Poesía Viajera. Amanecer: Iztapayucan

La noche permanece aún. El silencio pernocta azul entre el femenino eterno y el ardor del hombre que vela. Nada se mueve, sólo mis pasos son testigos del diario prodigio. Majestuosos rayos dorados rompen la noche. El hechizo se renueva: el amanecer triunfa y toca el rocío. Se despierta la gente, hogares, miles, que se…

Transmutación

¿Y si te vuelvo agua? ¿Si dejas que te cante al oído con voces antiguas, con gritos sonoros, con caricias sutiles? ¿Y si me abres tus puertas, goznes chirriantes, herrumbre óxida?  ¿Y si te vuelvo viento? ¿Si te vuelves aroma de antaño, bosque de sombras, camino polvoso?  ¿Y si me dejas pasar por tu orilla…

Poesía Viajera. Estación de trenes de Tulancingo, Hidalgo.

El lugar te convoca. Tus pasos te llevan a andar entre rieles y durmientes que se pierden entre las calles de una pequeña ciudad. Ya no se escucha el rumor del tren que se acerca, pero lo oyes aproximarse; eres gente que viaja en el tiempo y te encuentras con tu pasado: gente de campo,…

Metempsicosis

Ven otra vez, derrámame como antes, más que nunca; trae contigo los deseos de verde y luz, de azul y mar, de onda y vendaval, del fuego de las tormentas, las raíces de la tierra y de ascender al cielo. Y una vez glorificados, escucha tu voz, que se transforme en palabra, que hable de…

Poesía Viajera. Pacanda, Michoacán.

Será tu nombre el que no recuerde, sembrado en el fértil llano, a la orilla del mar. Será tu rostro afable el que se pierda entre la bruma, entre mis silencios y tu ausencia. Nada es como ayer, se ha roto el sortilegio, el camino queda franco y el horizonte azul, como en el vaticinio…

Vendrá la muerte

Tú eres como la tierra que nunca nadie ha nombrado. Cesare Pavese Me desperté hoy, Sin vida, menos yo, más de mí. Escribo letras que no he parido, soy profeta sin rumbo fijo. Ya no quiero la palabra, quiero ser poeta Me he quedado, Cesare, en el lugar de los espejitos. Triste literata Pero ya…

Poesía Viajera. Tlalmanalco, Estado de México.

Tlalmanalco, tierra que sabe a tiempo, arcos de piedra silentes, testigos de los segundos que se suceden uno tras otro, lentos y sabios, mirando la gente lejana, orgullosa de ti. Las montañas acunadas, líneas descendentes y suaves. Eres un momento detenido en el viento: La mirada de Iztaccíhuatl, mujer que duerme al amparo de montañas…

Sed

Llueve, fragancia de tierra húmeda se levanta, gotas que mitigan la aridez del pavimento. Yo muero de sed: por la cloaca corre  agua acidez del  humo de la Gran Ciudad.