Aunque me incite la séptima sinfonía de Beethoven| Bernardo Cortés

(…l)

Que importa si te vas o te quedas,
en ti quedan todas las dudas,
el mismo dolor que finges al hablar,
. el que finge hablarme
. el que dice
. y no valora
y nos vence ante la cruda realidad,
mientras el fondo pueda tocar,
el vacío de su proximidad,
-como antiguo dialecto-
de nosotros dos.
.
..

Es verdad, el poco interés mata y se me esconde en la piel,
en la boca,
en los poros
en las llagas
en la insoportable levedad de otra mentira.
.
Tus mentiras
.
El silencio palpa la cicatriz que tu dejaste,
En mis manos sordas y frías, como una mantis religiosa.
.
Ya sabes, rara vez tenemos testigos,
y puedo disimular y poner la otra mejilla,
para que las cosas no sean desvalidas,
y tengan falsos remordimientos,
detrás de tu indecisa inocencia,
aunque tu soberbia sea un ídolo y caiga de rodillas,
y tu voluntad se incline ante la balanza,
y manche de sombra el silencio escondido,
que se extiende en tu costado,
y tu bondad sea solo eso: la suavidad con que rosas la máscara,
el antifaz con que te burlas.
.
-no reconozco el mío-
– y no reconoce el tuyo-
.
Quizás seamos simple adorno,
de una lengua muerta,
símbolos esotéricos, ocultos,
en la textura interior a la mitad de la piel,
sacudiéndonos en donde las dudas queman.
.
..

Porque tú eres la ridícula coma,
de mis frases,
los puntos suspensivos,
por encima de mi hombro,
buscando excusas en un pedazo de papel.
.
De la historia.
[Ésta que ojee de Sodoma y Gomorra]
.
Tu historia murmura en la página de un libro,
-el que leo-
y no comprendo tu idioma, ni tus huellas dactilares,
porque tu estupidez está hecha a tu medida,
en el espejo donde se ve tu incertidumbre,
porque tu dios regurgita identidades,
-tu identidad-
en esa blasfemia habitada por perros febriles,
tu cobardía entre la fe y la búsqueda…
.
.
-Me gustaría que te fueras de mi vida por el bien de la ironía-
.
Me gustaría no volverte a ver al girar la puerta izquierda,
de mis manos,
de mi Ser.
.
.
El muro invisible que no puede explicar mis pensamientos,
-no puedo explicar-
Ni te puedo explicar el porqué tu cinismo permanece bajo la lluvia
de mi piel,
ni el por qué en cada momento mi silencio,
crece a cada instante,
a cada instante,
mientras me doy a tocar por la ausencia,
porque en cualquier momento te iras.
.
-Y me iré-
.
Te iras llevando tu inmundicia,
con tu pasado desapercibido de huele a moral,
entre la gente de buen humor,
suficiente para un buen albedrío
en una tonada de ajedrez.

-Es decir, tu capricho en la vida de otros-
.
La miel de los viejos caminos,
que se quedó en la tumba abandonada,
de mis labios.
.
Te iras con la incertidumbre,
de que tu fracaso huela a confesiones,
– al menos por un rato-
en la boca de un desconocido,
en la boca confidencial de algún espejo,
cuando te asomes,
exhibas al monstruo,
masticándote la conciencia.
.
..

Después de todo, tu paraíso poco importa,
después de todo eres pieza única de mejor consumo,
migaja suculenta que a si misma se nombra,
.
.
No vengas con tus prejuicios de culto y rebuzno,
a tu cuarto de cielo abierto,
en el pecho,
en la mesa,
en la cama,
con una espina en la mano.
.
No vengas con la herida,
para autoengaños,
-auto/engañarte-
aunque me incite la séptima sinfonía de Beethoven.
.
.
.Ahora he dejado de nombrarme
-Sin nombrarte-
Es decir: sin que intentes sustraerme
en este encierro total en que no me asiste Dios,
porque mi silencio recoge los pedazos,
todos los pedazos arbitrarios
-tuyos-
los que armé con paciencia,
con la sana intención de tirarlos a la basura,
es decir: la que dejaste en mi camisa blanca,
en mis alas sin brújula,
después de haberla lavado
con el agua sucia de tu inmortalidad…
.
La inmortalidad de mi censura que no se adapta en la nueva Era.
.
La inmortalidad de mi escritura que no le asiste ningún estilo.
.
La inmortalidad del tiempo a años luz de la civilización.
.
La inmortalidad de los cien escritores con toda la herida no admitida por los psiquiatras.
.
..

Porque tus manos y tu piel,
fueron mis libros desordenados,
aquellos que encontré en tu templo,
en tu templo mal construido y pagano,
al pintar verdugos en la obscuridad de tu cuerpo,
el tema principal que no busque y no encontré,
ese que al final entendí con las cosas fijas
quebradas en mis manos.
.
Es decir: el ataúd hecho de mis-todas partes,
-el silencio-
que te vio al nacer,
porque te estoy borrando con la primera sonrisa,
-que me dio dios-
un dios inepto configurado por el Nuevo Orden,
te estoy borrando de la misma manera en que existo,
reencarnado en mis dos mitades,
al ovular mi instinto animal,
para después disfrutar tu silencio en que edifico,
la miel de la prostituta guardada en el fondo de mi ser.
.
..

Te guardo en los órganos sexuales como mi puta principal,
porque tú fuiste el manual científico aprendido en tres idiomas,
de los nuevos evangelios de los espectáculos antiguos
-nos dieron el mito-
-la leyenda-
la verdad nunca hecha superstición.
.
..

La mitología sigue ocupando lo anterior,
-la teoría del caos-
porque sigues siendo mi poema mal hecho,
los negros manuscritos
encontrados en los fetos
fermentados del silencio…
.
. Encontrados dentro de las catacumbas.

. El lado oculto de mi época, cruel y prohibida.

. Un lugar siniestro manifestado por la atracción de mi vértigo.
.
..

Tú eres el silencio de todas las ciudades encontradas,
de mi Ser
del antónimo,
la propiedad de todos los fracasos
que se suicidan entre los agujeros de la pared,
como el humo del cigarrillo evaporåndose en el cenicero
de mi boca,
de mis labios,
con obscuros diagnósticos.
.
..

. Cuando la obscuridad respira en mi pecho.

. cuando la oscuridad: ladrido invisible brota como un rocío de sangre sobre el huérfano espejismo de mi cuerpo.

. cuando la obscuridad cercana no modifica su reflejo estricto de hallarme de nuevo partido en dos.

.
..

Sin embargo son las tres y media de la mañana,
y la lluvia se ha tendido sobre la tranquilidad de mi isla corporal,
-Estoy solo-
y divago en las sombras de mil voces,
en la mano redonda que convulsiona…

. te escribo porque sigues oliendo exquisitamente en mi piel electrocutada a música de Beethoven.
. te escribo en esta habitación en donde ha nacido el grito de mi animal doméstico.
. te escribo en mi exilio condensado en la ausencia.
.
..

Cuando mi vida es una sombra de luz,
que ilumina los buitres espectrales,
como el maquillaje calcinado del último instante.
.
.
. fuiste el instante, las raíces de ninguna parte …

©Bernardo Cortés Vicencio

Bernardo Cortés Vicencio participó en varias antologías: Voces Papantecas, Iniciativa Poética. Los Escribas, en tres antologías anuales del festival de las artes papantla, antologías Versos de Plata, Sosurros en la Piel. Más allá de la piel, El desgarrador Eco de los Marginados. Libro de autoría: Cartas al Destierro.

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