acercó su único ojo para que su identidad fuera confirmada.

La puerta se abrió y entró. Aunque todo parecía que estaba bajo control no podía evitar sentir una tremenda angustia. Sabía que cualquier descuido podía suponer la exterminación de los suyos, y aunque ella creía que solo había sido una fracción de segundo la que permaneció dormida, no lo podía asegurar. Lo examinó todo minuciosamente y para su tranquilidad, todo continuaba igual que la última vez, calmado y en orden.

La sala parecía un mausoleo, sepulcral e imponente, y empezó a añorar las risas y los gritos de sus compañeros, aunque sabía, que no había otra manera de esperar los refuerzos que la hibernación. Un lustro de guardia y luego el descanso, mientras la ayuda llegaba para prepararlo todo. Todo por la supervivencia de los suyos, aunque eso supusiera el exterminio de otra raza de seres vivos. Al fin y al cabo, eran los otros o ellos, y desde luego que ella lo tenía claro.

Aún recordaba la despedida, cuando sus familiares y seres queridos les mandaron a la gran aventura de descubrir algún planeta donde todos pudieran sobrevivir, ya que el suyo estaba al borde de la total destrucción por la inminente colisión de un gran asteroide al que no habían podido desviar. Entre vítores y una espectacular ceremonia digna de los más grandes reyes, habían sido lanzados al espacio como la única esperanza de vida para su planeta y sí, lo habían conseguido.

Habían llegado a un precioso planeta azul. Nunca habían visto un planeta tan lleno de vida y con rincones tan maravillosos. Era el propio cielo hecho realidad, y los seres que lo habitaban unos auténticos inútiles. No había conocido nunca, en todos los años que llevaba recorriendo galaxias y planetas, seres tan estúpidos, tanto, que se estaban autodestruyendo y terminando con los grandes tesoros naturales que albergaba este fascinante mundo al que llamaban, La Tierra.

Si ellos no sabían conservarlo lo haría su especie, no había problema.

Ahora, solo tenían que esperar la llegada de los refuerzos para su conquista.

 

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