Vida III

III Otro día. Pasó otro día sin darme cuenta, y las semanas, meses… y otro día.   Y aquí sentado espero sin prisas, porque entre luces y en la penumbra pasa la vida y es una dicha poder vivirla, verla pasar, sentir que es vida, aunque entre canas y las arrugas, diga: Pasó otro día…

Vida II

La vida pasa sin darnos cuenta. Ayer… boceté mi vida, tracé un esbozo, logré pintarla de suaves risas, de llantos cortos. Desdibujé sendas torcidas y más de las veces quise seguirlas.   Ayer, mi mundo era vida, logré vivirla con osadía. Logré plantarle cara a la vida con valentía e intrepidez. Qué gracia tiene la…

Vida

I Vida. Estoy, paso, la miro, la espero… me marcho.   Vida a paso lento. Vida sin un descanso. La paso sin miramientos y me río cuando creo, que la paso por su lado.   Vida sin muchas prisas, vida sí, ¡qué ironía! yo creyendo que la salto, que hago un quiebro, que la aguardo,…

Empecé a volar

Caíste como una pluma en mi vida, suave y ligero. Pero me acostumbré a tu ausencia y me deshice en las alas de tu impasividad. Y empecé a volar primero sola. Luego acompañada de la libertad; después con la independencia que me dieron tus desganas, y al final volé, sí. Volé junto a una bandada…

Superfrikiman

Hugo era un chico regordete, no muy alto, pecoso y pelirrojo. Esa mañana como siempre Hugo se enfundó sus mallas amarillas y se puso su habitual camiseta a rayas rojas y verdes. Se peinó su flequillo como todos los días, y después de petarse los granos nuevos que le habían salido en la cara, se…

Caperurosa rosa la cursi

Erase una vez, una chica llamada Nina a la que todo el mundo conocía como Caperurosa rosa la cursi, porque llevaba siempre a todas partes una capa rosa que le había regalado su abuela y porque sí, efectivamente era, muy, muy,  muuuuy cursi. Un día como tantos otros, pero no igual, la abuelita de Caperurosa,…

¡No salgas!

—No salgas a la calle. Recuerda que allí fuera no hay nada para ti. —Estoy cansado de estar encerrado entre estas cuatro paredes. Me siento atrapado en una cárcel. Solo hablo contigo. No tengo más vida que ese mohoso libro que ya me he leído cien veces. —Sabes que no puedes salir. En cuanto salgas…

En su mundo

Mario se balanceaba adelante y atrás una y otra vez… una y otra vez durante horas. Le transportaba a la calma y placidez que respiró no hacía mucho en las cálidas aguas del líquido amniótico. ¡Qué maravilla! Recordaba como allí no tenía que sufrir las inclemencias del tiempo, a veces exceso de frío, a veces…