HIPNOSIS -Eduardo Ramírez Moyano-

Cuando serpentea tu vientre entre danzas afrodisíacas y, descalzos, desnudos, nos retorcemos por el embudo de las sensaciones libres, los cometas se tornan más ardientes que de costumbre.
El astro rey, que doró tu piel con musicalidad brasileña, ahora me hipnotiza en el secreto de tu entrepierna. Entonces, rodamos en gravedades incontrastables, vibran enjambres de libélulas violáceas durante el trance.
¡Oh, senos de aceite! ¡Pubis de Cielo!
Y a la noche, libamos de nuestros poros en el limbo del último orgasmo y vuelan peces de tres ojos, mientras arden todos los monstruos de la corrección sobre terciopelo rojo.

Foto: Internet

ÁNGELA DEL VERANO -Eduardo Ramírez Moyano-

Ángela del Verano, ardo en deseos de besar al Sol, en lugar de darle la mano, ricura de mil encantos, canto de cien sirenas, que han hecho perderse a tantos barcos, y a las gaviotas borrar sus estelas, ¡ Ay, calurosa brasileña!, que un piropo no desdeña, brebaje del mundo del infinito, , que son tus sonrisas las mieles derivadas del corazón mismo.

Dulce como un carrusel de auroras multiplicándose en proceso paradisíaco son tus ojos, reina perpetua de mis extremos antojos, casual cual canción de jazz, entraste en mi vida para que los cisnes de mi pluma te versaran, así se besa a las Diosas en el Parnaso.

¡ Ay, Ángela! Que sí, bajaste de Cielo para enseñar del amor lo bueno, si no, cómo es que cada vez que cierro los ojos, tu rostro angelical de aquella noche veo.

Photo by Edi Israel/FLASH90.

ZADRUL -Eduardo Ramírez Moyano-

El lobo de la estepa trunca sus cadenas ensangrentadas, mientras aúlla en mitad de la gélida noche libertad prematura y exasperada. Ha perdido varias garras en su hazaña, pero no se puede decir que haya sido en vano. Ahora se zarandea libre y malherido entre los charcos, ya no volverá a ser esclavo ni a beber agua pútrida del fango.
La Luna está plena como de blanquísima porcelana un plato, pero llueve fuerte a intervalos y la criatura necesita resguardo.
A lo lejos ha atisbado una cueva, no es posible que hasta aquella tumba sombría lleguen las jaulas de su amo. Y si llora de dolor, tampoco es probable que se acerque hasta allí ningún humano.
Truena, relampaguea y le golpean con fuerza goterones como piedras en medio de la brutal tormenta.
Está llegando, y se dice entusiasmado:
-Por fin podré guarecerme y esperar a que sanen mis heridas…
Alberga la esperanza y el optimismo de un gran desafío cicatrizado, cuando penetra cojeando por el ignoto agujero de la rocosa y caliza piedra, boca lúgubre y siniestra del leproso montículo.
Una vez dentro, el sonido de la lluvia desaparece, se atenúa el cansancio, y el lobo lanza un rugido que vuela en forma de eco amplificándose aterrador a lo largo y ancho de una caverna que, a diferencia de lo que parecía desde afuera, asombra en espacio, tamaño y túneles, por no decir lo innombrable de sus diabólicas pinturas en las paredes. Si bien rupestres, el tema central siempre gira en torno a una visualización horrenda como mínimo.
En todas estas gigantescas estampas dantescas, que pude ver en penumbra gracias a la luz que entra de la enorme Luna llena, se plasman animales de diversas clases, entre ellos, lo que podrían ser perros y lobos también, pero el horror que le eriza el pelo es que todos se muestran ensangrentados y descuartizados junto a un cigoto de volumen impensable.
Inmerso en semejante orgía de pavor, con la mente perdiendo su cordura, se da cuenta de que la monumental roca sobre la que está apoyado late y, al tiempo, mueve todo su cuerpo… Un escalofrío le recorre la médula y se gira bruscamente. En efecto, el siniestro huevo se haya justo detrás de él.
El terror le empuja a saltar más adentro de la cueva, para evitar tocarlo.
Y, mientras piensa aturdido si aquel ovoide tiene progenitores, contempla en la sombra la estatua más horrenda y pesadillesca que ha visto en su vida.
Una especie de batracio gigantesco, con mandíbulas de cocodrilo rodeando dos cráneos verduzcos que alzan un cuerno retorcido, la panza de un sapo llena de pólipos, tentáculos y ojos como los de las víboras, sin extremidades inferiores, más que algo parecido a un caracol sin concha, pero de color rojo y babeando sangre. Naciendo de lo que podríamos denominar la espalda, varios flagelos granulados semejantes a espadas violáceas se apoyaban en el suelo húmedo.
El lobo creyó enloquecer, quiso no haber visto lo que vio y pretendió huir. Sin embargo, no podía moverse, los tentáculos le oprimían y sonidos guturales provenientes de Averno le arañaban los oídos, porque aquello, diablo, monstruo, o las dos cosas, no se trataba de una estatua.
El lobo había tocado a la cría del gran Zadrul, Señor de las cavernas y las grutas mefistotélicas, que blandiendo sus flagelos cortantes como sierras, le arrancaba la cabeza, y con sus múltiples ojos desorbitados contemplaba el poder de su ira, su venganza y a su atrevida víctima sobre una balsa de sangre esparcida.

