Varas/ Carmen Asceneth

Un arma para defenderme
que me recuerde lo que siempre seré
hasta el día de mi muerte,
que soporte fresco de hojas y flores,
Luego un día, ya seca,
entre el fuego, ardiente.

Un bastón para guiarme en el camino
que sostenga mis huesos
y me deje en el punto más alto de la pendiente,
ahí donde el viento los convierta en polvo,
ahí donde por fin he de detenerme.

Un báculo para señalar al que ha de acompañarme,
o que me distinga de aquél que habré de alejarme,
de sabia luz,
de santa oscuridad,
de inmensa conmiseración por la nada
de mis penas y mis pecados.

Una vara,
una rama seca
que me sirva de timón,
de escudo
y de muleta.

ÚLTIMO/ Carmen Asceneth Castañeda

Es así.

la última flor

de la última tarde

en el último fuego

del viento encendido.

Última palabra

ventana de otoño

mapa adentro

para explorar soledades.

Último pétalo cayendo

contra el cielo

los últimos instantes.

Con la última llave

se cierra el último ven

y con el último remolino

se quiebra la tierra

(entiéndase mi piel)

Después…

nada: sombras.

El último vacío.

A trasluz/ Carmen Asceneth

A trasluz mis huesos

las venas que transitan

el color de mi sangre

la carne y la tripa.

A trasluz mis sueños

mis historias que trepidan

el olor de mis cumbres

la lágrima y la risa.

A trasluz instantes

develan fotografías

figuran secretos

delinean mi sombra.

A plena luz

fantasma

y  mujer.

A plena luz

palabra

piel

 y suspiro

que se muestra.

Crédito de imagen: Carlos Mateo

Laberinto/ Carmen Asceneth

Siempre hay otra ruta, otra historia, un yo alterno donde el paisaje cambia, donde nada es.

Camina contigo si vas derecho, o viras, o crees que vuelves sobre tus pies.

¿O es que el yo alterno es el verdadero y tú la sombra que va con él?

¿O es la historia que no conoces la que en realidad palpita y la tuya la que no fue?

Un laberinto, una escalera, un suspiro, una traición o un amor fingido.

¿Quién dice?

¿Qué es?

No va nunca solo mi latido

no va sola mi vergüenza

ni mi pena

ni mi culpa.

Y acaso sean los que toman mi brazo, dirigen mis pasos, me ayudan a deambular.

Anda

que el laberinto ya tuerce de nuevo tu destino.

Crédito de imagen: “Tránsito en espiral” Remedios Varo

Bendita / Carmen Asceneth

Bendita hambre que empuja nuestra carne por las noches a vestirse de cazador para saciarse.

Bendito Sol que no se ahoga en la ceguera.

Bendita  sed que anda por las tardes saltando charcos entre sobras de lluvia.

Bendito  incendio del pasado que no olvida la piel para macerarse con sus recuerdos.

Bendita luz del deseo que se queda como el brillo de los soles muertos.

Benditas  manos que no se rinden ante el sueño yerto.

Benditos años que se acortan porque saben a días de lucha y consuelo.

Bendita vela prendida del anciano, que ya no es hoguera, pero que en el apenas suspiro, sirve para salvar su agonía.

Bendita.

Bendita.

Bendita.

Crédito de imagen: Dimitra Milan

ORACIÓN DE LA SÉPTIMA LUNA/ Carmen Asceneth Castañeda

Hemos encendido la séptima luna
con las manos temblorosas por la angustia
y la soledad.

Somos Tot y Ast desterrados,
sin tiempo, con miedo, sin magia;
cansados de tanto buscar.

Soy el desierto en penumbra,
eres el viento que sopla
y me arrastra convertida en arena.
Soy duna,
soy colina
soy módano,
soy barranca
Soy furia apaciguada
temblando de frío y espera.

Hemos emprendido la huída
con el favor de Aldebarán
y no sabemos a dónde nos lleva.

Ya hemos transitado seis lunas
sin mar
sin ríos
sin lluvia
con sólo lágrimas de amarga condena.

Que Yah nos alumbre
Que Inn nos proteja
Que en su playa,
el corazón de Antares nos reciba
y nos absuelva.

© Carmen Asceneth Castañeda