“Odio el echo de …” – Ana Yaretzy

¿Cuántas veces te lo he dicho?

«La destrucción viene conmigo»

Esperas que realmente cambie. No hay nada que cambiar. A veces decidimos desde un punto todo lo que haremos en algún futuro. Yo lo he decidido. No hay futuro.

Te he lastimado… ¿Qué clase de persona soy ahora?

Me he dedicado a destruir a la única alma que me ha levantado cuando mi peso va en mi contra.

Pedí que me dieras amor, y mientras yo solo recibía tu solo esperabas. Siempre esperaste.

Me odio por eso.

Odio el echo de no poder darte lo que mereces.

Odio el echo de no poder pasar la yema de mis dedos por tu delicada piel por culpa del abismo tan grande que nos separa.

Tú eres un conjunto de cosas que toda mi costumbre no me permite tener.

Unas veces brisa fresca, mientras que otras solo eras fuego. Explotabas consumiendo tu alrededor.

¿Hasta donde llegué? Picé tanto el acelerador que me estrellé con la pared en tu pecho que dividía el dolor del amor.

Haciendo que ambas se fundieran, y hoy, he creado un monstruo… Que está listo para estrellarse con las paredes de alguien más.

He entendido ahora, que todos somos ese auto que acelera para estrellarse en la pared de alguien. Causando estruendos, y demasiado dolor. Dejando tantos escombros a la vista. Dejando solo dolor ahí. Nadie es tan bueno como para frenar a tiempo.

En algún momento simplemente aceleras, y dejas que las cosas pasen.

Demasiadas veces te sorprenderá más lo que suceda, que lo que has echo.

Ana Yaretzy ®

Estás vacío ¿No?- Ana Yaretzy

Quema la soledad… ¿No te parece?

Quema el echo de que sientes a tu alrededor el bullicio de personas y sigues sintiéndote perdido. Como si de un pequeño algodón en el desierto se tratara.

Sientes que ese fuego se va esparciendo poco a poco por tu pecho, que se va envolviendo en tu cuerpo a medida que la soledad quema cada vez más.

¿Te has acostumbrado ya? Porque al parecer estar solo es lo que más te encanta.

¿Acaso el silencio se puede escuchar?

¿Acaso la tormenta puede venir sin lluvia?

Son tantas preguntas que ponen tu piel erizada. Te confunde el echo de que tienes las preguntas y no las respuestas. O simplemente tienes las respuestas y no falta hacer las preguntas.

Siempre irás más haya al comenzar a preguntarte sobre tu entorno, comenzarás con la soledad, luego con lo que la causa, sentirás las culpas, pero luego verás que la soledad a veces es el mejor método para comenzar.

Te sientes vacío, cuando hay una vida entera de brillantes emociones para rellenar aquel hueco.

No es una persona, no es un capricho.

Cada quien decide como llenar algo que alguna vez fue un hueco oscuro.

Busca a quién haga de tu soledad la mejor parte, y no porque te deje en ella, si no porque sea parte de ella.

Ana Yaretzy ®

SIEMPRE

SIEMPRE
Qué triste la agonía de un final, un ocaso doloroso en el que la pena entristece los instantes.
Cerrando ciclos, puertas en el tiempo y en el camino a la meta final.
Lección de amor en la que te encuentras enredada, aprendiendo de un presente en el que dejando atrás un pasado conviertes las acciones en el futuro que te espera.
Siempre, palabra de peso, siempre expresión oral fuerte en su sentido, siempre jamás la controversia del querer.
Sentimientos que mantengo vivos y que nunca morirán, ni contigo, ni con ella, ni con él.
Amor por los recuerdos que tendré siempre, por tus enseñanzas, por momentos en familia, que son ausentes, y que en vuestra ausencia revivo.
Lágrimas que necesito, no dudéis en aflorar a mis ojos, que la pena se agote y renazca mi vida, pensando en vuestra ausencia.
Adelina GN

“Un par de ojos” – Ana Yaretzy

Podría a ver dejado que mis penas se las llevara el agua. Qué se las llevara tan lejos que en horas no las recordaría, pero era amante de guardarme el dolor.

Mientras tanto solo pude caer de rodillas en la esquina de la habitación. La luz se encontraba apagada.

Llorando, me encontraba.

Transpirando, como si en el desierto me encontrara.

Cuánto había pasado mi alma y cuerpo por unos simples ojos. Qué además de mirarme con esa chispa atrapante, simplemente no daban más. Mientras yo me encontraba dando incluso la vida si la situación me lo pedía.

El alma se me marchitaba y no podía dar vuelta atrás.

Pero… yo misma; me amaba, me quería, me valoraba. ¿Porqué esperé a que esto sucediera?

De pie en la esquina de la habitación, recargando mi frente en la fría pared azul, apreté los puños y por fin lo acepte;

Merecía más, merecía alguien que además de mirarme, me amara, y que además de amarme, me aceptara. Eso y más.

Suficiente y valiente. ¿Qué más podría pedir? Sí la vida la tenía, solo tenía que saber vivirla, y no consumirla por un par de ojos. Qué, para ese momento, ya estaba consumiendo otra alma, ya estaban bañando de penas otro pobre cuerpo.

