“Carta con Color a Desastre”. – Yaretzy Elizalde


Me dispuse a quemar la ropa vieja, aquella que tantas veces retiraste de mi cuerpo, esas prendas que cubrían las pocas penas que me mantenían de pie.
Le quise poner un poco de color a las paredes de la habitación, todas se encontraban sucias. Era el momento de un cambio, y lo sabía.


Tu presencia seguía tan presente como si un perfume se hubiese derramado por todo el suelo y la alfombra se hubiese empapado de él, desprendiendo su aroma y escabulléndose dentro de mi perfumando cada jodida célula.


Estuviste tanto tiempo inmerso en mi existencia, que al marcharte me he quedado sin el poder de poder existir, ¿Cómo se es posible vivir sin el alma? Este agujero en el pecho fue hecho para quemar tus recuerdos.


Podría haber dicho que recoger mis lágrimas derramadas en el charco me traería consuelo, pero no hay nada que consuele la pérdida de tu otra mitad.


Quedar vacío me parecía una estupidez, hasta que te perdiste en mis sueños y no logré recuperarte.


Fue la estupidez mas dolorosa que aún sigo recordando con una sonrisa.

—Yaretzy Elizalde.

“Lettre #4” — Yaretzy Elizalde


No olvides, sigo aquí. Presente y firme.

Tan solo recuerda que después de estar seguiré estando,

porque soy de esas almas que, a pesar de quitar el pie del camino, dejan huella.

Podrás llorar a mi recuerdo, pero sabrás que en cada estrella caída se encontrará un abrazo, en cada amanecer una sonrisa. Por el atardecer una lágrima, y durante la noche los recuerdos.

Tan solo recuérdeme como aquello que hacía de tu día malo uno bueno.

Recuérdeme con la mirada en alto y los brazos abiertos.

Si no puedes ver mis ojos tan solo imagina.

Si no puedes tocar mi mano intenta sentirla.

Recuerda la sensación.

Sabrás que mis huellas han dejado en ti mas cambios de los que has pensado.

Con seguridad sé, que me guardarás en uno de esos cajones especiales que habitan en tu alma.

No me moveré de esta realidad con un caos en la consciencia, ya que sé, estaré en uno de los corazones mas bellos del universo.

La tinta derramada ha manchado mi camisa, pero tus lagrimas se han encargado de limpiarla.

Aún llorando por desastres haces de mi una octava maravilla. Siempre lo recordaré.

No se olvida a quien trastoca tu mundo, a quién lo modifica sin obtener beneficios.

Eso te hace especial… ¿Lo sabías? 

Espero siempre lo recuerdes, que aún sin mi, brillarás mas que el centenar de luciérnagas navegantes del bosque. 

–Ana Saavedra, SavellDrame. ®

“Armadura” – Yaretzy Elizalde

No sé porque la habitación hoy se encontró oscura, ni siquiera los rayos del sol se dignaron a pasar dentro, era como si al tocar los cristales de la ventana salieran disparados en sentidos contrarios.

¿Por qué me han dejado en penumbras?

¿Acaso no ven que soy yo quien no puede ver?

¿Acaso no ven que me he lastimado intentado buscar el interruptor para encender la luz?

Puedo tocar todo aquí, pero es como si tuviera una venda atada a los ojos con magnifica fuerza misteriosa.

Me quedo sin aire aún cuando mis pulmones son más grandes que el Everest.

He intentado ordenar las teclas del ordenador, me he levantado esta mañana y ninguna estaba en su lugar.

No sé en que punto terminaré de recitar esta carta a la soledad.

He sospechado que detrás del dolor se encuentran grandes triunfos. Nadie me lo ha asegurado, pero después de tanto caer al mar sin un salvavidas, he aprendido a nadar.

Tomamos todo aquello que nos sea posible obtener de la vida; el aire, los recuerdos, las sonrisas, el amor.

Intentamos descifrar que es lo que sucede una vez que le has dado la vuelta al mundo sin haber dado un paso. Buscamos las señales de humo debajo del agua, y queremos respirar en un lugar donde ni siquiera abunda el oxígeno.

¿Qué aún no entendemos los humanos que si buscamos agua un lago sería lo perfecto?
Pero somos humanos… Buscando agua terminaríamos recolectando lágrimas.

Estamos hechos de cristales diminutos que se encuentran encajados unos a otros, pero, ¿quién dice que una armadura de hierro no salva temporalmente?

Expón el alma, y esta te será querida.

