CORONAVIRUS IX

Justo a la medianoche…
La conciencia colectiva que rezaba al Poder Larval de la Resistencia, establecía un vínculo espiritual que unía las mentes de todos los mantis en una y prevenía catástrofes a lo largo y ancho del bosque de Atuk.
Un corro gigantesco de mantis, cogido de las manos, establecía el primer vínculo: La Unimente.
Una larva rosa fosforescente inmensa comenzaba a emitir melodías suaves y rítmicas. Los ojos de los niños-mantis brillaban a la luz de media Luna cornuda.
Ojazos, sentado en posición de yoga, y con las manos asidas a sus hermanos, se sentía tranquilo, pero pronto un secreto iba a serle revelado:
“Detrás de los reptilianos, no se encontraba el Papa Azul solamente, sino (y esto era lo más peligroso) el mismísimo club de los bichos poderosos”
“…Para los servicios de inteligencia, los gobiernos, la OMS, la ONU, Gates, Soros, el maldito club de los bichos asquerosos, cuantos más seres humanos, más piojos. No les importamos más que nuestros votos. No nos quieren más que con bozal y cubreojos… ” – leían todos en la comuna.
“Control y seguridad” ya utiliza la tecnología 5G (pentagestapo), excepto en el caso de los niños-mantis, cuya religión, por revelación místico-psíquica de las “larvas rosas”, cuestión de salud, les prohibía usar tecnología móvil más allá de la descubierta hasta entonces, es decir, 4G. (Por ello los mantis eran tan complicados de dominar)
Los niños-mantis eran conscientes de la existencia del Cabal. Del alcance de su poder, de sus miembros y de su Maldad. Todo ello les habría sido revelado mediante Unimente.

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS VIII

Se hacía de noche en el poblado-granja-santuario de los Atuk, y Ojazos miraba las estrellas del firmamento en compañía de otra mantis, Laia, que le había visto nacer en la ceremonia sagrada del Vínculo.
Laia era la tía de Ojazos, que al morir su madre cuando él contaba con 9 años, se hizo cargo de su educación, tanto moral como escolástica, implicándose en una auténtica relación maternal, y no mentiríamos si dijésemos que, desde bien niño, Laia ya había advertido algo especial en el chaval, algo mágico, cuando uno destaca en todo es difícil de ocultar. Pero ella nunca había oído nada de pan-raciales en su vida, lo más que había escuchado de los eruditos mantis era que, a veces, nacían niños supra-intuitivos. Nada más.

– ¿Qué le has pedido a esa estrella fugaz? -le preguntó su madre adoptiva a Ojazos con ternura.

– ¡Que pueda recombinarme bien con una niña-pez! -gritó entusiasmado éste- Dicen que el primer anfibio traerá la Paz a CoronaTierra…

– Eso es muy digno de alabar, pero por ahora piensa en el presente. El Papa Azul ya está preparando una nueva legión de niños-reptilianos peligrosísimos para acabar con las larvas rosas y que retorne la hambruna al mundo.

Hay que evitarlo por todos los medios. Dentro de una hora hay Alta Reunión de Unimente. ¡Hasta luego, mi niño!

– ¡Hasta luego, mami!

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS VII

CORONAVIRUS VII

Anoche llovió largas lágrimas la Tierra.
Hoy ha amanecido con bandadas de crisálidas rosas, fucsias y escarlatas. ¿ Será la represalia de las larvas contra el ataque abierto y declarado del Papa Azul hacia éstas? ¿ Acaso no será la siguiente fase en su mutación? ¿Se habrán rendido finalmente ante el poder del “club de los bichos poderosos”? ¿ Quién sabe?
Sólo sabemos que acaba de amanecer un nuevo y distinto día en CoronaTierra. Un día en el que la manifestación violenta de los niños-coleóptero vuelve a ser noticia en las redes.
El puzle de la recombinación genética campa a sus anchas por el tejido social del planeta. Una mariposa imposible abre sus alas ante tamañas anomalías, y la fuente de la que beben los niños-mosquito ha vuelto ha ser envenenada con falacias más duras que un puño cerrado.
Todo cabe en CoronaTierra desde que los niños-porcino hicieran su aparición. Nada ha vuelto a ser lo que era.
El mundo es un fractal deseoso de cambiar a cada instante, si es posible a peor. Ya no es que la realidad sea más poliédrica que nunca, es que los ojos reticulares de los niños-bicho también observan miles de situaciones superpuestas en el devenir de esta Era.
Es como una pesadilla sin nombre. Un mundo sin ley. Un horror sin rostro verdaderamente definido.
Por desgracia, es mi planeta natal.

