VII. La Rosa de Venus -Eduardo Ramírez Moyano-

Los días son neutrones de tristeza bailando valses de incertidumbre al compás del Nuevo Orden Mundial. Las tardes no existen para los niños-bicho entre los confinamientos y los toques de queda, mientras los niños-cucaracha terminan otro complejo habitable fuera de CoronaTierra.
Entre las medias verdades de los Belcebúes de turno y las acciones criminales de los psicópatas del chip, las calles estaban atestadas de infantes muertos que manaban sangre en forma de bits.
Esta era la cruenta realidad en el interior del laberinto de la ciudad.
Lejos, muy lejos de las metrópolis, en La Laguna, los niños-pez intercambiaban información de alto secreto sobre los poderosos, al tiempo que niños-anfibios retirados, con tantas prótesis como para construir un ejército de robots domésticos, llenaban el club “La Rosa de Venus”, que iluminaban las niñas-luciérnagas cuando estaban disponibles, encendiendo lascivamente, de color picante, sus traseros al caminar en un movimiento de nalgas divino y deslumbrante.
A mí, hoy, aún me quedaban dos horas de “pescar” información confidencial y hacer amigos peligrosos, antes de gozar en el local de vicio otra noche más.

PORCIA/Adelina Gimeno Navarro

MICRORRELATO EN TORNO A LA SIGUIENTE OBRA PINTADA POR UNA MUJER
Elisabetta Sirani (Bolonia, 1637 – Bolonia, 1665)
“Porcia hiriéndose en la pierna”

PORCIA

Te fuiste querido esposo, el asesino, el devastador de sentimientos. Quieres matar y lo hiciste, arrebatando la vida a un único Julio César.
Pero a mí, a tu joven esposa Porcia, la dejaste vacía, ardiente de deseo, de amor. Inquietante al no tenerte. Tres nombres adornan tu personalidad Marco Junio Bruto.
Haciendo gritar mi carne para saber que podría ser silencio, hundí el cuchillo en mi muslo.
Enfermé ti, complaciente volví a escuchar, tu plan no se sabría jamás, la honda herida, selló mis labios de tu verdad.
Te fuiste querido esposo, dejando mi mutilación sangrando y podrida de dolor.
Me dejaste sola y encendida de amor, ahora encenderé mis entrañas, moriré, por las brasas encendidas que tragaré al no tener tu amor otra vez.

@Adelina Gimeno Navarro – Escritora

VI. “LA LAGUNA” -Eduardo Ramírez Moyano-

Los tentáculos del Kraken oprimen mis genitales hasta no saber cuándo lo hice por última vez con una mujer real. Me he recombinado tantas veces con seres bicho, que mi ADN es el mapa siniestro y aterrador de un universo en declive.
Inhalo más tetra-deux, cualquier cosa es preferible que morir a manos de los niños-cucaracha o ser sentenciado por los niños-mosquito en una charca de mala muerte. Si hay que morir, que sea en los vergeles de Zaorín, en compañía de los ex niños-mantis disolutos, por sobredosis de placer femenino y drogas sintéticas de bolsillo, allá donde no tienen cabida los poderosos, preocupados siempre por trepar y trepar más en las grandes metrópolis plagadas de rascacielos.
Es el ahora o el nunca. Debo viajar al oeste. Tengo que hablar con los círculos de resistencia al Nuevo Orden Mundial. En “La Laguna” tendré tiempo para meditar y para follar.

V. NASU -Eduardo Ramírez Moyano-

Las noches son largas y llenas de terror vírico mutante constante, ya no se sabe quién gobierna en CoronaTierra si no es la mismísima saña del Uñado.
Corren los niños-bicho sin techo bajo la lluvia ácida del Invierno, vagan bajo las alcantarillas enmohecidas los bichos más desvalidos, mientras en los elevados rascacielos de los centros neurálgicos del mundo, cucarachas y mosquitos debaten el próximo punto del destino.
Un futuro distópico que parece haber sido delineado con una pluma 3D por los poderosos en algún foro secreto. Y ese hermetismo volvía locos a los niños-escarabajo, y en concreto, al gran Nasu, líder revolucionario, en busca y captura por terrorismo en varios Estados, que encabezaba virtualmente las multitudinarias manifestaciones en contra de las medidas tomadas por los gobiernos y había apoyado, de manera sibilina, las dos originales rebeliones navideñas de los niños-hormiga que tanto dieron que hablar.
Ese hermetismo de los dirigentes mundiales es también lo que hacía echar chispas a la Unimente, que no podía más… Ningún niño-mantis estaba dispuesto a claudicar, a ser marcado, a ser recombinado de nuevo en un “Centro de Alto Nivel”, como pretendía la esfera dominante globalista.
En cuanto a Néstor, tenía suficiente con sobrevivir como niño-porcino un día más.

