Aviso urgente * Susana Argueta

Me fui a la ciudad a estudiar. El internado era sórdido y frío, así mi espíritu. Yo tenía doce años; mi padre me dejó en la puerta y se fue. Lo volví a ver en su sepelio, una semana más tarde. Mi madre no sabía, ella se había quedado en el rancho y yo debía decirle, tenían que despedirse, era urgente, pero nos separaban seis horas de camino.

A las ocho de la mañana me colé a la oficina del director, tomé el teléfono y llamé a Radio Pueblito. El asistente tomó el recado, lo pasaron al locutor y éste, con voz compungida, notificó a todos los vecinos el trágico deceso de Don Casimiro Mejía en la Ciudad de Oaxaca. Pidió a la comunidad que avisaran a Doña Francisca. A las dos de la tarde de ese mismo día mi madre llegaba a velar a mi padre.

Imagen: Has partido. Susana Argueta.

LA CARRERA

 

LA CARRERA

Nadaba a toda velocidad, moviéndose como una aeronave que surca el espacio. Sabía que en este macabro juego no llegar el primero suponía perder la vida, por ello nada de mirar atrás, nada de pensar, sólo seguir adelante avanzando, esquivando como en un videojuego a sus rivales, que iba dejando por el camino… Sólo tenía una oportunidad y no iba a permitirse perderla.
Por el número de participantes, parecía impensable que llegase el primero en esta lucha a muerte, pero por ahora iba en cabeza. En breves momentos, un gemido de mujer satisfecha inundó la estancia y la noche aplaudió vida, justo cuando el afortunado espermatozoide fecundó el óvulo.

 

Eduardo Ramírez Moyano

LAS MANZANAS ESPEDRIEGAS, LOS SENOS DE LAS DIOSAS GRIEGAS

 

LAS MANZANAS ESPEDRIEGAS, LOS SENOS DE LAS DIOSAS GRIEGAS

 

Cuenta la leyenda que, a principios del siglo XX, hubo una tormenta atroz y las aguas del río Turia, en su afluente Ebrón, se desbordaron a su paso por el Rincón de Ademuz, allí depositaron unas semillas un tanto especiales. De ellas, nacieron unos árboles de los que brotaron unas frutas que, un siglo después, significan uno de los tesoros más preciados de esta comarca: las manzanas esperiegas o espedriegas.
Hasta aquí la leyenda, pero la realidad es mucho más mágica y sobrenatural…
Tres años después de la riada, justo cuando estaban a punto para recogerse, a principios de Noviembre, sobrevino una calamidad de tormenta peor que la que tuvieron que padecer años atrás; se pensó que se perdería todo, tal fue el impacto, pues todo quedó anegado, los campos más ricos como los más pobres, todos inservibles, las cosechas perdidas, los frutos moribundos entre el fango, la desesperación de las familias y las plegarias no escuchadas… La noche fue terrible para todo el Rincón de Ademuz, que sufría impotente unas inclemencias de tanta magnitud, que le harían perder de seguro todas las huertas de fruto.
-¡Esta malnacida lluvia parece no tener fin! ¡Los campos del José están inundaos!
-¡Se están tronchando los chopos en la orilla del río!
Belcebú bailaba a sus anchas, destruyendo a su paso lo que tanto esfuerzo les había costado a los campesinos plantar, sembrar y cultivar.
– ¡Madre! ¿Y los manzanos? -decía Lucio.
-¡Con este demonio de lluvia ya están tos perdíos!
-¿Quizá se salve algo?- contestaba Carlos, el hermano mayor, optimista.
Pero, durante la noche apenas si se veía algo que los sobrecogedores relámpagos y algún rayo lejano.
A la mañana siguiente, cuando hubo amainado el caos y empezaba a sobresalir el Sol, las gentes, desconsoladas, veían sus tierras desoladas y todo el trabajo de un año tirado por los suelos… Entonces, la voz entusiasmada del anciano Eusebio grito:
– ¡Esperiegas, los senos de las diosas!
Y todos corrieron hasta donde se hallaba éste…
Desde allí, el espectáculo no podía ser más idílico, detrás de un precioso ArcoIris que otorgaba la intensidad propia de lo sobrenatural a la imagen, podían contemplarse todos los campos de manzanas esperiegas intactos, brillando magníficamente doradas, destellando sus puntitos rubí, como una escena divina, dejando asombrados y boquiabiertos a todos. Parecería que, en forma de un halo mágico, las Hespérides (similitud que posiblemente de nombre a esperiega) de la mitología griega, durante la tormenta, las hubieran estado custodiando. Y ahora, milagrosamente, resplandecían complacientes con toda su luz de fruta del Edén que porta el secreto y el enigma de la vida.

 

Eduardo Ramírez Moyano

 

 

 

CREADOR DE SONRISAS

Mascaras_VIPiero era sin duda un artista, toda su vida había estado rodeado de arte, sus máscaras lucían hermosas en el carnaval, eran obras maestras, inconfundible, su sello de identidad que estaba representado por la amplia sonrisa que dibujaba en cada una de ellas y en cualquier acontecimiento que requiriese ocultar el rostro de quién la llevase. Aquella mañana terminando un encargo que tenía, pensaba en su pronta jubilación, sus ojos se entristecían, habían sido tantos años trabajando en aquello que le hacía feliz que no imaginaba, su vida sin aquella tarea, que también hacía feliz a tantas otras personas. Sus máscaras sonrientes ocultaban de un modo u otro todas las penas y adversidades, momentos trágicos y amoríos infieles, pero siempre con una gran sonrisa. La noche se acercaba, a Piero aún le quedaba mucho trabajo, su descuido no había sido otro que aquel pensamiento triste que tuvo durante el día, demasiada tristeza tenía, que ahora, observando su encargo sentado en aquel taburete, con una de sus obras en la mano, veía como todas llevaban una mueca de tristeza…

Y comenzó a tener una conversación con él mismo… Todo en la vida tiene un principio y un final, una extraña percepción, me invade, me paraliza el respirar, no quiero que termine, que mi saber quede simplemente para contemplar, quiero daros vida y que sonriáis, que mostréis vida y alegría.

En aquel instante comprendió y continuó reflexionando… Mi ego es el que ha hecho que sienta de esté modo, no recapacité a tiempo, pensando qué solo yo, puedo crear sonrisas… Y ser el único creador… Legaré a mi hijo mi sabiduría en la creación y así nada morirá, cuando no esté, él será quien mantenga vivo el espíritu de las máscaras de Piero. Así fue como el maestro comenzó a ver, cómo cada una de las máscaras por obra de magia se tornaba sonriente, aliviando su conciencia en lugar de alimentar la prepotencia y el orgullo.

Adelina GN