Hueco/Felipe Medina

Construí, perseveré y fallé
al retener algo aquí,
en la efímera estación de mi pecho.
En mis espaldas llevo alas rotas,
y un hueco abismal en mi centro.
Soy un leve soplido que
no roza con nada,
ni mi palpitar resuena,
ya no más.
No más de sentir,
ya no más de volar.
La sideración me posee,
la consideración me abandona.
Así vivo, cabizbajo y por inercia,
no desfallezco por creencia
y me limito a sentado esperar
lo que nunca ha de llegar;
algo que llene tan grande vacío.

-LF Medina

Mi andar/Felipe Medina

He sido tristeza y desolación
cientos de veces mal contadas,
no todo ha sido de color rosa,
me ha hecho trizas el sentimiento
al dejarme caer;
pues sí, he caído de la nube
en la que me ha montado la ilusión,
pues el que habita en suelo inestable
en cualquier momento
se precipita a tierra.
Caí, he caído y caeré,
claro ya está que ese es mi andar,
sufrir, rodar, sucumbir, plañir,
una que otra vez bien vivir,
y al final de todo, solo, morir.

-LF Medina

Paradiso e inferno/Felipe Medina

“El camino al paraíso comienza en el infierno” (Dante Alighieri).
Camino y caminantes conforman el mapa de cuerpos apilados hacia el crepúsculo,
sobrevolando en una estampida de creación; humanos y animales.
Un aforismo que nace,
una leyenda que muere.
Tiranas epifanías existentes,
de paraíso,
de destierro,
de pecados y profecías.
La parca sobre un caballo,
y la desnudez bajo el ápice de la vida.
Torrentes de sofismas derramando fe,
la fe en las alturas
y el clamor a la no caída al fuego eterno,
aunque, para llegar al paraíso
es inevitable conocer primero el infierno.

-LF Medina
Ilustración: Obra de Edward Dayes (1800)

Lumbre/Felipe Medina

Una llama impregnada de pasión omnisciente a mí,
enciendes,
apagas,
y vuelves a encender.
De las cenizas al carbón,
del carbón al fuego;
adrede
y sin presunción.

Yo, tumbado en el conticinio
que en mi lecho apantanado
me arrincona,
te dejo pasar
cada noche,
como el espanto y el rezo en uno,
como la peste y la cura en un tiempo.

Vuelves
a empalmar tus manos
con la concavidad hueca de mi pecho,
a incinerar este invierno,
a devolver la lluvia del suelo al cielo.

Y yo en reposo por fuera,
y mis demonios pávidos
entre alaridos, adentro,
muriendo de sofocación,
demostrando que el calor
calcina mi oscuridad
y me abre los ojos a la pasividad
—aunque efímera—
que me brinda la lumbre
que de tus caricias nace.

-LF Medina

Media noche/Felipe Medina

Media noche de insomnio,
de catarsis, de encierro.
El acúfeno y la soledad
disfrazadas de paz y arrullo,
me cuentan a susurros
que la tuve aquí muchas lunas.

Me cuentan como me sonreía,
y a mi mirada asentía,
como me cantaba
y después me escuchaba,
pues yo le recitaba mi lírica
como muestra laudable
de la pulcridad de mis sentires.

Eran instantes de media noche,
como ahora, pero ahora llora el cielo
tristeza y no de alegría;
mientras que yo sordo y mudo
me fusilo la esclerótica
a fotos, a letras menudas,
a luz azul y a oscuridad.

Ahora es la mitad de la noche, al igual que yo, soy la mitad de lo que fui, soy la mitad de un ser —algo sibilino— acurrucado en el recuerdo del último ósculo, en el que se fue la mitad de su alma.

-LF Medina
Ilustración: obra de Vicent van Gogh (1882)

Girasoles de van Gogh/Felipe Medina

Como girasoles de van Gogh son tus colores, de belleza imperfecta pero de perfectas facciones. Algunas de tus flores están opacas por tus decaídas, pero conservan la esencia y afinidad aunque tu aura esté perdida.

Deslumbrantes son tus trazos de cuerpo, con algunas cicatrices en los pétalos de tu cintura, pero son los rayos solares encajando perfecto, en todos tus lugares y en tu figura.

Me llevas a vivir una primavera eterna, cuando mis gélidas entrañas se mueren de invierno, me calmas el frío de piel y la hipotermia interna, me salvas de la muerte cuando de tristeza estoy muriendo.

Eres como las pinceladas del amarillo de van Gogh en los girasoles, un poco despeinadas como las ondas en tu cabello, pero con el brillo fulminante de muchos soles, y la épica melancolía de esos matices eternos.

-LF Medina
Pintura “Zonneblemen” por Vicent van Gogh (1888)

Olvidado/Felipe Medina

Olvidado me siento por el amor,
ya borró mi nombre cupido
de sus flechas.

Me ha olvidado la felicidad,
soy un trazo de tristeza
que se aleja cada vez más.

Me ha olvidado el tiempo,
ya no envejece mi cuerpo
tirado en la acera.

Me olvida la gente,
mientras pasean las calles
borrando cada vez más mis huellas.

Me he olvidado de mí
buscando flores en el asfalto,
formas en mis sombras,
y amor en mi soledad.

Incluso la muerte
al parecer se olvidó de mí
pues aún sigo vivo
aunque haya muerto
desde que la vida
pasa por alto que existo.

-LF Medina

Ilustración “Forgotten man” por Maynard Dixon (1934)

Playa de melancolía/Felipe Medina

En una playa de colores opacos,
de oídos sordos y olas mudas;
es sorda la arena y las olas callan,
murmura el cielo y la brisa me señala.
El mar en la catarsis de tus faros
me ancla a la melancolía,
me sacude,
me tira,
me llora,
me grita,
me hace extrañar,
pero no me mueve.
Soy un escombro más de la superficie,
un objeto de la soledad,
del olvido,
lánguido, tétrico y triste;
un ser que agoniza lentamente por amor.

-LF Medina

Ilustración obra de Edvard Munch