Eduardo Ramírez Moyano

EL APERITIVO

Todos calzaban zapatos rojo sangre, que relucían en la noche violada y profanada de Haití, mostrando claramente media luna cornuda, satánica y brillante, conocedora cómplice de los innominables actos que allí solían perpetrar los bichos poderosos cuando se reunían.
El maestro de ceremonias era Puertas y Ventanas, no faltaba nadie, el club de los bichos asquerosos, y el Cabal entero.
Todos y todas estaban expectantes ante “Puertas y Ventanas”, bajo la luz azulada del gigantesco, súper tecnológico y placentero salón. Mientras un suave hilo musical con “El Nuevo Mundo” de Dvorak, se filtraba a través de los tímpanos de los asistentes, las paredes comenzaron a abrirse en abanico, dejando ver cientos de incubadoras, perfectamente ordenadas, en cuyo interior habitaban bebés vivos. Aquí tenéis mi regalo, como os prometí -dijo Puertas y Ventanas- y continúo matemáticamente, a la derecha, embriones de 6 meses, sangre muy pura, cuerpos muy sanos, a la izquierda, neonatos, recién nacidos, (de 0 a 2 meses), (de 2 a 6 meses) y (de 6 meses al año), justo detrás de mí, tenéis niños y niñas de todas las edades crionizados, y detrás de vosotros, lo que me tiene tan ilusionado, los neo-hombres, los hombres y mujeres del futuro.
Hubo suspiros, ohs, y finalmente aplausos. El escabroso colectivo se disgregó hacia las incubadoras y máquinas de crionización. Hablaban entre ellos, se sorprendían, señalaban, se reían, como si estuviesen viendo una película, no les importaba nada en absoluto aquellas vidas. Eran de su propiedad y podían hacer lo que quisieran con las mismas.

– ¡Por favor! ¡Escuchen! -dijo el anfitrión:
Los meta-humanos aún están en fase de experimentación. Todo lo demás es como siempre. Según preferencias y enfermedades que tenga cada cual, deberá consumir la carne de bebé, niño o niña de la edad que mejor le convenga, para aprovechar al máximo los efectos del adrenocromo, les acompaña esta vez un robot experto, trato individualizado, en la elección del tipo y cantidad, que ya conoce sus antecedentes médicos; como bien saben, al lado de cada incubadora hay una sonda preparada para extraer sangre del bebé o niño y verterla a la copa-cubeta que mis androides les están proporcionando.


Y, al decir esto, se acercó a una incubadora, donde reposaba una niña de 6 meses de edad, junto a la cual se encontraban hablando entusiasmadamente Amabo, Notnilc y Yrallih, y se unió como uno más a la charla, levantando la copa y diciendo a grito pelado:


– ¡Por Satán!
Todo el pabellón se fundió en un atronador y espeluznante alarido, mientras los miembros alzaban las copas:
– ¡Por Satán! ¡Por Satán!
Mientras, el adrenocromo de niños corría por las gargantas de los asistentes, se sellaban pactos internacionales de trata de mujeres y menores, de tráfico de droga y de órganos, se decidía el rumbo de la Humanidad bajo los efectos de la glándula pineal del cerebro bien activada, para olvidar que jugaban con seres humanos, para colocarse tanto que no pudiesen reconocer las terribles atrocidades que estaban cometiendo…

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS VI

Amanece rojo sangre tras la órbita de una Luna descendente. En el poblado Atuk, donde viven la mayoría de los niños-mantis, justo detrás de los añosos sauces tronchados, tiene lugar una ceremonia muy particular ( la operación a través de Realidad Virtual para que Ojazos desarrolle branquias).
El chamán-cirujano (el díptero Don Luís) trabaja en secreto desde un laboratorio de alta tecnología ubicado en la zona norte de la metrópolis. Estado de Carolina del Norte, donde se dieron los primeros casos del coronavirus, de creación humana, antes que en Wuhan (China), como dice la caja tonta.

– Bisturí -reza una voz chirriante.

– Más anestesia… ¿Constantes vitales?

– ¡Sí, doctor! -emite una androide S-15

– ¡Proceda! -continúa el cirujano.


Entonces, dos brazos mecanizados siguen con la operación, bailando al compás de música de fondo de Chopin.
Por ahora todo va bien, pero no terminarán antes de las 9 de la mañana, cuando la red se satura.
La guerra abierta entre los niños-rata y los niños-mosquito está provocando un verdadero colapso en las redes. Los piratas informáticos de los niños-coleópteros extraen su mejor información de los poderosos en estos días.
La propagación del virus del miedo galopa a sus anchas por CoronaTierra, mientras el Papa Azul cavila cómo deshacerse de las malditas larvas rosa.

