«Carta especial a mí desastre romántico personal» – Yaretzy Elizalde

Destinatario : SIN INFORMACIÓN.
Remitente : SIN INFORMACIÓN.

He prolongado lo sigues para tí;

Estoy creyendo que no hay nada más después, he contaminado mi corazón con malas decisiones.
Ahogarme con la polución es el destino que me espera unos pasos adelante.

No has llegado a cambiar algo, solo a perjudicarlo todo.

No estás purificando el corazón en mi pecho como mencionaste, solo has dedicado tus manos a estrujarlo más de la cuenta como si eso detuviera tu ansiedad.

Me has cambiado tantas veces el proceso de sanar, que se convirtió en tu experimento personal.

Por una vez evitaré el desastre, y alejarme antes de que
el fuego de la explosión me dañe. Esta vez es diferente, ya que, era yo quien se quedaba soplando a las llamas de dicha cosa.

Fuimos más que el encuentro de dos extremos del hilo rojo.

Nos dedicamos a enredar el hilo, a dañarlo, y jamás cedió a romperse, porque más haya de un hilo colorido estaba el sentir profundo de un alma en soledad, aferrada a que la vida tenía más que dar.

Sin enviar.

Yaretzy Elizalde ®

MI VIDA SIN TI

Aquel aspecto desolador me hacía retroceder en el camino de vuelta a mi ciudad… Nunca pensé cuando me alejaba del frente encontrar tanta miseria y muerte en aquella España todavía dividida.

Cuando nos gritaron que la guerra había terminado mi único anhelo era regresar al lado de los míos. No tenía ninguna certeza de que estuviesen vivos, las noticias que unos meses antes había recibido no eran del todo alentadoras, pues quién me escribió fue Lola, la mujer que de no haber estallado la guerra civil, sería ahora mi esposa.

Ella fue la que me dijo que mis padres habían enfermado, tal vez ya habrían muerto, pues solamente aquella triste carta de amor que poseo de la mujer a la que continuó amando me acompaña.
Caminé cabizbajo, con la mirada fundida en el barrizal, imaginar que mis hermanos también estaban muertos no me resultaba fácil, pues yo mismo podría haber matado a uno de ellos en aquellos cuerpo a cuerpo de las dos España.

Incluso Lola que me prometió amor eterno hasta que volviese, podría haber cambiado de pensar y no haber aguantado aquellos tres años de muerte y destrucción.
Una gran cobardía se apoderó en aquel momento de mi mente, y mi orgullo varonil me atormentaba cuando pensaba que mi chica podía encontrarse en los brazos de otro hombre o que por las circunstancias podría haber tenido un hijo que no fuese mío.

Continué andando, los lugareños hambrientos se acercaban sin miramiento, jalaban de mi ropa maltrecha, pidiéndome un chusco de pan para poder llevarse algo a la boca y estar fuertes para enterrar a sus muertos y continuar con sus vidas ¿pero qué era aquello?
¡No podía volver! me dije, tuve miedo de encontrarme con un infierno como el que veía mientras regresaba del frente.

Ni el amor que sentía por Lola me harían regresar, ya había sufrido mucho para que mi vuelta ahora también me trajese sufrimiento y dolor, ausencias y desamores sería lo que me recibiría, no tenía ni la menor duda viendo lo que estaba viendo.
Salí corriendo de aquella encrucijada que el destino me había puesto en el camino y después de tanto andar llegué junto con otros hombres que huían del horror que provocaba ver aquellas ciudades, a una con puerto, donde nos embarcamos a la aventura, donde las aguas de aquel mar Mediterráneo nos llevase.

Así fue como llegué al nuevo mundo, me esperaba para renacer, seguro que allí encontraría un nuevo hogar, nuevos amigos y se suponía que un nuevo amor.
Y así fue, todo fue nuevo, todo a estrenar. En conjunto todo salió redondo, procure que mi nueva vida me diese estabilidad encontrando un trabajo digno, nuevas personas que se brindaron a ser mis amigos, otros sin duda no lo serían nunca.
Cuando tuve el dinero suficiente busque el amor, con plata se puede descubrir rápido y entonces me casé, ahora somos felices, tenemos dos hijos los cuales ya nos han dado, cuatro nietos que nos alegran la vida, atrás quedaron las penas, la miseria y tu amor, del que mi querida Lola nunca me he olvidado.

Por eso escribo este documento, quiero que lo recibas antes de que sea demasiado tarde para uno de los dos y espero el tuyo de vuelta, porque pienso que pude ser más valiente, que por no enfrentarme a la verdad que me esperaba, la busque en una nueva vida, la que tuve la inmensa suerte de encontrar pero, solo.

¡Qué sepas! Querida Lola, que te sigo queriendo, que aún recuerdas tú último beso, ese que selló mi vida sin ti.

©Adelina GN

¡No salgas!

—No salgas a la calle. Recuerda que allí fuera no hay nada para ti.

—Estoy cansado de estar encerrado entre estas cuatro paredes. Me siento atrapado en una cárcel. Solo hablo contigo. No tengo más vida que ese mohoso libro que ya me he leído cien veces.

—Sabes que no puedes salir. En cuanto salgas todo se habrá terminado.

—No te creo. Estoy cansado y no quiero seguir aquí. Prefiero arriesgarme y si todo se termina, lo aceptaré. Pero ya no puedo más, entiéndelo… no he conocido más que esta habitación y si tengo que seguir así para el resto de mi vida… prefiero que todo se termine.

—A lo mejor no se termina, a lo peor solo descubres la realidad de lo que eres.

—¿Qué quieres decir? ¡Deja de torturarme! ¡Deja de controlar mi vida y de decirme siempre lo que tengo o lo que no tengo que hacer! ¡Déjame en paz!!

Y abrió la puerta del dormitorio sin mirar atrás. En la habitación solo se quedó una cama deshecha sobre la que, tirado sobre las arrugadas sábanas, se encontraba un libro tan gastado, que las hojas se podrían haber caído con el más leve soplido. En la penumbra, en un rincón se quedó ella mirando como salía y suspiró. Sabía que nunca más volvería a verlo.

Se quedó maravillado. ¿Por qué no se había atrevido a salir nunca de la comodidad de su espacio de confort? Lo que descubrió desde que abrió la puerta lo dejó maravillado. Todo era espectacular, no tenía palabras para describir las maravillas de ese mundo que se extendía ante sus ojos… y sí, ella tenía razón, la cobardía se quedaría allí en ese cuarto para siempre porque a partir de ahora, pensaba descubrir el mundo con la valentía como compañera. Él ya no volvería a ser el mismo, había descubierto que podía ser mucho más de lo que era. Solo tenía que creer en él mismo.