“Me Declaro en Filofobia” – Yaretzy Elizalde

El sol aún no tomaba posición en los horizontes, la oscuridad predominaba en el cielo. Las estrellas se ocultaban tras las grandes nubes grises que estaban a punto de soltar una lluvia feroz.

Recargué mi cuerpo en el ventanal, y solo veía las pequeñas gotas caer, y resbalarse sobre este, el árbol bailando de un lado a otro, como si el viento le dijera que era lo que tenía que hacer en esos minutos. El aire a mi alrededor se volvió denso, me costó articularlo.

La música de fondo.

La taza de café en mis manos.

Algunas hojas esparcidas sobre el suelo.

Ahí estaba yo, haciendo lo que prometí no hacer.

Evocarte.

Por un momento supuse que todo se encontraba estable. Qué tu estabas en la habitación redactando los poemas que me regalabas cada mañana, que el café estaba sobre la mesa enfriándose, y que yo me encontraba danzando sobre todas las habitaciones.

Que saldrías con el cabello desgarbado buscando mi presencia, y que podrías encontrarme incluso con los ojos cerrados. ¿Extraño no? Como podíamos sentir esa electricidad solo con tocarnos.

Siempre fue tan extraña la burbuja en la que nos encontrábamos. ¿Recuerdas?

No nos interesaba tomar el café frió. Realmente no nos interesaba que el mundo se viniera abajo, tu sola presencia no me hacía desear estabilidad en ningún otro lado.

Evoqué sin pensarlo la pequeña historia que dejó un alma enamorada, y un alma destrozada.

Él el alma enamorada, yo el alma destrozada.

Hasta que…

Todo comenzó a caer.

Fue como si el café frío comenzara a molestar, fue como si la música de fondo comenzara a quemar, y los poemas se transformaran en letras llenas de líquido amargo.

Los días y la vida se dedicaron a escribir una historia de amor inalcanzable para convertirla en una historia de amor indeseable.

Aquel día que decidimos tomar caminos diferentes, solo pudiste mirarme a los ojos, parecías arrepentido de aquello que habías echo. Yo… ni siquiera pude ver tus ojos, no quería hacerlo, mi fuerza era tan poca que la valentía se había escondido en algún rincón de mis entrañas.

Admiraste el lugar donde compartimos el cuerpo por ultima vez. Asentiste aceptando que había terminado y… te marchaste.

Transcurrieron minutos.

Seguía en la misma posición, no había movido ni un solo cabello.

La lluvia hizo de su presencia, y el despertador colocó esa música de fondo que siempre nos despertaba. El café seguramente ya estaba frío, sobre la mesa. Y los últimos poemas redactados se encontraban en el suelo, bajo las suelas de mis zapatos.

Fue en ese momento donde comprendí que lo grandioso puede ser convertido en polvo, y que el viento es tan salvaje como para llevarse solo las cenizas, pero no los recuerdos.

Que el sonido puede convertirse en silencio, y el amor en odio.

Yaretzy Elizalde ®

— Red – Not Alone

Filofobia : Miedo al amor, o enamorarse.

“Odio el echo de …” – Ana Yaretzy

¿Cuántas veces te lo he dicho?

«La destrucción viene conmigo»

Esperas que realmente cambie. No hay nada que cambiar. A veces decidimos desde un punto todo lo que haremos en algún futuro. Yo lo he decidido. No hay futuro.

Te he lastimado… ¿Qué clase de persona soy ahora?

Me he dedicado a destruir a la única alma que me ha levantado cuando mi peso va en mi contra.

Pedí que me dieras amor, y mientras yo solo recibía tu solo esperabas. Siempre esperaste.

Me odio por eso.

Odio el echo de no poder darte lo que mereces.

Odio el echo de no poder pasar la yema de mis dedos por tu delicada piel por culpa del abismo tan grande que nos separa.

Tú eres un conjunto de cosas que toda mi costumbre no me permite tener.

Unas veces brisa fresca, mientras que otras solo eras fuego. Explotabas consumiendo tu alrededor.

¿Hasta donde llegué? Picé tanto el acelerador que me estrellé con la pared en tu pecho que dividía el dolor del amor.

Haciendo que ambas se fundieran, y hoy, he creado un monstruo… Que está listo para estrellarse con las paredes de alguien más.

He entendido ahora, que todos somos ese auto que acelera para estrellarse en la pared de alguien. Causando estruendos, y demasiado dolor. Dejando tantos escombros a la vista. Dejando solo dolor ahí. Nadie es tan bueno como para frenar a tiempo.

En algún momento simplemente aceleras, y dejas que las cosas pasen.

Demasiadas veces te sorprenderá más lo que suceda, que lo que has echo.

Ana Yaretzy ®

Estás vacío ¿No?- Ana Yaretzy

Quema la soledad… ¿No te parece?

Quema el echo de que sientes a tu alrededor el bullicio de personas y sigues sintiéndote perdido. Como si de un pequeño algodón en el desierto se tratara.

Sientes que ese fuego se va esparciendo poco a poco por tu pecho, que se va envolviendo en tu cuerpo a medida que la soledad quema cada vez más.

¿Te has acostumbrado ya? Porque al parecer estar solo es lo que más te encanta.

¿Acaso el silencio se puede escuchar?

¿Acaso la tormenta puede venir sin lluvia?

Son tantas preguntas que ponen tu piel erizada. Te confunde el echo de que tienes las preguntas y no las respuestas. O simplemente tienes las respuestas y no falta hacer las preguntas.

Siempre irás más haya al comenzar a preguntarte sobre tu entorno, comenzarás con la soledad, luego con lo que la causa, sentirás las culpas, pero luego verás que la soledad a veces es el mejor método para comenzar.

Te sientes vacío, cuando hay una vida entera de brillantes emociones para rellenar aquel hueco.

No es una persona, no es un capricho.

Cada quien decide como llenar algo que alguna vez fue un hueco oscuro.

Busca a quién haga de tu soledad la mejor parte, y no porque te deje en ella, si no porque sea parte de ella.

Ana Yaretzy ®

SIEMPRE

SIEMPRE
Qué triste la agonía de un final, un ocaso doloroso en el que la pena entristece los instantes.
Cerrando ciclos, puertas en el tiempo y en el camino a la meta final.
Lección de amor en la que te encuentras enredada, aprendiendo de un presente en el que dejando atrás un pasado conviertes las acciones en el futuro que te espera.
Siempre, palabra de peso, siempre expresión oral fuerte en su sentido, siempre jamás la controversia del querer.
Sentimientos que mantengo vivos y que nunca morirán, ni contigo, ni con ella, ni con él.
Amor por los recuerdos que tendré siempre, por tus enseñanzas, por momentos en familia, que son ausentes, y que en vuestra ausencia revivo.
Lágrimas que necesito, no dudéis en aflorar a mis ojos, que la pena se agote y renazca mi vida, pensando en vuestra ausencia.
Adelina GN