Recitando fantasías / LF Medina

Recito fantasías,
aquí, en esta realidad
divergente a mi pasado.
Montañas de media neblina
me acarician las heridas
y un frío que me cura
con el agua que destila el cielo.

Escucho la melodia del viento,
notas que vuelan y sosiegan,
que susurran en mi oído
y recorren una trayectoria inverosímil.
Baila la brisa con las hojas de los árboles,
baila mi cabello con la silueta
del relieve inamovible en la lejanía.

Recito un poema más,
frente a la inmensidad
de una tierra de catarsis.
Veo mi vida resumida en
lapsos de tiempo que recurren
a mis mejores latidos.

Ahora, late, corazón,
sin penas ni perjuicios.
Late a pleno por sobre la cordillera,
por la falda de la colina,
de frente al astro rey que nace.
Esperanza de mi juventud.

Soy yo el que escribe versos,
son los versos los que forjan
las múltiples tonalidades
de este sibilino ser humano,
que siente demasiado
y camina escaso de olvidos.

Recito anhelos apresurados,
lírica pulcra y sincera,
dedico algunos al amor que
me ha hecho sobrepasar el umbral,
aminorar las llamas enfrascadas
y encontrar la esencia verdadera
de disfrutar la realidad.

Un ser escultural,
que habita muy cerca de mi morada,
precedida por el majestuoso paisaje
que se refleja cada día en sus ojos.
Jardines a su al rededor,
flores multicolor, un girasol
que atestigua el casual encuentro
de un pueblo incrustado en la montaña
con nuestras enardecidas figuras.

No desfallezco ante la presión,
de las hojas que caen
al abismo del tiempo,
las flores que mueren prematuras.
Me sobra el deseo incauto,
de un nacimiento propio,
un rincón inefable para descansar,
y una propia historia hecha poesía.

Esto soy y nada más;
estela de mis antepasados,
diminuta gota de agua
que cae, se evapora y levita.
Trozo de creación viviendo
un ciclo etéreo y fugaz.

Recítame tú,
que ahora eres quien lee
este pretérito mensaje,
que escribo a retazos insonoros
del grito iracundo
de un alma que desea ser libertada.

-LF Medina

Dolor de patria—LF Medina

He perdido la fe en la humanidad,
por el cuerpo ausente de sombra que se posa a mi lado.
fantasmas sin ruido, unos pocos con memoria y un gran tumulto de almas que se van olvidando.
Nos estamos cayendo a pedazos,
a trozos sin formas de su proceder.
He perdido la fe, desde que vi caer el cuerpo de un inocente,
desde que escuché el grito de la voz acuchillada de una madre ante el deceso de su hijo.
Bien es cierto que es normal la muerte, pero no hay normal en las causas injustas, en la sangre derramada en manos de infames sin moral.
Desearía poder arreglar mi percepción,
pensar en positivos pero, mientras más pasan los días,
más razones me acorralan la conciencia,
viendo a mi patria decaída,
a mi bandera al revés, a los símbolos patrios inexistentes.
y a mi pueblo agazapado por los que ostentan un poder que no les pertenece. 

