En mí / LF Medina

No entiendo lo que sucede en el interior de aquel lugar en donde se dice que habita la razón.
¿Pienso o solo actúo?
Quién me asegura que existe algo real aquí y allá, en donde pueda ser y no ser. He sido cobarde al esconderme de la oscuridad, un estado en el que, tal vez, podría encontrar la esencia y la afinidad.
¿Miedo?
Por qué habría de tener miedo, si para morir nacimos, para caminar está el sendero, y para sentir solo hace falta un palpito.
Entonces debo sumergirme en mi interior y cortar de una vez por todas ese laso que me aprieta y no me deja apropiarme de un espacio en este mundo. Que me adjudica el fracaso mental.
Así que dejaré fluir este río y ver hacia dónde se dirige en el trayecto. Quiero correr como el agua, sin afán, sin forma definida. Teniendo en mí tantos embrollos no puedo apaciguar mi espíritu. Por todo esto y a pesar de la página vieja que se cortó y voló, he decidido vivir aquí y ahora. En mí y para mí.

-LF Medina

Entre tus brazos / LF Medina

Tus caricias son saltos de fe. Me reúno muy a menudo con las dudas, pero aun así he decidido dejarme caer hacia el precipicio que limita en tus brazos.

Aunque me sienta inconsciente en este estado, estoy seguro de estar al pendiente de cada minúsculo movimiento; de tu respiración, el leve latido de tu corazón frente al mío y alcanzo a percibir, incluso, la sangre que corre por nuestras venas.

No entiendo que pasará después de ese instante. Si muera pronto o por el contrario viva cien años más. Todo es tan relativo cuando me tienes y te tengo, que no quiero saber que el tiempo pasa, que me hago más viejo, que no sé hasta cuando pueda irme y volver a ti.

Aunque no entienda la mayoría de infortunios que se agudizan en mis noches, solo quiero entender la manera en que pueda vivir sin tanta prisa, esperar con toda esperanza, y la manera más precisa de anidarme en tus brazos sin dejar ser dos almas libres.

-LF Medina

Infrahumano / Felipe Medina

¿De qué me sirve estar vivo si no siento?
No siento la cuantía de los días, no veo el paso de las lunas ni el salir del sol.
Un infierno más que se inventa en el otro mundo y es de este mismo.
Camino sin piernas. Ya de nada me sirve que vaya un pie tras el otro si lo único que me guía es mi propia sombra desdibujada en la tierra.
¿A dónde van a parar mis cenizas?
De nada me servirá esparcirlas en el mar si se las arrastra el viento hacia el cementerio.
He perdido el tiempo,
o el tiempo se ha perdido en el llanto de mi eterna servidumbre.
Ya no río, de nada me sirve la sonrisa si el dolor quema por dentro.
Me extraño. Me acaricio para consolarme pero mis manos están tan lastimadas que me hago daño y sangran mis heridas.
Así voy, así estoy; habitando entre pájaros negros que me recuerdan a mi alma, aquella que fue libre en algún tiempo.
Volaba, y ahora solo es oscura, como estas noches de invierno.


-LF Medina

Tardes de sosiego / Felipe Medina

Brotan sensaciones del espacio que parecía vacío en mi pecho, siento como se renuevan las fibras que se rompen a diario en mí cabeza, y se quiebra este hielo que enluta a mi corazón.

Es que te siento, tan tuya y tan mía, como las nubes del cielo que caen en el mar. Comparto contigo este calor que me arropa, como el sol que desaparece tras la montaña en estas tardes de perpetua tranquilidad.

No es una tarde más entre tus brazos, ni otra caricia repentina y temblorosa; son movimientos únicos e irrepetibles, que se nos dan tan bien, que la piel siente que no quiere ser tocada por otra piel, y mi boca, no quiere ser besada por otra.

Solo tú y yo, y de testigos unos pocos sentidos del paisaje, un tranquilo pájaro que canta para nosotros, el viento que sopla y nos revuelve el cabello, y en mí, un imponente sentir que me obliga a anhelar eternas estas tardes de sosiego.

-LF Medina

Llevo / Felipe Medina

Llevo conmigo una memoria de corto plazo, que olvida lo importante y le da mucho valor a lo despectivo.
Llevo un corazón noble, algo cursi, con valor romántico, algo lastimado pero no herido de muerte. Llevo una mirada penetrante como la de un preso en su celda, y dentro de la celda de mi cuerpo se aprecia mi alma; un alma pura, algo oscura en sus confines, pero al fin y al cabo pura, como el aire de las montañas que me vieron nacer.

-LF Medina

Creación del dolor / Felipe Medina

Una tarde sin sentido algo exasperaba en mí,
no sabía si era el amor perdido o las travesías que pasé por él.
Un piano que me acompañaba me dijo que escribiera unos versos con olor a canción y en él los interpretara:
“Entonces yo gritaba a pulmón herido,
con el corazón al aire y el mirar perdido,
en los sucesos de mis delirios,
que me hacían culminar mis fantasías contigo.
Pensaba,
en los tiempos de la guerra,
en la miradas candentes del deseo,
en las borrascas de la vía ferrea,
en lo regresivo de un conteo.”
y allí calló la melodía, la melodía murió, murió con el ser, murió con la canción; una canción de dos partes, dos partes de dolor, la parte de la creación y otra de defunción, la defunción de un piano, la defunción de un corazón, de una livida tarde, de un espectral cuadro, de un armario viejo,
y de un ser de antaño.

-LF Medina

Te esperaré/Felipe Medina

Te esperaré en aquel lugar del olvido.
En la espina de la última rosa que te regalé y que cortó mi mano. En la galería de fotografías de nuestras locuras del ayer. En aquel espacio de la montaña en donde te juré amor sincero.

Te voy a esperar, luz de mis días pasados, allá en aquel rincón oscuro en donde hace falta tu fragancia para percibir algo real. Pues en este lapso de tiempo entre tenerte y no tenerte, me he refugiado en estas letras que me consuelan a punzadas de pecho, a empujones de reproche y, de repente, a un sabor amargo producto de digerir tu olvido.

Al final de todo, te esperaré, amor, aunque no regreses y muera solo, como la última hoja seca que cae del árbol. Mas la esperanza me consuela con toques en la puerta que simulan tu llegada, y yo, con la suerte sin medida te imagino entrar, secar mis lágrimas y darme el último beso de mi vida.

-LF Medina

Senderos de luna/Felipe Medina

Escabrosos senderos que no conducen a nada. Son caminos de andar y andar y nunca acabar, solo se acaban las fuerzas contenidas en el frágil interior. Mientras una luna cortada por hilos de nubes blancas, asegura que la oscuridad apenas empieza; unos caminantes exhaustos de declive en declive sopesan el seguir. Es seguir o parar; renunciar o morir. Pues el sendero que guía la luna no conduce a casa, las miradas atestiguan que cualquier lugar no es el hogar; que cualquier refugio no es símbolo de seguridad. Porque la laguna jamás alberga el agua del mar, ni el mar regresa el agua dulce al río que en él desemboca. Todo fluye hacia una dirección, menos el caminante que no hace su camino al andar. Así pasan las noches eternas por ese sendero de luna, la marcha no aprisa y los corazones ya casi no laten, las huellas se borran y las almas perdidas jamás llegarán al cielo.

-LF Medina 2021