La pócima de la juventud

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Durante años, había buscado la fórmula que le diera por fin aquella ansiada eternidad. Cansado de salir noche a noche en búsqueda de víctimas que saciaran su estado de eterna juventud, recorrió pueblos y lugares, visitando hechiceros sin obtener una respuesta favorable.
En lo alto de la montaña una bruja le observaba detenidamente cada noche, conocía bien aquel obsesivo deseo del cual el vampiro era preso.
Ella también vivía la misma situación, así que astuta, quiso aprovechar la oportunidad. Maliciosa, como todas ellas, decidió ofrecerle una pócima mágica que funcionara como lo deseaba el vampiro. La siguiente noche, oportuna, se cruzó en el vuelo de su víctima, haciéndole saber que tenía solución a su petición. Así que ambos dialogaron entre los altos árboles del oscuro bosque.

– Sé lo que buscas mi querido y longevo amigo, llevo tiempo observándote y creí justo brindarte mi ayuda.
– Nada que sea impedimento para mi, solo deberás conseguir algunos elementos para realizar el hechizo que llevará la pócima.
– conociendo a las brujas, no creo que sea gratuita tanta bondad de tu parte. Replicó el vampiro – Seguramente algo tienes entre manos.

Con risa sarcástica, ella respondió:
– cierto, no puedo mentirte, al final de todo, ambos somos malévolos y oscuros.
– Habrá sólo una mínima condición querido…
¡Un beso tuyo!
– aletargado y profundo, ese que me devuelva la belleza juvenil y eterna; a cambio tendrás tú la misma eternidad que deseas.
– Ya no saldrás por las noches, a menos que sientas necesidad de hambre, además podrás caminar
a la luz del día. Demasiada tentación para él, durante años buscó tan ansiada fórmula,
caminó unos segundos de un lado a otro seguido por su sombra oscura reflejada por la luz de la luna.

– ¡Acepto el trato! – solo advierto que no habrá más de un beso.
– Descuida querido, solo uno que será duradero y suficiente para absorber lo que necesito;
esa será mi pócima y condición.
Cerraron el pacto con un apretón de manos mientras el vampiro recibía instrucciones que la bruja le dictaba con claridad.

– Pon atención querido, tendrás que visitar a la hija del rey, le robaras un beso profundo,
recogerás con tu lengua porción de su saliva y la mezclarás con la tuya.
Llevarás pequeños frascos, con tapa de corcho donde guardarás lo que te pido.
Provocaras sus instintos, que sienta calor; cuando ocurra, de su cuello recolecta gotas de sudor          emanado. Por último, clava los colmillos y extrae una porción de sangre, será
suficiente para preparar un brebaje que tomarás para que surta efecto.
– Después, te besaré para llevarme su belleza, quedándote tú con su juventud que te dé vida eterna,
y eso será todo para no volvernos a ver.
– Deberás arreglarte para convencer a la princesa, será tu trabajo, lo demás estará de mi parte.

Para el vampiro no fue difícil conseguir lo que la bruja le pidiera.
A la siguiente noche voló hasta el castillo, entró por la ventana que daba a la alcoba
de la princesa, la cual ya dormía. El ruido extraño y aleteo la despertaron exaltada,
intentó levantarse, pero el vampiro colocó su mano sobre la frente y mirándola fijamente
la puso en un estado hipnótico. – Realmente eres bella, le susurró, pero no estoy aquí para contemplarte; tomaré de ti aquello que la bruja me ha pedido y partiré.
Besó a la princesa con profundidad para poder mezclar su saliva con la de ella recogiéndole con su lengua, para luego poner en un frasco de laboratorio, ese beso inquieto a la joven
provocando un calor interno e intenso que provocó sudor en la piel, aprovechó el vampiro para recolectar las gotas que se desprendían de su cuello.
Finalizó con su especialidad, encajar los colmillos para extraer suficiente sangre,
con eso completaba los elementos solicitados por la bruja para preparar su pócima.
Voló de regreso hasta el bosque para entregar los frascos, esperó en el mismo sitio,
de una repentina explosión y humo hizo su aparición la bruja.

