Vuelta… que no revire –Daniel Olivares Viniegra–

Acá el vacío que cual la incierta

y siempre lejana

distancia

reclama y ama;

añora-llora (y ora)

por ti.

Aun(qué) de tu calmo ser,

tu noble carne

-o hasta de tu santa sangre-

en primavera o en invierno

día con día o noche a noche

por si de mañana o ya de tarde

tenga perpetua cuan agradecida

o bien inequívoca certeza.

Lágrimas salvas son estas

entonces, ya,

y no otra cosa.

Estaré bien (no te preocupes,

como siempre).

Filtro solo agua limpia y salada

para refrescar la silvestre y sustancial

perpetua flor de tu recuerdo.

*

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