Ana Yaretzy ®

“Agua Salada” – Ana Yaretzy

Te comparaba mucho con el mar.
Cada vez que asistía era imposible no recordarte.

Te encontraba en cada ola fresca, como esas veces que mi piel tenía demasiado calor, que incluso ardía mi alma. Me adentraba a las olas lentamente refrescando todo a su paso. Así eras tú. Así te miré siempre; algo sumamente refrescante.

También te recordaba como aquel juego donde me acercaba al mar… pero cuando las olas venían, yo corría, me alejaba de ellas intentando que no me tocaran la planta de los pies. Intentando que no me refrescaran.

Pero amaba el mar, me gustaba ver ese atardecer que bien podría a ver comparado muchas veces con tu mirada.

Amaba el hecho de que a tu lado la pequeña ave en mi pecho volaba, y no se quedaba encerrada en su jaula.

Añoraba el hecho de que la marea subía por las noches, así como las promesas entre tú y yo lo hacían.

Y ahora… ¿Dónde estás? Qué no te encuentro.

¿Qué acaso el mar te ha llevado lejos de mí?

¿Qué acaso el mar como lo más salvaje se llevó a lo más venusto de mi vida?

Ahora no podía tocar siquiera el agua de la orilla, ahora siquiera no podía ver las aguas saladas. Me dolía tanto sentirlas y que tú ya no estuvieras.

Y aquí estoy, con la venda en los ojos, pero oliendo la brisa fresca del agua salada solo para recordarte, aunque duela.

Ana Yaretzy ®

DUELO

De noche te pienso
De día te siento
En mi corazón se guarda aquella mirada, aquella mañana en suelo firme, y débiles palabras
El amanecer que anunciaba una muerte lúcida, me despierta con la risa de una embustera mejoría
Meció la noche tu mirada que sutil nos deja
Tu ida ya era certera sin miedo seguiste a nuestra estrella
Me acaricia ahora el viento con tu nombre después de tu ida
Abrazo a la naturaleza que te extraña, ofreciéndote una amalgama de sentimientos
Alucina la tarde con mi llanto, no tiene mi duelo consuelo
El tiempo sana heridas, aunque las mías sangran igual que el primer día.

©Adelina GN

UN GRAN AMOR

La conocí en la verbena de mi pueblo… 

Era la mujer más bella que había conocido. Nos presentó su prima. Aquellos serían los días más felices de mi vida…
Pero os cuento, ya que estaréis esperando descubrir cuál es ese gran amor…
Hermosa como un amanecer en la playa, me robó el corazón nada más verla.
Educada y sencilla, vestía de blanco aquella noche, portando solo un adorno en su pelo, unas violetas…
Baile con ella durante toda la noche, nuestros movimientos resultaban ya obscenos, por lo que decidimos abandonar la escena donde estaba naciendo un gran amor…
Aquella noche la pasamos juntos, a la mañana siguiente cuando amanecía, desperté y estuve contemplando lo guapa e inmaculada que era, a pesar de todo lo que allí había pasado…
Tomé las flores que sutilmente retiré de su pelo para no estropearlas, cuando dejé su cabeza en la almohada y salí al patio a plantarlas…
Imaginé una bella alfombra de aquellas violetas, si florecían, pero la naturaleza es muy caprichosa y tenía aquella duda…

Un año después…
La incógnita sobre si brotarían las flores, se había disipado, un manto copioso color violeta adornaba aquel rincón de mi casa, bello y hermoso como ella…
Pero era lo único que quedaba de la mujer que usurpó mi corazón y ancló su recuerdo en mi retina al mirar aquellas flores…
Después de haberla amado día y noche no tuvo compasión de mí y marchó al finalizar las fiestas…
Ahora solo llenaba mi vida aquel jardín violeta, en el que una silla blanca como el vestido que la envolvió la noche que la amé, vestía ahora el lugar y en la que reposaba un ramillete de bellas violetas que hacían honor a su nombre.
©Adelina GN

 

ETERNAMENTE HERMANOS

Y aunque el día acabe y la luna eterna alumbre mis noches…
Sabrás que te extraño, pues mi amor te brinda cada año la ternura de un hermano.
Conformidad voluptuosa que arrimada a los recuerdos en vida me acompaña.
Ego que anula los sentimientos, haber muerto antes y antes hubiese compartido con él la vida o quizás, hubiese vivido antes.
Nuestro día es, un día qué, el calor fraternal nos envuelve, pero no estás, miro y me pierdo en el infinito. Allí donde tú estás, desde donde las señales me envías. Alienta siempre mis días, haz que en la noche no me pierda.
Acompaña mis temores, abraza mis miedos y que de mis errores aprenda.
Cielo que las dudas despejas acoge mis plegarias, que todos se quieran, que las desconfianzas se pierdan.
Amanecerá mañana, sin estar te querré, sin hablarme te oiré, sentiré tu presencia e intentaré no olvidar nuestra esencia.
Separados por la burda guadaña, por el amor seguimos unidos, sin olvidar nuestro lazo de sangre, te diré hoy y siempre hermano.
Adelina GN

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