– ¿Conseguiste lo que te pedí?
– Sí, aquí lo tienes, espero sea suficiente. Y le entregó los frascos
– Descuida querido, es más que suficiente.
Búscame mañana a esta misma hora aquí para cumplir con lo pactado.

A la noche siguiente acudió el vampiro a la hora marcada, la bruja lo esperaba ansiosa y nerviosa, llevaba consigo un pocillo de barro que contenía el brebaje preparado.
Ansiosos ambos, no hicieron esperar el momento y le dio la pócima para que la tomara.
– Tómala querido, bebe hasta el fondo en un solo trago y despacio hasta la última gota.
La bruja reía a carcajadas con malevolencia , sarcástica, y cierta alegría mientras
él tomaba aquel brebaje.
– Todo se ha consumado, ahora seré inmortal y bella… Se abalanzó contra el vampiro
y lo tomó del rostro con sus manos frías de largas uñas, se acercó para besarle con intensidad,
con el beso comenzó a succionar haciendo pausas, algo extraño noto el vampiro en la mirada
de ella a la vez de una extraña sensación. Intentó retractarse y retroceder pero no fue posible,
los labios de la bruja eran como un imán de fuerte atracción.
Comenzó a sentirse débil,
sin voluntad, mientras miraba con terror a la bruja que le aspiraba la sangre y el aliento llevándose pedazos de su alma. Su cuerpo se adelgazo y envejeció, el vampiro había sido víctima
de la bruja, lo había utilizado para su malévolo fin.

Ella necesitaba una pócima a base de saliva, sudor y sangre de una joven virgen más la sangre total de un vampiro para obtener la fórmula perfecta que le diera eternidad y juventud.
Soltó al débil y decrépito cuerpo del vampiro que cayó aterrado y agonizante;
la bruja reía sin detenerse alejándose triunfal del lugar. El vampiro poco a poco se desintegraba
hasta degradarse en un montículo de ceniza que un fuerte viento esparció por el bosque.

Ahora se dice que en dicho bosque aparece una joven mujer bella que cuando mira humanos
huye y se interna en lo más profundo del lugar. Un espectro como sombra vuela por las noches lanzando aterradores gritos. La obsesión y una excesiva confianza aniquilaron al vampiro,
el cual era una porción mayor en la pócima que daría eternidad y juventud a una malévola
y astuta bruja.

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Xavier Hernández©

Cartas

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Hurgando recuerdos en el viejo librero, donde a un costado colgada está aquella réplica del timón de mi barca, mismo que a ti me hiciera llegar en un viaje al sur, al tibio mar, a tu sagrada isla.

Observarlo me hizo viajar una vez más en recuerdos; otra vez a ti haciéndome perder la noción y realidad. 

Tres hojas de papel amarillas por el tiempo volaron desde un libro en caída lenta hasta tocar el piso, me hicieron recordar aquel otoño cuando las hojas cobrizas y secas caían de los árboles, el otoño en que te encontré.

 Con los sentimientos en la punta de mis dedos las levante y al alzar la mirada, metida estaba aquella botella de vino con su corcho por mitad, empolvada y con la espera postergada

para su misión de entrega.

 Manuscritos de tinta negra agitaron el corazón.

Tres cartas a Dominic que el mar no recorrieron, se durmieron en la espera, metidas dentro del viejo libro aguardando el tiempo.

Tiempo, sí… ¿ y por qué no?

 Aún lo es, sé que no tengo perdido del todo tu amor, lo sé porque me lo hiciste saber en tu última carta, donde expresabas el miedo a encontrar otro destino y me sentías perdido.

Yo solo me quede anclado sobre mi arena, sin sentir el tiempo perdido, muy perdido, al quererme reencontrar conmigo mismo.

 

El reencuentro llegó y muchas cosas cambiaron, solo una no, el amor por ti, el deseo, mis caricias, mis anhelos y mis sueños. Ellos han vuelto la vista a tu isla, a tu mar.

