Truco número 4 –Daniel Olivares Viniegra–

Este era un triste trapo, sin tropa, que por no ponerse trucha, quedó con los pies de tripa y las trompas al revés, ¿quieres que lo transmita otra vez?

Alguien tramó la continuación de esta tragedia con otro final y términos como los siguientes: tránsito, trabajo, traslado, traducir… trecho, treta, tremendo, trébol, trenza… triunfar, triángulo, triciclo, tributo… trombón, trotar, trompeta, trozo… trueno, truncar, trueque… actriz, atraso, atrevido, atrio, atroz, avestruz, construcción, contrario, contrato, contribuir, cuatrero, cuatro, destrozo, destruir, entrega, entrometido, estrecho, estremecer, estrujar, litro, matrimonio, retrato, suministro, sustracción, ventrílocuo…

Superfrikiman

Hugo era un chico regordete, no muy alto, pecoso y pelirrojo. Esa mañana como siempre Hugo se enfundó sus mallas amarillas y se puso su habitual camiseta a rayas rojas y verdes. Se peinó su flequillo como todos los días, y después de petarse los granos nuevos que le habían salido en la cara, se perfumó para salir de casa.

Nada más salir a la calle Hugo tropezó con el bordillo de la acera y se dio de bruces contra el suelo. Los macarras de la acera de enfrente al verlo no lo pudieron evitar y comenzaron a reírse a carcajada limpia. Hugo lejos de indignarse, miró de reojo a los muchachos y les sonrió.

—¿Qué pasa chicos? — les dijo Hugo todavía desde el suelo.

—¡Pringaooo!! — y los macarrillas siguieron riéndose todavía con más ganas.

En ese mismo instante una limusina se paró delante de los chicos, abrieron la puerta de la parte trasera y de su interior bajó un matón de amplias espaldas y una altura descomunal. Se dirigió hacia el grupo que todavía se estaba riendo de Hugo y agarró al que parecía el cabecilla para meterlo dentro del auto.

En cuanto lo vio Hugo no se lo pensó un momento, corrió para colocarse delante de la limusina negra y casi sin esfuerzo cogió el vehículo por el parachoques y lo alzó hasta que los ocupantes del interior no tuvieron más remedio que salir.

Hugo redujo al grupo de matones sin ningún esfuerzo, y los muchachos se quedaron boquiabiertos, les había salvado… ¡Superfrikiman!

Caperurosa rosa la cursi

Erase una vez, una chica llamada Nina a la que todo el mundo conocía como Caperurosa rosa la cursi, porque llevaba siempre a todas partes una capa rosa que le había regalado su abuela y porque sí, efectivamente era, muy, muy,  muuuuy cursi.

Un día como tantos otros, pero no igual, la abuelita de Caperurosa, Doña Elvira, llamó a su hija por teléfono:

—Laura, soy yo, la mamá.

—¡ Hola mamá! ¿Qué tal estás?

—Pues por eso te llamaba, porque no me encuentro muy bien.

—Vaya y ¿qué te pasa?

—Nada grave, un poco de gripe. El médico me ha dicho que me quede en cama y me tome unas medicinas que ya he encargado en la farmacia. ¿Me harías el favor de acercármelas y de paso comemos juntas?

—Uff…pues yo no voy a poder acercarme. Me han llamado del trabajo y tengo que ir esta tarde porque Pepi, mi compañera, se ha puesto enferma. Pero no te preocupes que te mando a Nina, como está de vacaciones seguro que no pone problemas.

—Muchas gracias hija, dile que me hace mucha ilusión verla, y que ya de paso comeremos juntas y pasaremos la tarde viendo esa película de Frozen que tanto le gusta.

—Se lo diré mamá, pero tú no hagas nada, ya llevará Nina la comida y algo de merendar para que paséis la tarde juntas. Tú cuídate. Un beso muy grande.

—Otro para ti.

