Sauce | Bryan Freire

Desiertos fugaces, memorias distantes, sauces tibetanos desterrados al olvido. Robles de acero, chopos de cristal. La sombra del Etna invade el pasado. Un suspiro en altamar, un torrente infernal que golpea en tus tímpanos. Los dioses se saben inmortales en la orilla del infinito mientras el insomne se mofa a sus espaldas en la mitad […]

Insomne | Bryan Freire

Alba,

campanadas implorando al amanecer.

Locos y taciturnos hacen del último resquicio de la noche su morada,

inventan lenguajes desconocidos por la lingüística,

mientras poetas fracasados se esconden en los faros de las avenidas.

Un día, una noche, una madrugada, reniego de todas.

Los fantasmas ya no vienen al anochecer,

pululan indiscretos en el horizonte y coquetean con el alba.

Aterrados por la oscuridad, montan vigilias, seducen al insomne,

se aferran al ocaso y escapan de la noche para siempre.

Preámbulo | Bryan Freire

Hojitas de paja, pajitas de páramo

con un pestilente aroma a soberbia.

Siluetas pardas, sombras  que  se cuecen al alba.

Repites una y otra  vez: yo soy el corazón  de la noche.

Aves de presa persiguiendo un recuerdo,

una hormiga que siente al cosmos expandirse entre sus patas,

entre tanto ascendemos al inframundo.

La conciencia pesando en los párpados de la existencia.

El último hombre contemplando la supernova,

mientras se mofa y gustoso  pone fin a su existencia.

Tazas de té a medio consumir,

profetas posmodernos que claman por Morrison.

Escribimos poesía  en el país de la arrogancia,

mientras afuera un poetita llora desconsoladamente

porque acaba de descubrir su mortalidad.

Los fantasmas mueren en los faros de la noche

y las tazas de té continúan sin consumirse:

así imaginé un día cualquiera.

 

 

 

Amar-te

Y no podría.

No podría expresarte todo lo que yo ahora siento,

porque no existen palabras

que se guarden en el cielo.

Las escribo en las nubes,

se las susurro al viento,

y la lluvia las derrama

y me inundan, y me empapan,

y se pierden en la arena que sin piedad se las traga.

Y no podría, no.

No podría recitarte al oído un te quiero,

un te amo vida mía,

un por tu amor yo me muero,

porque no existen palabras para un amor sincero.

No existe un te lo digo,

existe un ser, un lo siento,

una mano que acaricia,

unos labios que te empapan de la dulzura del beso.

Existe la piel que siente

y el candor de lo sincero,

y  por eso vida mía,

y por eso yo te quiero no solo por las palabras

que esas se las lleva el viento,

sino por esos detalles de tu atención y tu celo,

de tu paciencia que incita a amarte con mil denuedos.

Porque te quiero en mi vida,

porque te quiero sin techos y sin puertas, sin medidas,

solamente… yo te quiero.

19 Destellos

                                                                                           

¿COmo llegaste en un momento?

No sé cómo, y la verdad que al final es lo de menos

porque he aprendido tanto, de todos modos,

que aún agradezco tu espectro ¡Covid dichoso!

VIDeos inundan nuestros cerebros,

informes y audios que ya ni entiendo .     

Y día a día vamos comprendiendo

un día un poquito,

otro un intento,

y al siguiente día vemos que sí… que ahora entendemos

que has conseguido darnos en este largo confinamiento

DIECINUEVE regalos.

 

19 destellos.

 

UN regalo es verte todos los días.

Dos esa mirada tuya que me ilumina.

Tres las maravillas que he descubierto al mirar la luna,

al mirar las estrellas desde mi ventana en la penumbra.

Cuatro las mañanas y atardeceres

que guardaré en mi vida por si no vuelven.

Cinco el cariño de todos los que he encontrado

aquí en mi encierro, y sin siquiera poder nombrarlos.

