A Mariam -Eduardo Ramírez Moyano-

Ayer por la mañana el Sol se vistió de gala, cuando al recoger mi móvil olvidado conocí a Mariam, y más que cruzar palabras, agradecí al Cielo que sus iris de otro Universo me mostrara.

No sé si fue magia o destino, simpatía y empatía, o sus modales de grácil golondrina, los que me elevaron el alma.

Gracias por ser tan agradable e indulgente con este humilde trovador. Aunque sé bien que es osadía y desafío versar lo que sentí de corazón.

¡Oh, Mariam! Sonrisa de mil ricuras, ojos claros de mar maravilloso, en los ademanes de tu torso recorrí todo el Mediterráneo, y me inundé sin duda de tus gestos milagrosos.

Porque si alguna vez vi un ángel en forma de mujer, fue por la mañana en el día de ayer.

Efigie de diosa griega y amabilidad de la que ya no queda, Venus romana de la belleza, mi paz interior ensanchabas con tu elocuencia, ¡oh, Mariam, simpática y resuelta!

Natural igual que la vida, linda cual hija de Eros, me mostraste sin saberlo miríadas de cisnes de cristal, parejas de delfines de Luz y una gran aurora austral. Mientras mi mente me decía: «Tienes un ángel de vecina».

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