La mamá de Nina colgó el teléfono y fue a comprar las medicinas de la abuela a la farmacia. Cuando llegó a casa, preparó la comida: unas lentejas calentitas, una tortilla de patata y fruta para comer; y para merendar, un bizcocho de canela y limón, y zumo fresco de naranja y mandarina. También puso queso y jamón para el aperitivo y unas galletas de chocolate por si les entraba más hambre. Colocó todo, junto con las medicinas, en una cesta de campo y fue a hablar con Caperurosa.

Nina se encontraba sentada en el sofá, acababa de pintarse las uñas de color rosa, por supuesto, y estaba soplando sobre su obra de arte para que se le secaran más rápidamente sin empastarse.

—Nina, hija, me ha llamado la abuela que está con gripe y hay que llevarle las medicinas.

—Jo mamáaa, acabo de pintarme las uñasss

—Nina, acaba de secártelas y haz el favor de llevarle todo lo que le ha recetado el doctor, anda.

—Ufff!!! ¿Y no puedes ir tú? Oseaaa ¿En serio?

—Nina, no empecemos, si te lo digo a ti es por algo. Yo tengo que ir a trabajar porque mi compañera está enferma. Coge la cesta que te he dejado preparada y le llevas a la abuela todo lo que compré en la farmacia y la comida que he preparado.

—¡Ay Eso sí que molaa, me quedo a comer con la abuelitita eh!

—Claro cariño, preparé lentejas que sé que os gustan y un poco de embutido para el aperitivo, jamón y queso.

—Ains mami eres un cielo. Osea Cuánto te quiero.

—Escucha Nina, ve directa y no te entretengas que la abuela no se encuentra bien.

—Sii mamá

—Nada de pararte a coger animalitos heridos

—Siiii mamá

—Ni flores

—Que siiii mamáaaa

—Ni hablar con desconocidos que te conozco

—Jooo que síiii…osea que pesada

—Venga coge la cesta y vete directa

—Vale voy…espera, espera que miro si se me han secado las uñasss…¡Ummm parece que sí!

—Venga, veee

—Espera, espera que me pongo un poco de coloniaa

—Venga Caperurosa que se hace tarde.

—Que sí, que ya voooy, un momento que me limpio mis zapatos de charol rosa mega chulis.

—Vale vaaa, ya te preparo yo la caperuza que te regaló la abuela.

—Ains siiii…¿a que estoy monísimaaa?????

—Estas maravillosa y estupenda de la muerte…un beso enorme y recuerda…

—Que sí, que voy directa.

—Y dale un beso fuerte a la buela de mi parte.

—Que siiii osea, hasta luego mami.

—Llamamé cuando hayas llegadoo.

—Que siii Lo harée…ains madres…

Y Nina, nuestra Caperurosa rosa, impecable como siempre, con sus uñas rosas recién pintadas y la caperuza rosa que le regaló su abuela, se dirigió monísima y super coordinada de la muerte, a casa de su abuelita.

Por el camino, Nina iba tan contenta que se puso a cantar mientras disfrutaba del paisaje tan estupendo de aquella mañana soleada:

“Soy Caperurosa la más hermosa.

Siempre coordinada

y una monada.

Con mi caperuza rosa

y mi jersey de angora,

soy la más molona.

Mira, si mooola.

 

Soy Caperurosa la más hermosa,

con mis zapatitos

de charol fino,

bailo, canto y danzo

por el camino,

como una ninfa.

Mira que liiindoo”

El día era espléndido y las mariposas no paraban de revolotear de una flor a otra, y es que las flores brotaban por todas partes inundando el paisaje con sus bellos colores. Tanto era así, que Nina no tardó en fijarse en un arbusto que estaba a rebosar de preciosas azucenas. Las margaritas, lilas, violetas, lirios, begoñas, campanillas, se encontraban por tooodas partes.

—¡Oooooh que preciosidaaaad!!!…Osea…¡qué pasaaaaadaaa…!!! ¡Qué colores increíblemente maravillosooooos!!!!…Sé que le dije a mi mamá que no me entretendría cogiendo flores, pero es que, osea…son tan estupendas…solo dos, cogeré solo dos que seguro que le encantarán a mi super mega chachi abuelititaaa.