DIVINA DINA -Eduardo Ramírez Moyano-

Un embrión rosa de ballena etérea me despierta a las cinco y media, todos los peces del acuario flotan por la estancia en hilera; toco la esfera de sal y me doy cuenta, van a un funeral, el del pez moteado azul turquesa. Dispongo unas luces tenues y me enciendo un cigarro con la llama del farol. Me miro y soy de color verde musgo, y es que estoy en medio del proyector de paisajes, Lorena hace sonar un chelo con gravedad incontrastable, las salamandras verdinegras chic hicieron de la quietud su estilo de vida bajo el plasma siempre apagado del atontabobos, y el jarrón con romero entre mis estructuras venusianas y mi homenaje a Lesbos pronto habrá que vaciarlo. Temo que el boggart haga alguna que otra trastada.
Prendo incienso de limón y atenúo un color de esperanza en las leds que adornan la marquesina, mientras contemplo una noche negra como el azabache, plena de algodones cárdenos rajados por nubes rojizas de filo de navaja, ni una estrella, ni Venus, ni la Luna, estampa de noche de absenta en París, decadentista…
Se escucha un avión que no vuela demasiado alto, justo en pleno fragmento preferido de Rendez-vous 2 de Jean Michael Jarre.
El hechizo de Pitia empieza a hacer efecto, pompas azuladas del mundo de las hadas brotan del cenicero, estallando en pétalos de cristal olor a fresa, entre purpurina e insectos luminosos que nunca he visto cambiando su color en cada nota del cielo. Fuentes de versos, luces de oro, incienso…

Y hoy una nueva estrella, reluciente como ninguna, brilla divina, porque en el firmamento esta noche luce el alma de mi iaia Dina.

IX. FUTURO -Eduardo Ramírez Moyano-

Cuando conocí el Paraíso de los ex-dioses que me transportó, si se puede decir así, al ex-finito, en el ático del club “La Rosa de Venus”, todo lo que había vivido hasta entonces me pareció superfluo.
Allí sí que se jugaba duro. En lo que dura un cigarro, podías pasar de tener el mundo a tus pies a perder la vida. Algunos caían desmembrados sobre el pavimento violáceo y dos androides zeta se dedicaban a limpiar los restos y alfombrar de nuevo.
En mi primera incursión virtual, tuve la suerte de conocer a mi ex-dios, tal emoción fue el catalizador genético que me recombinó transformándome en niño-camaleón, con lo que podía enfrentarme a cualquier adversidad gracias a la capacidad de cambiar de color e identidad según el contexto.
Ya no era un niño-porcino. Había trascendido al Mundo de las Ánimas, allá donde no tenían acceso los poderosos. Había cruzado el límite del cuerpo y a partir de ahora era energía en estado puro… En cuestión de milisegundos mutaba de Azathot a Siddhartha, de Jesucristo a Mefistófeles, Shiva, Brama… Yo ya no era yo, era el mismo Abraxas. En mi mente cabía todo el Mal y todo el Bien. Si inclinaba la balanza hacia el Bien, como ideólogo de los niños-tritones y los niños-anfibios en la sombra, los poderosos sucumbirían por fin ante una nueva Unimente mantis justa y equilibrada, recuperando el apoyo de las larvas rosa, y trazando el plan de ruta para un nuevo Orden Mundial más justo, equitativo e igualitario.