Yaretzy Elizalde ®

“Una Carta Rendida” – Yaretzy Elizalde

No sé cuántas veces recitaré una carta de despedida sin siquiera a verme marchado aún. He tenido esa sensación de que es hora… hora de irme lejos, pondría de ejemplo huir al otro lado del mundo si eso fuera posible.

A veces frío, y otras veces derritiendo el mismo hielo que has dejado. Intento encontrar una buena respuesta en mi cabeza del porque seguimos escalando esta montaña que ni siquiera nos ha llevado cuesta arriba, solamente nos hace ir hacia atrás sin siquiera tener un pasado. Constantemente el aire fresco ayuda a flotar las decisiones, pero ¿Cómo decidir si no hay una razón para hacerlo?

Me has condenado a infinitos rompimientos, y e aquí me sigo construyendo para ti.

Nos convertimos en ese castillo de arena que el mar se encargó de arramblar.

Me cuestiono el echo de que cerrar una puerta para abrir otra es lo correcto, pero tantas veces me confundo con cual es la puerta que cerrará todo aquello que me lleve a ti.

He corrido por la orilla de la playa sin perderle la pista a la orilla para poder llegar lejos, siempre estás en cada ola que chispea mis pies, mirándome de esa manera suplicante para que me adentre a las aguas cristalinas, y lo he hecho tantas veces, pero el agua no ayuda… cada vez es más agresivo el hecho de querer llegar un lugar que no es el destino.

Entonces el caos se muestra; son tantas puertas abiertas, y cada una posee una luz cegadora. ¿Quién diría que tanta luz llevaría consigo tanta ofuscación?

He dejado sobre la mesa mis últimas palabras hacia ti, pero es tanta revelación que las dejaré sobre aquella vela que encendiste para ambos intentado acompañar la soledad que nos brindábamos aun estando juntos. Espero veas estas letras, antes de que el papel se queme.

Yaretzy Elizalde ®

“En la Arena” – Ana Yaretzy

Nos encontrábamos en el juego. Tú estabas de tu lado, yo del mío. Consistía en quien se mantenía con vida más tiempo.
No podía lastimarte, no podía siquiera lanzar una lanza contra tí porque no me imagino una vida donde tú presencia no estuviera. Pero tenía que hacerlo. Tenía que quererme yo primero antes que a ti, esas eran las reglas. Ambos habíamos estado de acuerdo al comenzar el juego.

Corría de un lado a otro intentando esquivar las lanzas que mandabas contra mí.

Intenté entenderte, intenté entender que era por el juego, que solamente estabas siguiendo las reglas. Hasta que comprendí por fin, que realmente si querías terminar conmigo. Bastaba ver el fuego en tus ojos. Lo que querías era que una lanza atravesara mi pecho dándole fin a aquello que existía entre ambos. ¿No es así?

A lo lejos del campo de batalla veía un jardín de esas bellas flores que una noche pusiste sobre mis manos, eran tan peculiares. Tú solo dijiste que eran como yo; diferentes y únicas. Más haya pude ver el río donde ambos entregamos más que simples caricias al cuerpo.

No pude moverme más que solo ver todo aquel cuadro espectacular que el momento me estaba dando. ¿Que jamás había visto todo aquel conjunto de razones que me hicieron perder la razón por tí? Eran simplemente bellas…

Hasta que la lanza atravesó mi pecho.

El público de tu lado aludió tu victoria.

El público de mi lado lamentó mi derrota.

Estuve demasiado ocupada con los recuerdos, que ni siquiera me enfoqué en el presente. Estaba tan centrada en intentar recordar las sensaciones que me permitiste conocer, que no me preocupó nada más y nada menos que lo que mi alma estaba sintiendo.

Caí de rodillas en la arena. Pensé que correrías hacía mí, lamentándote por acabar con mi poca existencia.

Pero no, no sucedió.

Justo en ese momento la última tinta de mi vida me permitió escribir que… El pasado es inherente, pero el futuro es lo más accidental a lo que te vas a enfrentar.

Ana Yaretzy ®

Agujero negro

El tiempo que se detiene y levita palabras nunca dichas, pero que te saben a existencia. El camino está trazado, entre la conciencia y su origen, entre la vida y cada instante que hemos reído. Todo está ahí: mi madre y la abuela, el cielo y sus hijas estrella, los dedos de las manos y los pasos de los niños; el fuego de los besos y de la muerte de mis hermanos, el de los ancestros y el que a diario me desgasta. Nada se queda, es una imagen impalpable de lo fortuito, lo preciso y lo inmanente.