Superfrikiman

Hugo era un chico regordete, no muy alto, pecoso y pelirrojo. Esa mañana como siempre Hugo se enfundó sus mallas amarillas y se puso su habitual camiseta a rayas rojas y verdes. Se peinó su flequillo como todos los días, y después de petarse los granos nuevos que le habían salido en la cara, se perfumó para salir de casa.

Nada más salir a la calle Hugo tropezó con el bordillo de la acera y se dio de bruces contra el suelo. Los macarras de la acera de enfrente al verlo no lo pudieron evitar y comenzaron a reírse a carcajada limpia. Hugo lejos de indignarse, miró de reojo a los muchachos y les sonrió.

—¿Qué pasa chicos? — les dijo Hugo todavía desde el suelo.

—¡Pringaooo!! — y los macarrillas siguieron riéndose todavía con más ganas.

En ese mismo instante una limusina se paró delante de los chicos, abrieron la puerta de la parte trasera y de su interior bajó un matón de amplias espaldas y una altura descomunal. Se dirigió hacia el grupo que todavía se estaba riendo de Hugo y agarró al que parecía el cabecilla para meterlo dentro del auto.

En cuanto lo vio Hugo no se lo pensó un momento, corrió para colocarse delante de la limusina negra y casi sin esfuerzo cogió el vehículo por el parachoques y lo alzó hasta que los ocupantes del interior no tuvieron más remedio que salir.

Hugo redujo al grupo de matones sin ningún esfuerzo, y los muchachos se quedaron boquiabiertos, les había salvado… ¡Superfrikiman!

Estás vacío ¿No?- Ana Yaretzy

Quema la soledad… ¿No te parece?

Quema el echo de que sientes a tu alrededor el bullicio de personas y sigues sintiéndote perdido. Como si de un pequeño algodón en el desierto se tratara.

Sientes que ese fuego se va esparciendo poco a poco por tu pecho, que se va envolviendo en tu cuerpo a medida que la soledad quema cada vez más.

¿Te has acostumbrado ya? Porque al parecer estar solo es lo que más te encanta.

¿Acaso el silencio se puede escuchar?

¿Acaso la tormenta puede venir sin lluvia?

Son tantas preguntas que ponen tu piel erizada. Te confunde el echo de que tienes las preguntas y no las respuestas. O simplemente tienes las respuestas y no falta hacer las preguntas.

Siempre irás más haya al comenzar a preguntarte sobre tu entorno, comenzarás con la soledad, luego con lo que la causa, sentirás las culpas, pero luego verás que la soledad a veces es el mejor método para comenzar.

Te sientes vacío, cuando hay una vida entera de brillantes emociones para rellenar aquel hueco.

No es una persona, no es un capricho.

Cada quien decide como llenar algo que alguna vez fue un hueco oscuro.

Busca a quién haga de tu soledad la mejor parte, y no porque te deje en ella, si no porque sea parte de ella.

Ana Yaretzy ®

TÚ Y YO

 

Bramido en las calles.

Ruge el volcán del corazón malherido.

Se desgarra el alma en la tormenta salvaje

que truena al sentir su vida relampaguear.

 

 

Tú miras.

 

Yo te miro a ti.

 

Tú asientes pausado al verme sufrir,

al ver mi suplicio,

al verme llorar clamándole al cielo.

Al verme rogar por paz…

por consuelo.

Yo asiento sentado

y clamo en silencio,

y duermo arropado…

sin sentir tu miedo.

¿Y Dios … calla?

¿Y tu alma?

 

Yo callo.

Yo bebo en las madrugadas.

Yo bailo en la noche,

y rio y me embebo de mi indiferencia.

Y si en un momento te miro,

y si en un momento te intuyo…

Te regalo un suspiro de lástima.

Te regalo mi apoyo sumiso a mi mundo.

Te regalo mi solidaridad…

pero sigo embebido en mi triste rutina.

Y sigo bebiendo sin mirar atrás.

 

Y tú callas.

Y yo grito.

Tú bebes en las madrugadas

y yo suplico por un vaso de agua.

Tú bailas en las noches plagadas de estrellas,

yo retuerzo mi cuerpo que se duele en silencio

ante un mundo plagado de indolentes miradas.

Y yo callo sí.

Y disfrazo mi impasibilidad de compasión,

mi displicencia de misericordia,

y sigo estresado en mi mundo,

y sigo viviendo sin pensar en ti.

Y sigo viviendo

y sigo… viviendo…

y tú allí.

 

Y yo aquí.

Y sigo viviendo y clamando,

Y sigo viviendo ahogado en tu rostro,

asfixiado porque sigo sufriendo

pero sigo viviendo aquí,

entre llantos y lágrimas,

entre muertes y almas que deambulan.

Que deambulan sin poder decidir,

sin poder acceder a otra vida

y condenados a vivir así

yo sigo… viviendo…

Sigo muriendo aquí.

 

 

El tsunami de la vida arrasa.

Inunda los suspiros con las torrenciales lágrimas

de miles de almas que claman sin esperanza,

ellas allí… ¿Y tú?