Poesía Viajera. Monasterio en Yanhuitlán, Oaxaca.

Entres soles inconscientes

La noche está por concluir. El eco de cantos monásticos ha discurrido entre un sol y el siguiente; silente mirada del tiempo que se derrama en los muros de cantera blanca. ¿Qué secretos guardan estas paredes de piedra labrada? ¿Qué misterios esconde en la negrura de las conciencias y el vacío de Dios? Voces sombrías se elevan entre años desperdigados en segundos interminables: susurros, ojos que han visto la miseria y la grandeza, el garbo del arte y la desvergüenza de la humillación. Mi alma se regocija con el éxtasis estético y llora con la pobreza del espíritu de un pueblo derrotado.

Imagen: Monasterio de Yanhuitlán, Oaxaca. Susana Argueta.

Poesía Viajera. Temamatla, Edo. de México.

Día de muertos en el cementerio.

No es un día cualquiera. Los rumores de un sepelio se cuelan entre la música y las risas de un baile. Entre las criptas, el mariachi canta al muerto. Alrededor,  el cempasúchitl reina por entre todas las flores: gladiolas, nube, alcatraces y pompones. Cada tumba, el singular epitafio que plasma la densa tristeza de los deudos: esposos compungidos, hijos abrumados, madres inconsolables. La muerte se conduele y baila, convoca a su progenie de ultratumba y los deja venir, canta con ellos y se hace terrena. Por este día, beberá de nuestros jarros el café con piquete y pasará la noche con nosotros. Por esta noche, la muerte ríe.

Imagen: Finis Terrae. Susana Argueta.

Poesía Viajera. Tijuana, Baja California.

El muro

Hay en mi boca un grito que no deja de sublevarse por ti, la tierra consagrada a mis ancestros, dividida por el  intransigente dejo de soberbia que construye este muro. Miro a través de las rejas. Las mismas hierbas creciendo en la tierra que también hay acá. Cerros que comienzan bajo mis pies y miro del otro lado. Ya no los puedo recorrer, tienen otro dueño. El aire no cesa, ese si cruza, pero no me lleva. El mar se alza de los dos lados, tiene el mismo color y una ola se rompe en dos, pero es igual. Tal vez otros dioses –Dios Dinero-, quizá una piel en otro tono, más iguales humanos, con ojos y piernas, con sueños. No importa lo que piense, esto no cambiará. A lo lejos, ciudades con nombres de otro idioma. Estoy en la frontera. Mi país termina aquí.

Imagen: El muro. Playas de Tijuana. Susana Argueta.

Poesía Viajera. Amecameca, Edo. de México.

Amaquemecan

Mis pasos me llevan leves

al remanso de la tierra:

Amaquemecan,

donde las manos transforman el barro

y el Sacromonte adora a su dios;

encrucijada de senderos,

de destinos,

y de la vida.

Tu nombre evoca la alianza

de pueblos gloriosos

y de sueños de blanca nieve,

lujo en  la mirada,

imponente montaña,

dulce azul,

de la tierra eregida

del cielo sin nubes,

del alma que se regocija.

Imagen: Calle. Susana Argueta.

Poesía Viajera. Tecolutla, Veracruz.

¿Qué harías si fueras agua?

De agua son las saladas lágrimas que limpian la vida, de agua vive la tierra y amanece de agua, de agua es el beso y la conjunción sagrada del hombre y la mujer, en agua somos concebidos y rompiendo el agua venimos al mundo. De agua es la lluvia de la que bebe el mar, de agua es el origen y dejando el agua nos vamos de este mundo. De agua nacemos, de agua es la palabra que nos llueve en el alma. De agua se viste el verde, el azul y el cielo, de agua vivimos, de agua morimos. El agua nos libera de la sequía del alma, en el agua retoza la poesía, la vida, el encanto del amor, el agua es infinito, tierra, espacio, vacío y frontera, el agua no tiene límite, el agua es libertad. El agua es mi palabra para regresar a mi madre, para volver a nacer, para remontar el ciclo de la vida, para ser parte de mí y de ti, el agua es mi encuentro con Dios.

Imagen: Flores en el agua. Susana Argueta.

Poesía Viajera. Oaxaca.

Noches de  Oaxaca

¿No oyes los ruidos nocturnos?

El gato, las aves, las hojas arrastradas por el aire

Los restos de vida entre las paredes de una blanca casa

Las voces de eternos vientos golpeando los cristales

Nuestros luminosos días llenos de risas y conversaciones intrascendentes

Los roces amorosos entre sábanas y pesadas cobijas

El mezcal y la música de marimba,

El chile de agua (porque es de agua), queso de rancho y tasajo,

Paredes de iglesias, cánticos de coro, pasos de antiguos tuyos y míos

Sagradas tierras que abren la vida y la dejan orear

¿No escuchas cómo se resquebrajan mis ojos?

No volveré a mirar igual

Ni a mirarte lo mismo

Eso es Oaxaca,

Hendidura en el agua,

Golpe de tierra

Marasmo del alma

Cisma ancestral,

Ruidos de nuestros pies que también anidan

En los pasos descalzos de la misma casa blanca.

Imagen: Cúpulas. Susana Argueta.