-¡Mirad, tiene los ojos en blanco! -señalaron tres supra-mentalistas.


-¡Ha alcanzado el Nirvana! ¿Quién eres? -exclamaron ya en grupo.

-Tranquilos. Soy el final del Nuevo Orden Mundial.


Y así nacería la leyenda de Néstor, el que es recordado, ascendido a Deidad por el pueblo, que cambió el curso de la Historia para siempre.

ANOCHECIENDO (retrospectiva) -Eduardo Ramírez Moyano-

Declina el horizonte ámbar de otra tarde que ya no arde, azafrán por nubes es el arte del color en lontananza, cuando a mis ojos, al mirar por la ventana, el Creador la mancha oscura de la noche azul con desdén me lanza.
Y cada punto de luz artificial se enciende automáticamente en tierra humana. Las farolas cobran vida nocturna y bailan con gracia. Dos estrellas perdidas cayeron del cielo entre besos, entre la susurrante ventolina, ajenas a la llovizna y a las esquivas esquinas.
Infinitas son las mujeres que han saboreado los mundos burbuja mil del mes de Abril. Construyendo puentes de ternura hasta la Luna, desde el blanco de tus ojos a los bellos vergeles de lagos vortiginosos, al caer de las palmeras sus rastrojos.
Ya soy tuyo, Diosa del Todo, meciendo mis sonrisas en tus recodos, Santa Natura, ¡ay!, que con sólo una foto, todas mis emociones haces tuyas.

VIII. Alizze -Eduardo Ramírez Moyano-

Me encontraba resacoso de pentanol en uno de los habitáculos dobles del sector 4, piso tercero, en el interior de La Rosa de Venus. Era un diseño japonés, pequeño y útil, suficiente para pasar una noche al resguardo de la intemperie y, si se poseían los mini créditos necesarios, tener acceso a compañía femenina a un módico precio.
Mi cabeza reposando sobre su vientre luminiscente daban a la estancia un aspecto mágico y futurista; a veces, el amarillo de la luciérnaga se fundía con el neón azul que filtraban los cristales de la mampara, y el conjunto de brillos otorgaba a la morada un aspecto ciberpunk retro, imposible de describir.
Pero cuando te asomabas por la ventana y contemplabas a todos aquellos niños-bicho envueltos en su doble piel de látex, intentando pescar información, casi siempre en vano , te invadía una sensación de impotencia desquiciante, no éramos sino peleles jugando su juego, el de los poderosos, como hámsteres en un laberinto sin salida.
Por ello, cuando Alizze, mi lumi de esa noche, me susurró:

-Y tú, ¿has estado “arriba”?

Me quedé perplejo: ¿A qué se refería?, ¿serían verdad las habladurías del “ático”?

Debía descubrirlo cuanto antes.

Foto: Videojuego Cyberpunk 2077

VAGAROSA -Eduardo Ramírez Moyano-

Los versos me revelaron las cadencias de tus siluetas, tan bien esculpidas tras las estelas de las estrellas y los cometas.
Luego, fuiste noche clara en el fragor del fuego del deseo, niña de amor y Luna de plata cuando te veo.
Más tarde, el firmamento creó coral en tus pestañas e infinito en mis anhelos, antes de convertir lo ignoto en algo nuestro.
¡Ay, vagarosa! ¡ Hoy brilla tan nívea la Luna por ti, niña hermosa!
El rocío te rodea y la escarcha te destaca, entre amalgama de flores se regodean tus fragancias. A veces, peces de doble cola cruzaron eones para engalanar nuestros amores, vinieron seres de todas las distancias y abismos para hacer de la vida su lirismo.
¡Ay, vagarosa! ¡ Hoy está la luna llena por ti!
¡Y eso es más de lo que yo pueda decir!