Terminó la espera, es momento de elevar anclas, de poner las cartas en la botella y enviarlas por delante; dando aviso de mi regreso a tus brazos que tanta falta me hacen.

 Tomaré el timón, seré un nuevo capitán, surcaré los mares con el viento a mi favor, al añorado sur, donde mi barca se estacione y subas en ella para navegar a mi lado

donde quiera que yo vaya.

 

Mientras tanto subiré a estribor y arrojaré la botella con mis cartas fervientes, que te dicen lo que aún siente mi enamorado corazón.

Cartas escritas con el alma transparente, cartas que no debí guardar.

Aquellas cartas que no te envíe.

 

Xavier H.

Breves líneas

A una bella (sirena) durmiente

 

Disfrutaras esta noche como nunca

y al cerrar tus ojos, una luz suave

abrirá un camino en la oscuridad

para iluminar tus sueños.

La Bella Durmiente emergerá 

desde el fondo de tu ser.

Combinadas y extrañas fantasías

se harán presentes durante

tus horas mágicas al dormir.

Levitaras y viajaras por tus mundos

que se transforman en segundos.

Hasta que el beso del príncipe sol 

toque tus labios al amanecer,

en un beso de sonriente despertar.

                     Xavier H.©

 

Ahora que no estás

 

Ahora que ya no estás aquí

te hago presente con mi mente 

para que no te ausentes del todo 

y tu recuerdo no se esfume como el humo. 

 

Aprieto mis puños vacíos, sin tus manos,

mis besos se ahogan al aire sin destino, 

donde tu boca sería el lugar a posarse.

 

Acompañó a la almohada en sus noches 

de insomnio, que al igual que yo, no concilia 

el sueño, sentimos el frío de la noche 

sin tu tibieza, sin tu calor. 

 

La alcoba te reclama en su soledad 

y yo igual sufriendo la misma enfermedad, 

desde que no estás aquí ausente estoy también,

divago como fantasma sin rumbo, en busca de su alma 

y en todo momento te hago presente en mi mente,

en mis sueños y mis anhelos.

 

Ahora que ya no estás, sigues aquí porque es mi deseo 

que tu recuerdo viva conmigo aunque te encuentres muy lejos.

Xavier H.©

 

Un poeta

 

¿De qué color es el alma del poeta?…

Seguramente matiza los coloridos y brillantes

cuando la sonrisa le acompaña.

Oscuros y grises si afligido está.

 

Y ¿sus sabores?…

Dulces, cuando plasma enamorados poemas

amargos, cuando el desamor hace su aparición

e insaboros cuando hay indiferencia.

 

¿Sus sueños?…

Sueña con el amor que inspira lo mejor del repertorio,

más si sueña con un amor imposible, nostalgia

y decepción será lo que escribe.

 

¿Los deseos?…

Desea mantenerse vivo, como habitualmente vive.

Llenando sus días con historias que dejará 

en recuerdo permanente e indeleble, sobre papel.

 

¿Pero quién es el poeta?…

Es aquel, que muestra los colores de su alma

sin importar cuales sean.

El que expresa sus dulces y amargos sabores.

El soñador que dormido se inspira y despierto sueña.

El que todo lo desea y lo comparte con nosotros

sumergido entre sus letras.

Xavier H.©

 

El poeta enloqueció

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Una pluma empuñada a punto de romperse, siendo llevada
en un deslizamiento apresurado; nervioso y casi haciendo
garras a la hoja del cuaderno.
La punta hundiéndose y formando arañazos, dejando cicatriz
por donde sus letras escribe, emulando a una espalda
arañada y castigada por un látigo de espinas.

Hay dolor entre los dedos por una desmedida fuerza
que el mal humor y la rabia le provocan, pero ¿qué más da?…
En letras mayúsculas escribe: “ ELLA REALMENTE NO ERA MÍA”
era circunstancial y suposición esa conjetura suya.
Desahoga su furia, sin ver que lastima la hoja de papel con
la punta de la lanza en que se convirtió la pluma, y así fue
castigando con su mano.