– ¡Adelante, Ojazos, tú puedes! ¡Un último retoque! y ¡ Oh, la, la! ¡El océano es tuyo, amigo! -grita entusiasmado el equipo a ambos lados de la red.

Se despiden todos de la operación clandestina, dejando a Ojazos en reposo, y fuera, el Sol matinal se torna de un naranja potente que embriaga todos los sentidos.

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS V

Las consultas de los metaterapeutas estaban abarrotadas: ” Quiero sacar el pez que llevo dentro”.

-Paciencia – le contestaba un abstractor de clase omega.
Mientras, fuera del caro complejo “Optimiza tu Genética”, el holograma de un enorme cartel publicitario mostraba la imagen del Papa Azul pidiendo desafección a las “larvas fucsia”, que ya representaban la primera religión a nivel mundial. Era normal. Habían acabado con el hambre en la Tierra. ¡Ese era un buen Dios!
Caía el Sol aplastante de las 4 de la tarde y cada raza ejercía su rol, habían desaparecido tantas profesiones, pero habían nacido tantas otras, el mundo era un circo de bichos en un planeta que continuamente se estaba rebelando en forma de pandemias abrumadoras.

-Ojazos, me temo que no podré abstraerte tus branquias – prosiguió el genetista (que era un mosquito tigre, amigo de la familia)

-¿Y eso por qué Don Luis? – preguntó.

-Es difícil de explicar, pero iré al grano, no eres un niño-mantis puro…

-¿Es decir, tengo algún cruce más? – añadió inquisitivo Ojazos.

-No sólo eso, ¡eres pan-racial!, ¿te das cuenta?, tienes ADN de todas las razas, ¿sabes de qué te hablo?, Eres único, y eso te hace poderosísimo. Nadie debe conocer esto. Huye de los poderosos y haz el Bien.
Ojazos quedó estupefacto.

-¡Anda, huye, ves al bosque con los niños-mantis! – le gritó.

-¿Y las branquias? – gritó Ojazos.

-Te operaré a través de Virtual, no conviene que nos vean juntos – le tranquilizó.

-¡Gracias, Don Luis! ¡Suerte, amigo!

-¡Mucha suerte, Ojazos!

Eduardo Ramírez Moyano

CORONAVIRUS IV

Y sólo quedaron los niños-porcino (afectados de neurosis crónica, autolesiones, y una mezcla de sacrificio y entrega totales), facción blanda y maleable por los poderosos, casi siempre al servicio de los niños-rata (de elevado nivel psicótico, que a veces elegían la resistencia, y otras la facción de “control y seguridad” dada su valentía) y los niños-cucaracha (dirigiendo los poderes políticos y mediáticos). Los niños-hormiga, trabajadores esclavizados manteniendo los pocos cimientos que quedaban de la sociedad aún en pie, maldecida por microorganismos mutantes sin precedentes; los niños-mosquito, poderosos explotadores de éstos (que abarcaba jueces y políticos)
Y los niños-escarabajo, nutrida y principal fuente de resistencia contra el poder, denominada con el calificativo de facción dura.
No se sabe si la influencia de las “larvas fucsia” impidieron la Tercera gran guerra, pero por algún motivo que escapa a la razón, cuando los niños-cucaracha fueron a desatar la ira nuclear, se vieron ante la “muerte fucsia”, esto es, quedaban petrificados y con la piel de un tono rosado.
Alguien decidió sabiamente que, mientras “esas cosas rosas” venidas de fuera de nuestro planeta no quisiesen que nos auto-eliminásemos como especie, no debíamos hacerlo.
Un cruce entre porcino y coleóptero dio lugar a una niña-mantis religiosa descomunal del color del Arcoiris, que significaría el primer mesías de las “Larvas fucsia”, una doctrina que las veneraba cual Deidad, y que con el tiempo adquiriría el tamaño de religión. Además, ya no era necesario el uso de la violencia para conseguir comida. Las Larvas fucsia, que estaban diseminadas por todo el planeta, eran bulbos gigantescos plenos de escamas, una sola servía para alimentarse una jornada entera y poseía un sabor dulce exquisito, que también hidrataba como un litro de agua del mejor de los manantiales.
Se decía que los niños-mantis religiosa poseían capacidades sobrenaturales, tales como levitar (en estados profundos de meditación), leer la mente, sanar, y algunos habían desarrollado branquias, por lo que se hablaba ya de la siguiente generación: Los niños-peces.

Eduardo Ramírez Moyano