—¡Oooooooh y esas rosas salvajes que están a la orilla del río! ¡Uffff que maraviiiiillaaaaa…osea solo me desvío un poquito del caminooo y vuelvo enseguida. Luego echaré una carrerita y recupero el tiempo perdido.

—¡Ooooooh ooooooh un arbusto de jazmines! ¡Qué bien hueeeelen! Si cojo unos poquitos darán un aroma increíble a este maravillosísimo raaaamo. Solo unos poquititossss…Ainssss como le va a gustar a mi super mega chachi abuelititaaaaa

Y así Nina se entretuvo un poquito más de lo normal. Tan absorta estaba en el ramo de estupendas flores que estaba haciendo, que no se dio cuenta que desde no muy lejos era observada por un antiguo amigo con el que no se llevaba muy bien.

—¡Ummmm…ahí está Caperurosa! Tan guapa y elegante como siempre. Me acercaré a saludarla a ver si tengo suerte, y le puedo hincar el dienteeee… ¡Jjajajajaja!!!!

Así de un salto, nuestro lobo feroz, al que todos conocían como Toni, el malote,  se plantó delante de Caperurosa, que ya se encontraba de vuelta al camino que llevaba a casa de su abuelita.

—¡Hooola linda Caperurosa! ¿Qué te trae por aquí?

—¡Hola Toni! ¡¡¡¡¡Uuuuufffff!!!! Osea¡Qué horror! ¡Pero quéee mal hueleeees!

—¡Jo Nina! Tan exagerada como siempre. Si me lavé en el río hace tres meses, lo recuerdo muy bien porque me caí en él.

—¡Tres meses!, osea ¿tres meses desde tu último baño????¡Uff Toni es insoportable! Me voy, que además mi madre no me deja hablar con desconocidos.

—Venga Nina que tú y yo ya nos conocemos.

—Sí, y siempre estás haciéndome maldades. Me voy, que la peste es insoportable y me voy a desmayar del mal olor.

El lobo que conocía muy bien a Caperurosa se fijó en lo guapa que estaba.

—Por cierto Nina, estás muuuuuuy guapa.

—Ainsss…gracias lobo.

—Estás impresionante con esa capa rosa, tan fashion. Pareces una estrella de cine.

—¡A que sí!, es lo último de lo último en la pasarela de París, lo más chic en moda…

—¿Y esos zapatos tan brillantes?

—Ainss… son de charol importado, elaborados a mano. ¿A que son super guayssss?

—Estás divina de la muerte y…hueles tan bieeen

En ese momento el lobo fue a acercarse a Caperurosa para olerla y aprovechar a hincarla el diente, pero justo, pasó por allí el panadero del pueblo que iba vendiendo por las fincas el pan recién hecho del día.

—Buenos días Nina…Buenos días Toni, a ver qué hacemos eh. ¡Compórtate!

—Siii claro, solo estaba saludando —dijo el lobo enfurruñado porque vio que ya no podría comerse a Caperurosa en ese momento.

—Hasta luego, osea… ¡Que tengas un buen día Manolo! —saludó Caperurosa al panadero.

Y el lobo, al que acababa de estropeársele el plan de comerse a Caperurosa en el camino, por si la oían gritar, tuvo que improvisar otra jugada.

—Por cierto, Caperurosa, que ramo de flores más bonito.

—¿A qué es super mega chulísimo de la muerte? Es para mi abuelitita que está enferma, ¿sabes? osea ¡tiene un catarroooo!

—Pobre abuelita, está tan mayor la pobre. ¿Así que vas a casa de tu abuelita? —al lobo se le ocurrió comerse a Caperurosa allí, pero tenía que llegar antes que Nina, así que ideó  una estratagema.

—Oye Nina, estaba pensando…vas tan estupenda y guapa…

—Aisss, gracias Toni…¿A que sí?

—Sí…por eso sería una pena que te mancharas de barro. No sé si sabes que se ha roto la fuente y el camino, un poco más adelante, está lleno de fango…es un desastre, todo inundado y pringoso, vas a llegar sucia y embarrada de los pies a la cabeza.

