Preámbulo | Bryan Freire

Hojitas de paja, pajitas de páramo con un pestilente aroma a soberbia. Siluetas pardas, sombras  que  se cuecen al alba. Repites una y otra  vez: yo soy el corazón  de la noche. Aves de presa persiguiendo un recuerdo, una hormiga que siente al cosmos expandirse entre sus patas, entre tanto ascendemos al inframundo. La conciencia…

El lobo | Bryan Freire

Bajo la luna llena, el lobo se convirtió en hombre. Carne moribunda, desgastada. Se queda solo, irremediablemente solo. Surge de un silencio encantador, cubierto de un fino rocío. Susurra, chasquea y se asienta en el vano oscuro de la puerta, acechándome.

Los anacoretas | Bryan Freire

Somos, somos los que hieren, los que se conmueven. Somos el universo, atrapado en la lágrima de una mujer que solloza. Somos los últimos hombres, los que caminan en el Edén, los rapsodas del inframundo.Somos la luz en las pupilas de Medusa, somos la última cuerda del arpa de Pandora. Somos Calibán a punto de…

Umbría|Bryan Freire

En soledad, la dama mira a través del espejo ¿Qué ve? ¿Qué siente? ¿Qué va a ser de ella? Amaba tanto la soledad que se la veía, en el reducto de su habitación, aferrada a una vela encendida.

La noche del fin del mundo // Bryan Freire

Lloran mientras duermen, la ciudad está inundada de nostalgias. Palabras trizadas, buitres agónicos. Sombras difusas la recorren. Lenta, silenciosa, ambiguamente. Se detienen, se miran fijamente. Lloran mientras duermen y se deshacen en la niebla. Oquedad, ruinas que se estremecen después del despertar. Sobre lo que hay que vivir.

Distopía // Bryan Freire

Es agosto. El insomne. Un grito en plena avenida. Una viuda llorando en la banqueta. La noche se esconde. El letrero sucio de la Rue. La calle de enfrente. La tabaquería de Pessoa. Polvo y ceniza en la ventisca que golpea tu reducto. La viuda continúa llorando. Seres extraños bajo la lluvia. Observo a Morrison…

A Miles Davis/ Bryan Freire

Miles Davis ha muerto, digo. Y sí, confieso que, desde el vano oscuro de la puerta, me acecha constantemente. ¡Cuidado, hay demonios bajo esa puerta!, repetía una y otra vez antes de morir. Miles Davis ha muerto, digo. Desencarnada la trompeta que en las noches de Harlem se convirtió en hombre. Rostros que se desvanecen…