#SOSColombia
-LF Medina

Mi habitación—LF Medina

Mi habitación es de silencio,
afuera solo choca con mis paredes el ruido que proviene del cafetal.
Cada mañana me despierta los rayos del sol que entran por la gran ventana que da al extremo izquierdo de mi cama, una gran ventana vieja de hierro y vidrio, cual vitral de una iglesia colonial.
Pero aquí no hay rezos, solo se escuchan los palpitos de un personaje igual a mí, una persona que siempre soy yo aunque a veces me desconozca.
Cuando levanto la mirada puedo observar un techo muy alto, de fondo blanco y finito como un cielo repleto de nubes.
Y lo atraviesan unas líneas negras paralelas, son varas de madera que sostienen sobre ellas un tapizado de barro y encima tejas.
En mi cama reposa un cubre lecho de dos caras, un lado oscuro y otro blanco, así como las dos caras que tienen mis sueños. En el extremo inferior derecho yacen doblados dos tigres de bengala en un marco verde y acolchado, con los cuales me arropo cada noche, estas noches tan frías como el aire que baja del páramo.
Tengo un gran cuadro en mi pared, desconozco quien lo pintó, pero conozco muy bien lo que en él se contiene y lo que en mí siento al verlo. Es un gran paisaje de una cascada que cae y atraviesa dos extremos de un bosque de pinos. Unos árboles en otoño y otros en primavera, como dos estaciones en una misma realidad. Me produce tanta tranquilidad.
Mi cuarto es muy blanco, tan blanco como el alma que se anida en mi efímero cuerpo. Tan blanco que de noche puedo divisar las paredes, y en ellas el sombrero de mi difunto abuelo contrastado con mis gorras que también allí cuelgan. Debajo del sombrero de cuero negro de mi abuelo, frente a mi zona de estudio se puede divizar un almanaque de la cabaña, donde recuento los días que pasan alrededor de mi historia, así como un reloj de arena que me recuerda que tan rápido pasa el tiempo y que tan rápido se va consumiendo la arena de mi juventud.
Se puede divisar mi ropero, una estructura de tubos y canastas, así como las canastas de un supermercado, pero en vez de contener compras, contienen mis vestimentas. Al lado de mi ropa se esconde a medio lado una gran maleta negra semejante a un equipo de sonido, la cual me recuerda que cualquier momento sería propicio para partir. Estoy y estaré preparado cada día que pasa para salir de aquí e ir hacia donde lo quiera el destino. Dejar estas cuatro paredes que han sido mi morada durante varios meses, y en meses de varios años atrás. Dejar atrás esta habitación, mi retrato de pequeño que enmarcado reposa en la pared posterior a mi ropero. Y recoger mis zapatos que se escalonan frente a mi cama en dos secciones.
A un lado de mi cama está mi mesa de noche, donde guardo oscuros recuerdos, mis útiles de aseo, dos revólveres calibre 38 que cada día me recuerdan lo cercana que siempre está la muerte de nosotros. Y muchos papeles también, los cuales me mantiene pensando en las responsabilidades que acarrea la vida. En fin, una habitación con un impoluto valor sentimental para mí. Desde tiempos inmemorables he venido a la casa de mis abuelos y me he quedado aquí. No ha cambiado mucho, pero sí que he cambiado yo. El suelo es de cemento abrillantado como un lago sólido, es el mismo que he llegado a pisar siempre. La puerta es la misma hace ya más de 70 años, pero el aire que puedo respirar ahora es otro, y diferente al que respiraré de aquí a unos años. Pero tengo la certeza y guardo la esperanza que tendré que volver aquí antes de que se acabe el mundo, o antes de que mi vida se acabe.

-LF Medina

Al final/Felipe Medina

Antes del final de mis tiempos,
antes del deceso final de este cuerpo vagabundo; deseo volver a recorrer las calles que aún guardan mis recuerdos,
y allí recordar lo que algún día fui.

Socavar esas calles de tierra
hasta descubrir mis huellas.

Deseo admirar paisajes desconocidos,
y los que anhelé recorrer en mis sueños.

Recordar al amor de mi vida,
y tenerla a mi lado antes de partir.

Mirar lo duro de la soledad
o la euforia de la compañía.

Regar una vez más mis flores.

Escribir los mejores versos de mi vida,
mientras bebo una cerveza más.

Observar con una sonrisa en la mirada,
lo que fue y lo que dejaré como muestra de mi gratitud a este mundo y a la vida.

-LF Medina

Visiones / Felipe Medina

Tengo visiones a diario.
Veo una realidad utópica.
Veo la línea que divide los océanos pasar frente a las puertas de mi casa.
Visiones de paisajes que reverdecen,
que se desprenden de una neblina espesa y fría, donde se deja ver cada vez mejor el horizonte.
Veo a un ave blanca llevarse el dolor que guardaba para la soledad del encierro.
Veo salidas de habitaciones oscuras,
salidas para este cuerpo agazapado por el miedo a la metamorfosis.
Visiones traslúcidas, donde veo un sol que no es el sol, que es un gran ojo que me vigila y me ayuda a rectificar mis rutas.
Un cielo que no es cielo, sino un espejo donde se reflejan las tierras en donde estoy y ya no estaré más, un cielo terco en recordarme mis anhelos de habitar en él.
Veo al amor que me corresponde,
una figura esbelta, que lleva puesta las estrellas; estrellas que no son fugaces pero que inspiran deseos.
Y me propone cruzar el umbral del océano, salir de la oscuridad, besar otras tierras, y por ese cielo que refleja la verdad, volar.