—Ainsss qué horror, es un desastreee, qué mal…¿y ahora qué hago? osea¡Qué tragediaaaa!¡Qué disgusto me has dadooo!!!!

—Si quieres, siguiendo la senda que hay junto al río puedes llegar igual. Es un poco más largo el camino pero llegarás impecable y sin mancharte tus preciosos zapatos de charol importado, del sucio y asqueroso barro.

—Oooh Toni, eres un encanto. Graciaaas, me salvas la vida…te debo una. Un millón de besos. Me voy ya que sino se me hará muy tarde. ¡Adiós!!!¡Chaaaao!!! ¡Eres un amor! Y acuérdate de bañarte que en serio, el olor es insoportable…

Y Caperurosa cogió la senda de al lado del río, mientras el lobo cogía carrera por el camino para llegar antes que Nina a casa de la abuela. En un principio pensó en comerse primero a la abuela, pero cuando recordó que estaba enferma y acatarrada se le quitaron las ganas. Mejor se comería a Caperurosa que estaba sana y era más tierna. De la abuela ya se encargaría cuando llegara a su casa.

Y Toni el malote, se dirigió a casa de la abuela, mientras cantaba emocionado pensando en el malvado plan que acababa de idear.

Es Caperurosa la más hermosa,

siempre coordinada

y una monada,

con su caperuza rosa

y su jersey de angora

es la más molona

mira, si mooolaaa.

 

Es Caperurosa la más hermosa,

con sus zapatitos

de charol fino,

canta, baila y danza

por el camino.

Como una ninfa.

Mira, que lindaaa.

Ya en casa de la abuela, el lobo llamó a la puerta.

—¡Ding dong!

—¿Eres tú Nina? _—gritó la abuela como pudo desde la habitación.

—Siii…soy yo, osea tu super mega nieta divina de la muerte— dijo el lobo intentando imitar la voz de Caperurosa.

—Pasa Nina, pasa, que no está echada la llave.

Y de un salto, el lobo se plantó en la habitación de la abuelita, que al verlo pegó un grito y del susto, se desmayó.

— ¡Aaaaaaah…!!!

—Arrrg…que arrugada y vieja está la abuela. Y sí que está acatarrada la pobre. La meteré en el armario y me comeré a Caperurosa. Esa sí que está tiernaaaa jajajaja.

Toni cogió a la abuela, la metió en el armario, y al hacerlo vio camisones y gorros limpios de la abuela colocaditos en los estantes, por lo que se le ocurrió una idea. Se puso uno de sus camisones, se encasquetó uno de sus gorros de dormir, y decidió esperarla metido en la cama. Se divertiría un rato haciéndose pasar por la abuelita y de paso, descansaría en un lecho blandito y calentito, que hacía no sabía el tiempo que no lo hacía.

Al cabo de un rato largo llegó Caperurosa y llamó al timbre.

Ding dong.

—¿Eres tú Nina? —dijo el lobo imitando a la abuelita, que hacía un rato le había dicho lo mismo.

—Siii abuelititaaa, soy yo Caperurosa, tu super mega chachi nieta divina de la muerteeee.

—Pasa Nina, pasa…que no está echada la llave.

Caperurosa pasó y ya por el camino:

—Jo abuelititaaaaa…qué voz más ronca tienes.

—Es la disfonia Nina, de la gripe que tengo. ¡Qué malita estooooy!!!!

—Ufff abu, creo que te va a hacer falta una logopedaaa

Ya en la habitación, Nina se acercó a la cama donde se encontraba el lobo.

—Abuelititaaaa que mal hueles… ¿desde cuándo no te duchas???

—Aaaay Nina, con la gripe no he podido ducharme.

—Ya, pobrecita mi abuelitaaaa. Oye abu que ojos mas hinchados tienes.

—Ains Nina, la conjuntivitis, mira que ojos me ha puesto.

—Pues sí abu un colirio no te iría nada mal. Jooo abuelititaaaaa ¿y esas orejas?

¡Qué orejas más grandes se te han puestooooo!

—Oooh mi niña, la otitis, he pillado con la gripe una otitis que me ha inflamado mucho los oídos…fíjate qué maliiiita estoy.