Esos que ahora saludo del otro lado con el ansia perdida,

con alma encogida de verlos lejos

pero sintiendo todo el cariño que nos han dado.

Seis el saberme vivo.

Sentir el aire que hora respiro.

Sentir que puedo besarte, niño.

Sentir que puedo besarte abuelo.

Sentir que ante todas las cosas puedo… besarte luego.

Siete aprendí a aprender.

Aprendí que el niño puede enseñarme,

y el policía, y el barrendero,

el auxiliar, los militares y los doctores…

y he conseguido aprender de todos

porque en mi encierro he descubierto que todos,

todos… somos maestros.

Ocho las madrugadas que traen nostalgias.

He disfrutados de los momentos vividos tan añorados.

He trasnochado viendo tu cara tras una foto, en los retratos.

Y he disfrutado al verte vivo otra vez en mis recuerdos, al recordarte

y darte ese abrazo tierno… tierno y sincero.

Nueve las dulces tardes.

Qué maravilla romper los huevos y echar harina,

ponerle azúcar y poner la guinda a ese bizcocho que hizo mi niña.

Saborear lo delicioso que es compartir todo mi amor en la cocina,

porque el amor tiene sabor y ese sabor, lo da tu vida.

Diez la valentía y el coraje.

He descubierto que el ser humano estamos hecho de hierro forjado a fuego.

Que tras la capa de indiferencia que trae el estrés,

que trae el barullo de la rutina,

se halla la valentía del combatiente.

Porque somos audaz coraje si hace falta.

Porque somos feroz guerrero en la batalla.

Once la solidaridad que nos visita,

cuando vemos que sufren y dan su vida

héroes anónimos, que sin tener por qué,

dejan su sangre día tras día por darnos seguridad

y darnos aliento tras toda la adversidad.

Doce tengo el regalo de la música del cielo.

De los grillos que en la noche me cantan y dan consuelo.

Puedo escuchar a la brisa rozar la hierba al pasar,

y escuchar como la lluvia me sonríe cuando la escucho llegar.

Trece el arte de dibujar,

y de pintar y observar de lo abstracto a lo real.

Catorce hemos vuelto a disfrutar de la risa en los juegos,

de reírnos de perder, y reírnos de los miedos.

Hemos vuelto a ser niños,

porque al final, como dijo no sé quién, no hay que olvidar

que de ellos es el reino de los cielos.

Quince he vuelto a ser yo mismo.

Me he reencontrado otra vez

y me he sentido aquí mismo,

y hasta me he vuelto a querer.

Dieciséis me has regalado las lágrimas que olvidé.

He vuelto a llorar contigo

y he conseguido entender que llorar me hace más fuerte,

porque te puedo entender.

Dicisiete he entendido lo que importa de verdad.

Y lo que importa es la vida

y poderla disfrutar con la gente de tu vida

y contigo que me lees, si coincidimos un día,

en nuestro peregrinar.

Diciocho el regalo que nos da la realidad

de que seguimos unidos.

Diecinueve la esperanza.

Porque es la guía leal que te lleva a la victoria.

Esperanza compañera.

Esperanza victoriosa.

 

Y don Covid ha venido y se queda con nosotros,

pero nos deja el Cariño de todos los que vivimos.

El Orgullo de saber que seguiremos unidos,

que hay Valientes que han luchado, y valientes que han vivido,

y el Icono de esta lucha son nuestros héroes Dignos,

que nos dejan un recuerdo,

y diecinueve regalos que son tuyos… y son míos.

 

 

 

Chsssss silencio

Chssssssss…silencio

que se duerme mi niño.

Silencio que dormidito está.

Si se despierta

le cantaremos todos

y lo acunaremos

para que duerma más.

Chsssssss…silencio,

que sueña con la luna,

y sueña que despierto está,

jugando con las estrellitas,

soñando que puede volar.

Si se despierta

le cantaré una nana.

Si se despierta

lo acunaremos más.

Entre tus suaves manitas

sé que está seguro.

Sé que dormirá.