Renegaba aquel amor; decepcionado, llorando sobre la hoja
lágrimas de tinta y palabras de rencor.
Un poeta enamorado cuyas inspiraciones amorosas y sensibles
que a sus lectores regaló, ahora es totalmente desconocido porque
descarga una furia y un dolor.
¿Qué culpa tiene la pluma de ser ahora un arma que lastima?
Aquella la cual derrama sangre negra sobre la blanca hoja
haciéndole las heridas.

Tonto es él, que se enamoró de quien no debía.
¿Qué culpa tiene el papel rasgado por la fuerza desmedida de su puño?
Aquel que sintió las embestidas de un arma punzo cortante.
Culpable él, por no saber controlar las cosas del corazón.
No creí ver cegado a un poeta enamorado y haciendo uso
de su fuerza, lastimando a una hoja de papel, convirtiendo
a su pluma en un autor material en complicidad con su
violento puño.

Y él … sí él, convertido en este crimen, en el autor intelectual.

Xavier H.©

Viejos tiempos

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Estuve leyendo aquellas viejas cartas sin dudar que a mi llegaría la añoranza con ese típico aroma que da el tiempo a las cosas que se guardan por décadas. Me asaltaron los recuerdos en aquellas líneas leídas que a las mías respondían sobre papel de libreta escolar. Inevitable servir una copa de tinto, inevitable poner aquel disco de acetato; las cosas cambiaron, el tiempo transcurrió más no las emociones ni los sentidos.

Delimitada nuestra cercanía por la distancia que solo me reconforta una copa de vino con una vieja melodía, himno de nuestra historia. Sé que la escuchas también cuando tu pensamiento me llama obligado a recordar los mismos anécdotas alojados dentro de nuestro ser como tatuajes perpetuos indelebles.

No sé cuántas veces he repetido la canción, es como poner leños a la chimenea y mantener vivo el fuego que da calor; es que cada estrofa tiene tanto sentido, habla tanto de lo que fuimos, que repetirla mantiene avivado y fresco cada detalle conque vivíamos nuestro amor.

Ahora comprendo aquello de los amores imposibles donde se entrega todo, se apuesta el alma sin reservas y al final solo se resume en lo que la mente guarda de aquella historia. Una vieja melodía para dos y unas cartas que huelen a añoranza fueron factor en una tarde de lluvia para escribir mis memorias sin letras, no esta vez como suele ser.

El recordar a detalle cada momento fue suficiente para plasmar en la mente aquella época vivida en un amor de juventud.

                                                                            Xavier H.©

paciente espera

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El casero tenía cierta idea acerca de su viejo reloj; ese que colgaba sobre la pared en la chimenea, creía que llamaba tanto la atención en todo momento al entrar o salir de la sala por el solo hecho de haber pertenecido al abuelo.

Un vaivén paciente y rítmico de su péndulo, una  caratula antigua que pareciera sonreír gentilmente; adoraba tanto a esa reliquia familiar.

Más no sabía que la sonrisa era meramente sarcástica, burlona y de advertencia.

Cada ir y venir del péndulo significaba una pala de tierra extraída de aquel agujero destinado a su persona; la paciencia se debía porque el reloj conocía lo perfecto de su tiempo y llegaría el momento en que aquella tumba estuviese lista.

Sería ese el día, se detendría para su dueño, más no para los demás.

Continuaría su paciente labor preparando una próxima tumba y que sería para el siguiente miembro de la familia. 

                                                     Xavier H.©

Un queso en el cielo

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He mirado un cielo como pocas veces, claro entre la oscuridad donde los puntos luminosos pueden contarse; se observan las relucientes constelaciones en todo su esplendor y se mira como algunas estrellas caen .

Nada más bello que un espectáculo de esa magnitud, y allí nace la siguiente historia.
Al llegar la noche, poco a poco una luz clara fue invadiendo los pequeños espacios de aquella habitación, mismos que dejaban las cortinas de la ventana.  Una majestuosa luna llena hacía acto de presencia iluminando todo, como si fuera una  lámpara gigantesca.  Mucho era el brillo que interrumpió el sueño de un pequeño ratón que  dormía. Xavy, el ratón, se llenó de curiosidad por saber de donde provenía tanta luz, así que sin perder tiempo salto de la cama y asomó por la ventana.