—Pues abuelitita yo te traigo tus medicinas y además la mamá nos ha preparado unas lentejas calentitas, una tortilla de patata y fruta para comer, y para merendar, un bizcocho de canela y limón y zumo fresco de naranja y mandarina. También ha puesto queso y jamón para el aperitivo, y unas galletas de chocolate por si nos entra más hambre. ¿Qué te parece?

Al lobo se le hizo la boca agua solo se escucharlo, tenía tanta haaaambre…pero pensó que si le decía a Caperurosa que le diera un poco no lo haría, era tan feo y…olía tan mal. Así que decidió seguir con su antiguo plan.

—Me parece estupendo Nina, huele muy bien y se me está haciendo la boca agua…

—¿A ver?… —Caperurosa retiró las sábanas de la boca de la abuelita y cuando vio su boca —¡Aaaaaah…abuelititaaaa, qué boca más grande tienes! ¡Y qué alitosis, y qué suciaaaa!!

—¡Uuuuaj! Ya basta Nina, la tengo así porque no me la lavo, y es así de grande para comerte mejooor.

Y dando un salto de la cama, el lobo empezó a perseguir a Caperurosa que iba de un lado a otro de la casa esquivando sus grandes zarpas.

—Jooooo Toni, siempre igual…¡Déjame!

—Para quieta de una vez, que tengo mucha hambreeeee

—Que nooo, ¡vete de aquí…!

—Deja de correr Ninaaa

—Si hombre, para que me pilles…

Ya la tenía arrinconada en una esquina de la habitación cuando de repente:

¡Plas, boinnnng!!!!

—¡Auuuuuuuuu ¡!!! ¡Ayyyyyyy qué dolor!

—Lobo malo. ¡Deja a mi nieta!

Era la abuelita que se repuso del desmayo, y al oír gritar a Caperurosa, no se lo pensó un momento, cogió una sartén de la cocina y golpeó al lobo en la cabeza con todas sus fuerzas.

—Siempre haciendo y pensando maldades.

—Jooo abuelitaaa es que tengo mucha hambre. Llevo ya varios meses comiendo hierbas y raíces como los ciervos y las cabras del monteee.

—¿Y por qué en vez de intentar comerte a Caperurosa no lo dices y buscas ayuda?

—¿Y quién va a querer ayudar a un lobo maloliente y feo como yoooo? ¡Buuaaaah…!—dijo el lobo entre lamentos.

—Pues nosotras mismo. ¿Verdad Nina?— dijo la abuelita.

—Ups…Pueees… claro que sí abu, hay que ayudar a quien lo necesita, osea pero eso no justifica que se haya portado mal eh.

—Pues claro que no. Lo que has hecho está muy feo lobo. Pero si pides perdón a Nina, y prometes lavarte y portarte bien…Te invitamos a comer.

—¿De verdad? —dijo Toni con los ojos como platos del asombro y la emoción.

—Qué sí Toni. Pero tienes que ducharte eh!—dijo Caperurosa

—¡Claro que sí! Nina. Lo siento, no volveré a pensar ni hacer maldades. Perdóname anda…por favor — dijo el lobo con ojos de arrepentimiento.

— ¿Y no querrás volver a comerme a mí ni a nadie?.

—Lo prometo, verdad de la buena.

—¿Palabrita del Niño Jesús?.

—Palabrita.

Y ese día, después de ducharse y perfumarse, el lobo pudo comer por primera vez en mucho tiempo, no solo una suculenta comida, sino también pudo hacerlo en compañía de sus nuevas amigas, con las que compartió a partir de entonces una gran y entrañable amistad.

Y colorín colorado, con Nina, Toni y la abuelita este cuento se ha acabado.

Enlace para ver el video del  cuento: Caperurosa rosa la cursi

 

 

 

 

 

 

 

EL ANILLO CAMALEÓN / EDUARDO RAMÍREZ

Erase una vez…

La historia de un niño que se llamaba Dudu.

