Empecé a volar

Caíste como una pluma en mi vida, suave y ligero.

Pero me acostumbré a tu ausencia

y me deshice en las alas de tu impasividad.

Y empecé a volar primero sola.

Luego acompañada de la libertad;

después con la independencia que me dieron tus desganas,

y al final volé, sí.

Volé junto a una bandada que arropó mi decisión

con el cálido perfume de quien puede volar,

a pesar de todo,

a pesar del frío y el abrasador calor.

A pesar del peso de tu apatía.

A pesar de ti, empecé a volar

y me di cuenta

que podía volar acompañada de mí misma,

y que no… No me hacías falta para volar

y recorrer el mundo.

Y vivir mi vida.

¡No salgas!

—No salgas a la calle. Recuerda que allí fuera no hay nada para ti.

—Estoy cansado de estar encerrado entre estas cuatro paredes. Me siento atrapado en una cárcel. Solo hablo contigo. No tengo más vida que ese mohoso libro que ya me he leído cien veces.

—Sabes que no puedes salir. En cuanto salgas todo se habrá terminado.

—No te creo. Estoy cansado y no quiero seguir aquí. Prefiero arriesgarme y si todo se termina, lo aceptaré. Pero ya no puedo más, entiéndelo… no he conocido más que esta habitación y si tengo que seguir así para el resto de mi vida… prefiero que todo se termine.

—A lo mejor no se termina, a lo peor solo descubres la realidad de lo que eres.

—¿Qué quieres decir? ¡Deja de torturarme! ¡Deja de controlar mi vida y de decirme siempre lo que tengo o lo que no tengo que hacer! ¡Déjame en paz!!

Y abrió la puerta del dormitorio sin mirar atrás. En la habitación solo se quedó una cama deshecha sobre la que, tirado sobre las arrugadas sábanas, se encontraba un libro tan gastado, que las hojas se podrían haber caído con el más leve soplido. En la penumbra, en un rincón se quedó ella mirando como salía y suspiró. Sabía que nunca más volvería a verlo.

Se quedó maravillado. ¿Por qué no se había atrevido a salir nunca de la comodidad de su espacio de confort? Lo que descubrió desde que abrió la puerta lo dejó maravillado. Todo era espectacular, no tenía palabras para describir las maravillas de ese mundo que se extendía ante sus ojos… y sí, ella tenía razón, la cobardía se quedaría allí en ese cuarto para siempre porque a partir de ahora, pensaba descubrir el mundo con la valentía como compañera. Él ya no volvería a ser el mismo, había descubierto que podía ser mucho más de lo que era. Solo tenía que creer en él mismo.

 

 

¡Déjame en paz!

Déjame en paz.

Déjame en paz o sino,

sino deja que escarbe en la arena,

que haga agujeros en el túnel de tus miedos,

deja que arañe tus inseguridades

y sino déjame en paz,

ahógate si quieres en el túnel de tus cloacas

y respira dióxido de carbono tú solo.

Que la vida son tres días y uno llueve,

y al tercero nos lamentamos porque ya se terminó.

Déjame en paz ya,

deja de lamentarte y de ser una víctima,

que el mundo fluye,

que la vida brilla a pesar de las tormentas

y si hace frío,

si hace frío siempre hay lana cálida y una chimenea

y sino, siempre están los brazos cálidos de una compañera.

Pero no… el tiempo pasa y ya no quiero lamentarme,

no quiero seguir el sendero de las inseguridades

ni atragantarme con los ácidos besos de los reproches.

Así que sí… déjame en paz y sigue tu camino

que yo seguiré el mío sola, pero ya sabes…

más vale sola… que mal acompañada.

 

SILENCIO- Alejandra Graciela

En el silencio de la noche espere pacientemente tu llegada

La luna era mi única compañera a la cual le contaba todas mis penas,
Espere con lágrimas en los ojos viendo pasar el tiempo
La soledad me abrazaba
Inventé excusas al pasar las horas
Pero fueron vanas porque cuando llegaste ya tenías a otra en tu mirada.
Alejandra Graciela

DECLARACIÓN DE SENTIMIENTOS

Ataviada con su velo carmesí en magnitud de declarante sensual, se quedaba parada en el umbral del placer.
Armonizando cada suspiro que provocaba su falso soneto.
Pronunciando palabras soeces que se hacían sentir en lugar de las caricias sensibles.
Amando cada sueño de amor, cada escalofrío de goce.
Añorando cada placer que su deleite conoce.
Pensamientos que adorna con la exquisitez que el momento requiere, mientras espera a que la soledad muera.
Anunciando dichosa que ella puede, que en el destierro de su juventud no cabe la clausura.
Retirando sus sentidos a una alcoba oscura en la que sus dedos la amen con locura.
En esa recta de la vida, en esa curva que a veces hace el amor, cuando lo condenamos a que sea, una nostalgia pura.

©Adelina GN

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