IV. ORÍGENES -EDUARDO RAMÍREZ MOYANO-

La última escena que recuerdo antes de la aparición del Coronavirus sobre la faz de la Tierra es estar sentado bajo una sombrilla, junto a mi novia, tomando un mojito frente a la playa de Lanzarote; después, todo se vuelve gris y los días se tornan negros.
Advertencias, peligros, televisión, noticias, pandemia, muertes…
Reúno todos mis ahorros y viajamos a un “Centro de Alto Nivel”. Allí nos separan y ya no vuelvo a ver a Claudia.
En una aséptica sala recombinan mi ADN con ADN porcino. Esto lo supe luego. Después de mis primeras auto-lesiones en un apartamento alquilado de la metrópoli.

-Los cortes y la grasa que le descuelga las orejas y el labio inferior cada vez aumentarán -dijeron los doctores que me curaron las heridas en el hospital del centro.

-¿Por qué? – pregunté asustado. Todos callaron.
Cuando se hubieron despedido y me marchaba por el pasillo hacia la puerta, una enfermera asustada se acercó sigilosamente hasta mi cogote y me susurró: ¿Por qué? ¡Porque eres un niño-porcino! Lo siento, tenemos el deber de decírtelo… Son los efectos secundarios de la recombinación genética, que ya constituyen todo un síndrome, están surgiendo toda clase de horrores que clasificamos como niños-bicho. ¡Esos malditos centros son la demostración del fracaso más siniestro de la ciencia!

-¡Gracias, Elena! (Leí su nombre en la placa)

-¡Suerte, Néstor! Y recuerda, los de tu especie, si es que os podéis llamar así, sois extremadamente sensibles, ten mucho cuidado ahí fuera…
Volví a darle las gracias, esta vez acompañadas de un abrazo de agradecimiento. Y salí al aparcamiento.
Durante un lapso de tiempo me quedé parado y pensativo. El futuro que me esperaba era terrible, pero al menos ya conocía mi identidad. Ya sabía la monstruosidad que era o, mejor dicho, que habían hecho conmigo, en lo que me habían convertido.

Foto: Pedro-Luis-Ajuriaguerra. Ciudad de las Artes y las Ciencias, Valencia (España)

III. VÍCTIMAS Y VERDUGOS -Eduardo Ramírez Moyano-

Sueño con fuegos fatuos y charonias, palmeras y tréboles azules, elipses de mundos imposibles… Y, entonces, despierto… ¡Despierto en una jaula de acero entre charcos de sangre y niños-bicho desmembrados! Las moscas hurgan la carne, todavía caliente, y revolotean pertinazmente, pretendiendo meterse en las heridas que los flagelos de los niños-rata han rajado por todo mi cuerpo. No puedo dejar de oírlas zumbar, hasta que dos niños-cucaracha bien trajeados, impecables y relucientes, negros e inquisitivos, aseveran: ¡A éste no lo matéis todavía!
La frase resuena en mi cabeza: Todavía… Todavía me queda algo de vida. Mas cuando apenas he empezado a pensar que puedo sobrevivir, por ejemplo, trabajando, aunque sea duro, para ellos, ¡Santo Dios!, alguien abre el portón de la prisión y una veintena de niños-mosquito, babeando espuma y desorbitados los ojos de ira, comienzan a clavarme sus largos aguijones por todo mi ensangrentado y débil cuerpo, que ya casi no aguanta tanto dolor y veneno.
Antes del desmayo, mientras un velo de sangre baja como una cortina por mis córneas, consigo discernir a Luzbel en una esquina de la estancia, sentado en su trono y bebiendo de una gran copa mi líquido vital.

Foto: Extraída de la exposición “AVATARES 2020”, de Eduardo Ramírez Moyano.