Andaba caminando un día por el sendero, jugando a hacer rebotar sobre la superficie del río unas piedras, cuando un objeto luminoso le llamó la atención entre los chopos. Se acercó hasta éstos para verlo mejor y observó que era un anillo precioso.

-¡Qué bonito! -exclamo Dudu. Lo recogió entre sus manos y, ¡cuál fue su sorpresa!, cuando el anillo empezó a cambiar de color: Rojo, verde, azul, lila… Todos los colores del arco iris. De pronto pasaba de ser dorado como el oro a rojo como una rosa. Y así, en cada segundo, era de un color distinto.

Dudu entornó los ojos y se dio cuenta de que había algo grabado en el anillo. Se lo acercó intrigado para leerlo y había inscrito: El anillo camaleón.

-¡Qué guay! -dijo entusiasmado Dudu- ¡qué interesante! Y se lo puso enseguida en el dedo.

Continuó caminando hacia su casa mientras pensaba en el lindo anillo, en los bellos colores que irradiaba al darle la luz del sol a través de las hojas de los árboles.

Mientras bebía agua en la fuente del  arroyo, pensó: Me gustaría ser como los niños mayores, que pueden hacer de todo. Y, de repente, un hada envuelta en purpurina le convirtió en un chico joven de veinte años. Se miró los brazos, grandes y fuertes, y quedo entusiasmado:

 -Soy mayor -gritaba mirándose el cuerpo- Puedo hacer lo que quiera.

Muy contento, lo primero que hizo fue correr hacia su casa para contárselo a su familia. Daba saltos y parecía que volaba con unas piernas musculosas.

Pero, al llegar a su casa, cuál fue su sorpresa, cuando sus padres, asustados al no reconocerlo, le echaron a patadas de allí creyendo que era un ladrón y con el cuerpo lleno de moratones.

Dudu, entonces, se fue hasta el pedrusco del rodeno llorando y se sentó bajo su árbol favorito. No podía quitarse el anillo y estaba muy dolorido.

Dudu quedó pensativo mirando al horizonte. No sabía qué hacer. Pero en ese momento, una carroza preciosa impulsada por dos corceles de crines plateadas  atravesaba el pasaje a gran velocidad. Era el carruaje del rey Damián protegido por sus soldados.

-Un hombre apuesto, elegante, rico y poderoso. Así me gustaría ser, como el rey–  se dijo Dudu asombrado. Y, en ese instante, el hada de purpurina le transformó en el rey Damián.

La brisa soplaba en su rostro, al tiempo que contemplaba todo el paisaje verde donde había nacido y crecido como un sueño hecho realidad. Mientras dos bellas damiselas le engalanaban y perfumaban dentro de la carroza.

-¡Sí, guapo! Lo que usted guste, mi señor -decían ellas, mientras bajaban el puente levadizo los soldados haciéndole una reverencia. Dudu estaba encantado.

Esa noche, en el fabuloso castillo, Dudu comió y bebió todo lo que quiso. Probó comidas exóticas y degustó alimentos que jamás en su vida había probado. Bailó con mujeres muy guapas en los jardines del palacio. Se reía con los bufones y sus graciosos animales. Había koalas, osos panda y toda clase de animalitos lindos. Y todo el mundo hacía lo que Dudu les decía: Quiero esto…  Ahora quiero aquello…

Cuando se cansó de dar órdenes, Dudu se acercó hasta un enorme estanque lleno de cisnes y miró hacia la luna. Mientras el frescor de la noche le acariciaba la cara, un soldado encapuchado saltó desde detrás de una estatua y fue hacia él empuñando una enorme espada.

Recordó que uno de sus sirvientes le había dicho que tuviera cuidado con el duque Fernando. Pero ya era demasiado tarde. Dudu se encontraba solo mientras la espada del duque rozaba su cuello.  En ese instante, el anillo camaleón brillo de nuevo y el hada le susurró a Dudu en el oído:

 -Dudu, elige, este es el último deseo, luego el anillo camaleón desaparecerá para siempre.

Y, sin dudarlo un segundo, Dudu dijo: Quiero volver a ser niño, como antes.

Eduardo Ramírez Moyano.