Carta a mi niña V -Eduardo Ramírez Moyano-

¡ Oh, mi niña ! Sé una emperatriz del Amor indiscriminado, como yo tuve conciencia anoche a la luz solar de la luna llena. Contemplando del alegre y danzante firmamento tantos mundos y estrellas, que debo relatártelo, mi nena. En el silencio, todos los seres humanos somos iguales, personas bellas. Y sólo desde el Amor pude tocar el Cielo, pintar versos con las yemas de mis dedos de acuarela. El pasado ya ha sucedido y el futuro está por llegar; sólo importa el presente, el aquí, el ahora y esta vela. Me llené de luz sincera, siendo consciente de lo que era, hoy soy consciente de lo que soy, mi dulce nena, que te arrimas a mi alma cual melodiosa enredadera.
Y Buda, Lao Tse, Cristo… Besaron mis cicatrices, lugares por donde entraron torrentes de Luz, sobre todo las de mi espalda, donde por las noches me crecen alas, renacidas y violáceas desde la médula.
Me hice consciente y despierto, bebí agua de fotones; aunque parezca increíble, me convertí en lo que amo, amé en lo que me convertí, y medité tiempo largo, infinito tiempo traspasé los límites y te amé a ti.

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