– ¡Oh! –  exclamó asombrado al ver ese bello espectáculo.

No paraba de mirar las estrellas, tenían un toque mágico para sus pequeños ojos, Xavy estaba experimentando por vez primera ese panorama que la noche le regalaba; de pronto fijó su mirada en ese enorme círculo blanco que contenía algunas imperfecciones y daba la impresión de hacer contacto con la tierra. Comenzó a imaginar sin quitar la mirada del cielo.

Papá ratón, se encontraba sentado en su sofá leyendo a media luz, mientras mamá miraba el televisor y tejía un sueter de estambre para Xavy, de pronto unos golpes que provenían de la habitación del pequeño llamó la atención de los papas y de inmediato subieron para ver qué sucedía. Al abrir la puerta, vieron al pequeño roedor saltando sobre una silla mientras miraba por la ventana, en cuanto sintió presencia de sus padres Xavy comenzó a gritar emocionado,

– !papá, mamá¡ miren lo que descubrí –

– !un enorme queso en el cielo¡ –

– !ya no tendremos que comprar durante mucho tiempo¡ –

– !Es enorme y alcanzará para que comamos todos¡ –

Sus padres comenzaron a reír acercándose a él con ternura ante su inocencia.

Asomaron por la ventana y en efecto, había un espectáculo en el cielo que daban ganas de mirar hasta el amanecer, bien valía la pena.

Comprendieron la fantasía que provocó la luna en la pequeña mente de Xavy.

Su padre se sentó en la silla y lo cargó sobre sus piernas.

– Hijo- le respondió.

– Ese círculo enorme que pareciera estar sobre la tierra,no es un enorme queso, sino la luna llena –

– Entonces, ¿no es un enorme queso papá?-

– y pensé que por la mañana comería una gran rebanada –

Su madre amorosamente lo cargó en sus brazos volviéndolo a su cama, mientras lo cobijaba le dijo:

– No te preocupes cariño, tu madre tendrá listos unos emparedados con mucho

queso para la hora del desayuno –

– Así que duerme y no te preocupes por eso –

– ¿Pero, podré seguir llamando a la luna “el gran queso del cielo”? –

– Por su puesto campeón – contestó su papá
Xavy volvió a dormir con la emoción de su descubrimiento y sus padres volvieron

a la sala con la emoción de aquella fantasía que su pequeño hijo tuvo esa noche.
Así termina la historia del pequeño ratón y el enorme queso en el cielo.

Las fantasías pueden llegar en cualquier momento y de cualquier lugar

no hay imposibles para la imaginación.

Xavier H©

Luchando contra el amor

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Domingo tranquilo con poca gente caminando sobre la avenida, como suele ser común en  los fines de semana.

Me dispuse a disfrutar el momento, llegué a la plaza central tan típica, su iglesia principal, frente su palacio de gobierno en majestuosas construcciones antiguas y de arquitectura colonial.

Parecía un vagabundo demente, caminando a paso lento donde por lapsos me detenía a observar algunos niños arrojando maíz a las palomas que se aglomeraban para comer, les divertía asustarlas y verlas volar por montón. Otros comían helado, algodones de azúcar y cualquier otra golosina llegando así los recuerdos de mi infancia.

Cuando me adentre en los jardines centrales, no había nadie, solo una chica sentada sobre el césped y recargada en un árbol cómodamente leía, estaba concentrada en su historia y nada la hacía mirar en otra dirección.

Realmente se veía tan tierna; una blusa a cuadros amarilla con unos jeans azules, con un bolso de piel artesanal. Sí que era linda, discretamente me senté bajo otro árbol que estaba frente a ella, unos pequeños arbustos combinados con rosales me cubrían bastante bien.

No quería incomodarla ni distraerla, solamente admirarla, sentir esa paz que con su quietud transmitía; ¿qué más podía pedir para descansar y relajarme?

