Superfrikiman

Hugo era un chico regordete, no muy alto, pecoso y pelirrojo. Esa mañana como siempre Hugo se enfundó sus mallas amarillas y se puso su habitual camiseta a rayas rojas y verdes. Se peinó su flequillo como todos los días, y después de petarse los granos nuevos que le habían salido en la cara, se perfumó para salir de casa.

Nada más salir a la calle Hugo tropezó con el bordillo de la acera y se dio de bruces contra el suelo. Los macarras de la acera de enfrente al verlo no lo pudieron evitar y comenzaron a reírse a carcajada limpia. Hugo lejos de indignarse, miró de reojo a los muchachos y les sonrió.

—¿Qué pasa chicos? — les dijo Hugo todavía desde el suelo.

—¡Pringaooo!! — y los macarrillas siguieron riéndose todavía con más ganas.

En ese mismo instante una limusina se paró delante de los chicos, abrieron la puerta de la parte trasera y de su interior bajó un matón de amplias espaldas y una altura descomunal. Se dirigió hacia el grupo que todavía se estaba riendo de Hugo y agarró al que parecía el cabecilla para meterlo dentro del auto.

En cuanto lo vio Hugo no se lo pensó un momento, corrió para colocarse delante de la limusina negra y casi sin esfuerzo cogió el vehículo por el parachoques y lo alzó hasta que los ocupantes del interior no tuvieron más remedio que salir.

Hugo redujo al grupo de matones sin ningún esfuerzo, y los muchachos se quedaron boquiabiertos, les había salvado… ¡Superfrikiman!

DESTELLOS E HISTORIA- Daniel Olivares Viniegra

DESTELLOS E HISTORIA

Y he aquí que hacia los tres iniciales años
hallé por descubrirme fósil viviente
en aquel primordial espejo:
cristalinas / clarimovedizas aguas
de un río tristón de La Huasteca.

Varios años olvidé después
amnésico obligado
la trascendencia de aquél casi lógico prodigio.

No fue sino hasta la adolescente edad
en que circunstancial
y azarosa-eróticamente
y también como por desgracia
recuperé el encanto

… Brillo obnubilar, fantástico, fugaz, instantáneo
que me hizo nacer a la duda
Y tras de mí
ojos abismados
la soledad
y el tiempo
me devolvieron la consciencia

Qué fascinación turbante la de irse desliendo con los días
al unísono del cristal que te sonríe

Lloros muchas veces
risas a menudo
casi siempre estupor
consternación maléfica
mágico embrujo el del ser
y no sentirse el que se refleja

Tanto amor y tan escasa vida se consumen
frente a la fría y quebradiza lámina de hielo
que allá me refrigera degradado

Y qué lástima que el tiempo tampoco transcurra impávido

Algún día de éstos habrá que darle una nueva capa de azogue
borrando de paso
lo que de rumores queden

Y el que se quede acá
es decir:
de este lado
tendrá que esperar milenios de aguaceros
eras remotas distantes
para recobrar
–anciano desde siempre–
aquél su primer azoro.

***

–Daniel Olivares Viniegra–