De anoche

Estando yo misma en llamas enciendo a otros. Jamás muerte. Fuego y vida.

Anais Nin

Te hubieras

quedado anoche,

después de rozarme tan cerca,

de respirar tu mismo aire,

de mirar tu andar,

tus pasos de hombre.

Te hubieras quedado,

A cinco centímetros,

a dos jadeos,

A milímetros de piel,

porque mi  sazón

de mujer

¡a punto

estaba!

¡Te hubieras

quedado

anoche!

Aproximaciones * Susana Argueta

Hazme el amor a ratos, a gajos, a saltos, a manos, a tendones, a pieles, a resuellos, a suspiros, a cuerdas, a memorias, a ciegas, a tientas, a ciertas, a raíces, a ramas, a gritos, a lagos, a lluvias, a negaciones, a incertidumbres, a legajos, a plenitudes, a resabios, a pasados, a futuros, a mentadas, a perversiones, a incredulidades, a mensajes, a chorros, a ensayos, a furias, a tantos, a pocos, a brasas, a inviernos, a otoños, a voces, a días, a noches, a furtividades, a mentiras, a verdades, a muchos, a tantos, a estrellas, a galaxias, a cuerdas, a guitarras, a pasos, a trancas, a veces, a tiempos, a contratiempos, a olvidos, a fuerzas, a solas, a mí, a todas, a ciencia cierta.

La última noche * Susana Argueta

Y después
Cuando la noche ocurra
Viviré en tu recuerdo
Y en el de cien
En millones de besos
Y cálidos abrazos
En el sudor de todas las noches
De todos los cuerpos que amé
Seré vida en los ojos que me vieron
Palabra fortuita y andante en los caminos que anduve
En eternas hojas de papel
Un sueño convertido en aire
El tiempo de tu tiempo de mar

Y tendré 
Un único remordimiento
El último antes de fenecer
La mancha negra 
De un invierno infiel
Que de tanto y tanto andar
no salí 
De este mismo
Lugar

Tu viaje * Susana Argueta

Ven, otra vez, derrámame, como antes, más que nunca; 
trae contigo los deseos de verde y luz,
de azul y mar, 
de onda y vendaval, 
del fuego de las tormentas 
y de las raíces de la tierra. 
Y una vez en la cima, 
escucha tu voz transformada en la mía;
palabra que hable de ti y de mí, 
de las volutas de tu pensamiento,
de ensalmos y epopeyas en los caminos, 
de las líneas graves de nuestro horizonte
y de los actos sin agravio de nuestro ímpetu.
Sé el bastión y la bala, 
el fuerte y el grito de batalla, 
el silencio, el abrazo, la risa y el sosiego.
Recorre las sinuosas veredas  
-en mí y en mi tiempo- 
y piérdete en ellas; 
vuelve con regocijo del viaje,
renuévate,
mira tu espejo: no eres el mismo.

Agua dea mar * Susana Argueta

Silencio.

Ellos reposan.

Se han diseminado

en la fina arena gris,

del mar que los abrazó.

Antes, sedientos,

Se bebieron el cuerpo

-y el alma-,

y rozaron con los dedos

 la noche de nube y tormenta

                               que cobijó su encuentro.

Ahora,

Se vuelven

agua salada

                de hombre,

de mujer

y de mar.

Fantasía * Susana Argueta

Abro la puerta. Mi habitación está vacía. El calor me sofoca. Descalzo mis pies, el fresco del suelo me saluda y mi piel contacta la tierra.

Libero mis pechos, los dejo respirar y los toco. Demandan tus manos pero no estás aquí. Mis pezones se endurecen y el aire empieza a jadear.

Siento la leve tensión que comienza entre las piernas. Sube. Marea mi imaginación. Mi aire anhela. Oleadas de leves sensaciones retraen el roce de las sábanas de nuestro encuentro. Me traspasan. Dejan tu aroma de hombre ansioso.

El recuerdo de tu piel me envuelve y me desnuda por completo. Me recorro cual tus besos. Mis manos absorben tus ganas, a la lejanía. Insolentes. Me tocas, me abres, me acaricias, entras, profanas, embraveces, agitas, reposas, descansas.