Debí traer un libro al menos para disimular, pensaba mientras recargaba la cabeza en el árbol. De pronto un ruido sobre mí entre las ramas, lo que faltaba, pensé, debe ser un pajarillo o alguna ardilla que quiera reclamar su espacio

!vaya inoportuno¡

Lo que menos deseo es esto, solo quiero mirar incansablemente a la chica.

Sobre mis piernas cayeron unas plumas blancas, suaves y nada comunes, al menos de pájaros que por allí suelen anidar; eso llamó mi atención.

Me hinque de frente a el árbol para observar qué podría ser.

Todos mis movimientos fueron cautelosos, no debía distraer a la princesa que leía.

Algo me asusto, alguien se escondía entre las ramas y hojas en lo alto, de pronto cayeron más plumas blancas.

–  !Hey¡ niño!  deja de bromear y baja, déjame tranquilo –

Solo eso se me ocurrió decir, sin saber quién era en realidad.

Más me preocupo ver una punta delgada en dirección mía.

Apuntaba a mi cuerpo y de repente se direccionaba hacia la chica.

– !Oye!, déjate de estupideces, alguien saldrá lastimado –

Todo en tono bajo, no quería llamar la atención

!vaya lío!

Parecía divertirle direccionando esa punta hacia nosotros

– !Maldición! – …

Se terminó mi tranquilidad, mi paz y mi paciencia.

Como pude desprendí el zapato, sin dejar de mirar al árbol lo lleve a mi mano.

-No puedo fallar o estaré perdido!-.

Me moví aprovechando que se cambió de rama, !zaz¡…

Conseguí desestabilizarlo, caía de rama en rama amortiguando los golpes.

No podía creer lo que veía, pero tampoco tuve mucho tiempo.

Cayó sobre mí y terminamos tirados sobre el césped.

Me fui sobre él y lo aprisione contra el piso, mientras entre los arbustos, miraba a la chica, para observar sus reacciones, al parecer no lo noto, baje la mirada y no podía dar crédito a lo que veía.

¡Era cupido¡…  ¡Sí!, el mismo

Se agitaba y revolvía queriendo escapar sin soltar su arco, intentaba flecharme, no se lo permití, rodamos en todas direcciones, me puso los pies sobre la barbilla, me tomó de los cabellos, mientras yo lo tome de las alas y del cuello.

¡Vaya que tenía fuerza el desgraciado!

Se me soltó un momento e intento flechar a ella entre los arbustos

lo jale de los pies, mientras me golpeó la cabeza con su arco

y así estuvimos, no sé durante cuánto tiempo, luchando y forcejeando sobre el piso.

Casi terminó desplumado mientras yo despeinado y sucio,

cansados por la batalla, tomamos un poco de resuello.

al mirar entre los arbustos, ya no estaba, ella se había marchado y no supimos en que momento.

– ¿Ves lo que provocas?-

-Solo quería admirarla y disfrutar su paz-

-Y tú empeñado en querer enamorarnos-

-Haz arruinado mi domingo! –

-¡Nooooo!

-Y tú has arruinado mi trabajo!-

– a eso vengo a la tierra- dijo

-les traigo el amor y solo bastaba que dejaras flecharlos-

-¡Eres un idiota!, tenías que descubrirme -.

-¡Púdrete!- y quédate solo si así quieres estar-

Me rompió la flecha en la cabeza y se echó a volar…

 

Poco a poco me puse de pie y observe a mi alrededor, salí discretamente y camine,

ya no mire a la chica por el lugar.

Nunca imagine que pudo haber salido enamorada esa tarde.

Me dirigí a la avenida y todos me miraban con la ropa sucia y los cabellos alborotados.

Llevo varios domingos sentándome en el mismo lugar, ahora con un libro, por aquello de las dudas y que ella volviera.

Lo más grave, que cupido quedó molesto y no va a ayudarme esta vez

lo he pensado bien, tendré que hacer labor yo solo, digo, por si ella vuelve.

La verdad es que no me sentía todavía preparado para enamorarme,

después de todo, creo que los golpes que me propino cupido

hicieron que recapacitara, solo espero no sea demasiado tarde…

 

Xavier H.©  2015