-LF Medina

Corriendo bajo la luna / Felipe Medina

Noches en vela que revelan la fragilidad de mi conciencia,
y por allí otro trébol de cinco hojas que paso por alto a las orillas de mis senderos.
No es que no me tope con la suerte, es que la ignoro de pensar en eso,
en esto y en aquello que es solo un nudo de falacias;
mentiras que me “creo”.
Corrro, corro y corro,
sin pausas ni penitencias, solo avanzo en una huida sin sentido.
Por más que creo avanzar siempre termino en el mismo lugar en donde empecé.
Es que no puedo escapar de lo que siento.
Así recorra la línea recta de mil décadas,
así me arranque por completo el corazón.
¿Cómo se puede soltar una parte de ti?
Resulta más fácil correr a oscuras y sin más sentidos.
No entiendo, en realidad.
¿Por qué corro bajo la luna si no la veo?
sé que está allí por que percibo su luz,
pero la verdad es que no estoy bajo ella corriendo,
es ella la que escolta la diminuta silueta de este ser inamovible, desapacible e incomprensible,
que se reciente y olvida,
que se congela y no se pertenece.
Solo soy eso de lo que nunca se sabrá —a ciencia cierta— de donde provino y a donde fue a parar su foránea alma.

-LF Medina

Otro planeta / LF Medina

Nunca me había sentido de esta manera, con este cruce de impulsos tan naturales e incontrolables.
Siento que eres viento que me aligera el paso y no termina hasta que me lleva a despegar del suelo.
Un medio que me transporta muy lejos de este caótico mundo. Así yo te llevo y tú me llevas, como dos polizones con consentimiento mutuo.
Porque no te pertenezco por completo, ni tú a mí, solo somos dos instantes que se pusieron de acuerdo para formar un lapso de tiempo que no cuenta a límite ningún reloj.
Algo extraño, fuera de lugar, así de simple y complicado, con nuestros altos y bajos estados de ánimo, compaginamos.
Y a diario hablo conmigo mismo, le platico de cómo me llevas a otro planeta, que siento estar en un universo distinto, con otra forma de mirar la realidad.
No sé hasta cuando exista está realidad y aquel planeta en el que habitamos cuando estamos juntos, pero sé que en mi memoria todo permanecerá intacto. Y volveré cada día a ti, aunque no de cuerpo, llegará a ti cada atardecer mi alma, y así mismo puede que regrese mi cuerpo. Así ha de ser hasta que ya no existan más espacios de incertidumbre y solo seamos un eterno instante que perdure hasta el fin de nuestros tiempos.

-LF Medina

En mí / LF Medina

No entiendo lo que sucede en el interior de aquel lugar en donde se dice que habita la razón.
¿Pienso o solo actúo?
Quién me asegura que existe algo real aquí y allá, en donde pueda ser y no ser. He sido cobarde al esconderme de la oscuridad, un estado en el que, tal vez, podría encontrar la esencia y la afinidad.
¿Miedo?
Por qué habría de tener miedo, si para morir nacimos, para caminar está el sendero, y para sentir solo hace falta un palpito.
Entonces debo sumergirme en mi interior y cortar de una vez por todas ese laso que me aprieta y no me deja apropiarme de un espacio en este mundo. Que me adjudica el fracaso mental.
Así que dejaré fluir este río y ver hacia dónde se dirige en el trayecto. Quiero correr como el agua, sin afán, sin forma definida. Teniendo en mí tantos embrollos no puedo apaciguar mi espíritu. Por todo esto y a pesar de la página vieja que se cortó y voló, he decidido vivir aquí y ahora. En mí y para mí.

-LF Medina