LAURA Y SU PRIMA

 

LAURA Y SU PRIMA

Agosto de los senos hermosos, de los helados, los fálicos polos y los culos golosos, agosto de los sudores angostos, las curvas femeninas brillando al Sol, de serlo gustoso, hielo quiero por la médula que me enerva tu mirar, diosa del mar, cuando la arena de la playa es a la vista nudista diadema de estrellas en orgía de arena, carnes y sal.

Sé tú, Lorena, la lengua de espuma que mis calores aplaca, como la barca del horizonte naranja que mancha puntitos de rubí en los pómulos de tu cara mágica, mi amada, entre el vaivén de las olas y tus rosados glúteos de hada misteriosa, mujer esbelta, marcando la cadencia de mi entrepierna a la hora en que la tarde arde.

Y yo sólo puedo desearte, hija de Lesbos, cuando entras al agua con Laura, ya sois mi mundo entero, bien bronceado par de panderos, entre la tierra y el cielo, se desatan las tríbadas en manotadas tales que encienden a dúo mis deseos. Y yo no puedo más que entrar en el mar de su juego, caderas, torsos y senos, ombligos divinos, corales, carcajadas y vulvas vivas, perlas amarillas en conchas con algas hacia donde los peces turquesa derivan, y las hinchan de placer en cada ola, sobándonos con frenesí los tres ahora, en una sempiterna bacanal marina.

 

Eduardo Ramírez Moyano