Senderos de luna/Felipe Medina

Escabrosos senderos que no conducen a nada. Son caminos de andar y andar y nunca acabar, solo se acaban las fuerzas contenidas en el frágil interior. Mientras una luna cortada por hilos de nubes blancas, asegura que la oscuridad apenas empieza; unos caminantes exhaustos de declive en declive sopesan el seguir. Es seguir o parar; renunciar o morir. Pues el sendero que guía la luna no conduce a casa, las miradas atestiguan que cualquier lugar no es el hogar; que cualquier refugio no es símbolo de seguridad. Porque la laguna jamás alberga el agua del mar, ni el mar regresa el agua dulce al río que en él desemboca. Todo fluye hacia una dirección, menos el caminante que no hace su camino al andar. Así pasan las noches eternas por ese sendero de luna, la marcha no aprisa y los corazones ya casi no laten, las huellas se borran y las almas perdidas jamás llegarán al cielo.

-LF Medina 2021

Renovación/Felipe Medina

El peso de estos años recae sobre mis tobillos,
cada día me pesa más en la conciencia.
Que vida tan polvorienta la que me escolta
¿Estaré al medio, estaré al final?
Es preciso despertar,
revivir,
renovar.
Son las migajas de mi cuerpo las que se desprenden del tallo,
vuelan las partículas de lo que me compone.
Ahora me encuentro al borde del cambio;
quizá cambie para bien,
o cambie para mal.
¡Oh, que osadía!
No sé qué vaya a pasar.
Probablemente se renueven mis caminos,
mis crisis, mis promesas.
Ojalá llegue a donde no creía llegar,
pero a donde debía estar,
y allí me plante, y allí me quede;
a echar raíces en terrenos propios.

-LF Medina

Exilio/Felipe Medina

La vida y esa mala costumbre de enviarme al exilio;
me exilia el verbo que pronuncio pero no genera en mí una acción,
tartamudeo mis palabras de vida y así mismo transmutan mis significados.
¿Qué será de mí lejos de mis espacios?
si no conozco otro suelo diferente al que estoy pisando ahora,
no conozco rostro diferente al que asimilo en el espejo.
Solo pido piedad con mi alma al exiliar mi cuerpo,
piedad con mis huellas cuando se las lleve el viento.

-LF Medina

Hueco/Felipe Medina

Construí, perseveré y fallé
al retener algo aquí,
en la efímera estación de mi pecho.
En mis espaldas llevo alas rotas,
y un hueco abismal en mi centro.
Soy un leve soplido que
no roza con nada,
ni mi palpitar resuena,
ya no más.
No más de sentir,
ya no más de volar.
La sideración me posee,
la consideración me abandona.
Así vivo, cabizbajo y por inercia,
no desfallezco por creencia
y me limito a sentado esperar
lo que nunca ha de llegar;
algo que llene tan grande vacío.

-LF Medina

Mi andar/Felipe Medina

He sido tristeza y desolación
cientos de veces mal contadas,
no todo ha sido de color rosa,
me ha hecho trizas el sentimiento
al dejarme caer;
pues sí, he caído de la nube
en la que me ha montado la ilusión,
pues el que habita en suelo inestable
en cualquier momento
se precipita a tierra.
Caí, he caído y caeré,
claro ya está que ese es mi andar,
sufrir, rodar, sucumbir, plañir,
una que otra vez bien vivir,
y al final de todo, solo, morir.

-LF Medina

Paradiso e inferno/Felipe Medina

“El camino al paraíso comienza en el infierno” (Dante Alighieri).
Camino y caminantes conforman el mapa de cuerpos apilados hacia el crepúsculo,
sobrevolando en una estampida de creación; humanos y animales.
Un aforismo que nace,
una leyenda que muere.
Tiranas epifanías existentes,
de paraíso,
de destierro,
de pecados y profecías.
La parca sobre un caballo,
y la desnudez bajo el ápice de la vida.
Torrentes de sofismas derramando fe,
la fe en las alturas
y el clamor a la no caída al fuego eterno,
aunque, para llegar al paraíso
es inevitable conocer primero el infierno.

-LF Medina
Ilustración: Obra de Edward Dayes (1800)

Lumbre/Felipe Medina

Una llama impregnada de pasión omnisciente a mí,
enciendes,
apagas,
y vuelves a encender.
De las cenizas al carbón,
del carbón al fuego;
adrede
y sin presunción.

Yo, tumbado en el conticinio
que en mi lecho apantanado
me arrincona,
te dejo pasar
cada noche,
como el espanto y el rezo en uno,
como la peste y la cura en un tiempo.

Vuelves
a empalmar tus manos
con la concavidad hueca de mi pecho,
a incinerar este invierno,
a devolver la lluvia del suelo al cielo.

Y yo en reposo por fuera,
y mis demonios pávidos
entre alaridos, adentro,
muriendo de sofocación,
demostrando que el calor
calcina mi oscuridad
y me abre los ojos a la pasividad
—aunque efímera—
que me brinda la lumbre
que de tus caricias nace.

-LF Medina

Media noche/Felipe Medina

Media noche de insomnio,
de catarsis, de encierro.
El acúfeno y la soledad
disfrazadas de paz y arrullo,
me cuentan a susurros
que la tuve aquí muchas lunas.

Me cuentan como me sonreía,
y a mi mirada asentía,
como me cantaba
y después me escuchaba,
pues yo le recitaba mi lírica
como muestra laudable
de la pulcridad de mis sentires.

Eran instantes de media noche,
como ahora, pero ahora llora el cielo
tristeza y no de alegría;
mientras que yo sordo y mudo
me fusilo la esclerótica
a fotos, a letras menudas,
a luz azul y a oscuridad.

Ahora es la mitad de la noche, al igual que yo, soy la mitad de lo que fui, soy la mitad de un ser —algo sibilino— acurrucado en el recuerdo del último ósculo, en el que se fue la mitad de su alma.

-LF Medina
Ilustración: obra de Vicent van Gogh (1882)