Del que está y no está (Chiflando pa’ la loma…)Daniel Olivares Viniegra

Del que está y no está
(Chiflando pa’ la loma…)
… Las insustancialidades del –sempiterno– Sol
cayendo sobre la vida:
pueden a veces desdecir lo que el tiempo
–agente humano que se concientiza–
abunda en la memoria de la abismalidad colectiva

¿A qué va la presencia de un objeto
dentro del mar de las contradicciones
ajenas?

Somos / si es que se puede decir que
somos:
… Granos añejos del viento
y el hoy solo redunda en
potencialidades blandas

Aquí en mi sobreestar no existe el
átomo
que devenga certeza de superioridad:

Las voces que me encierran
y que me desconciertan
reducen a idiosincracia
los cúmulos de ayeres saldados:

–No me niego a incorporarme al mundo:
es sólo que la existencia / por hoy
me ha impuesto sus límites
y me conformo

… Veo el quehacer aumentar y desbordar
constantes
pero la meta
no me parece cierta:

La luz que persigo y que me ciega
es voluntariamente abstracta
y se refocila en su superioridad
numérica

No voy / no por que no quiera
sino porque el estar
–este ahora al que tan abúlico
me someto…–
es mero cansancio
–casi hastío al que me voy
desacostumbrando–

Y soy / pero me siento oblicuo:
… inane ante la agilidad
intemperante:

“Aquí estoy:
Pero les debo
mi
presencia.”

–Daniel Olivares Viniegra–

DESTELLOS E HISTORIA- Daniel Olivares Viniegra

DESTELLOS E HISTORIA

Y he aquí que hacia los tres iniciales años
hallé por descubrirme fósil viviente
en aquel primordial espejo:
cristalinas / clarimovedizas aguas
de un río tristón de La Huasteca.

Varios años olvidé después
amnésico obligado
la trascendencia de aquél casi lógico prodigio.

No fue sino hasta la adolescente edad
en que circunstancial
y azarosa-eróticamente
y también como por desgracia
recuperé el encanto

… Brillo obnubilar, fantástico, fugaz, instantáneo
que me hizo nacer a la duda
Y tras de mí
ojos abismados
la soledad
y el tiempo
me devolvieron la consciencia

Qué fascinación turbante la de irse desliendo con los días
al unísono del cristal que te sonríe

Lloros muchas veces
risas a menudo
casi siempre estupor
consternación maléfica
mágico embrujo el del ser
y no sentirse el que se refleja

Tanto amor y tan escasa vida se consumen
frente a la fría y quebradiza lámina de hielo
que allá me refrigera degradado

Y qué lástima que el tiempo tampoco transcurra impávido

Algún día de éstos habrá que darle una nueva capa de azogue
borrando de paso
lo que de rumores queden

Y el que se quede acá
es decir:
de este lado
tendrá que esperar milenios de aguaceros
eras remotas distantes
para recobrar
–anciano desde siempre–
aquél su primer azoro.

***

–Daniel Olivares Viniegra–

DISFRUTANDO DEL PLACER DE ESCRIBIR

Con el tremendo auge con el que han entrado en nuestras vidas las llamadas “redes sociales” Twitter, Facebook, Instagram, y otras miles. Quienes teníamos nuestro blog para mostrar a nuestros amigos y amigas, nuestras aficiones, nuestros descubrimientos o para dar a conocer a personas interesantes, que hayan destacado en cualquiera de las áreas del Conocimiento, Arte o La Literatura, nos hemos dejado envolver por la fuerza arrolladora de la ola y el marullo de la modernidad y hemos olvidado ya la paz que nos proporciona escribir en un blog. Con tranquilidad, cuidando la escritura como se merece y no al tum tum con prisa porque nuestros interlocutores esperan la lectura instantánea.
De esa forma tan alocada, no es posible disfrutar ni recrearnos en nuestras disertaciones literarias, cuidando tanto el fondo como la forma de la escritura.
Esta noche me ha apetecido volver a mi blog, a mi cuaderno de bitácora, a mi Marcando la Mar.
Y escribir pausadamente, disfrutando del placer que me da la escritura serena, sosegada, meditada.
Esta reflexión que me ha surgido así de pronto, me está llevando a profundizar más, en los cambios que va dando las distintas formas de hacer las cosas a lo largo de toda una vida, como en este caso mío, escribir
Yo recuerdo que empecé a escribir con pocos años de edad, sin ir al colegio, en casa, con papá, mamá y las tías.
Me sorprende las buenas maneras que, sobre todo mi madre, me inculcó en aquel momento en el comenzaba a realizar el aprendizaje de algo realmente importante: aprender a leer y escribir.
Cada mañana, después del desayuno, yo tenía que lavarme las manos muy bien, cambiarme ropa limpia, sentarme a la mesa con la espalda recta y los brazos apoyados correctamente y entonces hacía avanzar el lápiz con suavidad sobre el papel dándole forma al contorno de las letras.
A estas alturas de mi vida, vengo a darme cuenta del gran acierto de mi madre al darle solemnidad al hecho de aprender a escribir. Ese momento quedó grabado en mi mente como algo mágico, despertaron mis sentidos, el tacto suave del papel y el lápiz, la goma de borrar, el sentido del olfato al afilar el lápiz. Fue todo un acontecimiento.
Después cuando fui a la escuela, usé la tinta y el plumín, las tizas y el pizarrín para escribir en la pizarra negra.
Más tarde al ingresar en el instituto, ya había bolígrafos. Bic cristal azul para escribir y rojo para subrayar. Pasar apuntes a limpio.
Luego apareció la máquina de escribir… taca-taca-taca…aprendí mecanografía, ciento cincuenta pulsaciones por minuto sin mirar el teclado y usando todos los dedos. En la carrera, los trabajos se pasaban a máquina a doble espacio. ¡la perfección de la escritura impresa!
Ahora ya, los ordenadores, desde los antiguos del siglo pasado, verdaderas reliquias hoy en día, hasta meternos en la era digital con los más sofisticados aparatejos del siglo XXI.
La Era de las Nuevas Tecnologías. Y sigo escribiendo.

Mari C.4

M. Carmen Martín Mendoza (marcamar)