“No se puede evitar” – Yaretzy Elizalde

No pude evitar no enamorarme de ti, no me pidas que no lo haga, no cuando después de yo a verme perdido, me encontraste de nuevo. Fue como entrar a ese laberinto que parecía no tener salida alguna, tu solo atravesaste las paredes y dijiste “No perteneces aqui” para luego llevarme contigo.


Estamos tan lejos de hacer historia, que nuestra introducción ni siquiera se ha escrito. Las hojas siguen limpias, intactas.
Estoy tan impaciente por tenerte. No puedo susurrarte el cuanto me derrite tu interior, ya que no lo escucharás, pero, ¿Quién ha dicho que las cartas de amor no pueden ser entregadas?

Será pasajero, lo sé. Pero no puedo evitar el hecho de que alguna vez mi ensueño se haga realidad.

¿Me darás amor en las noches más oscuras?
Porque últimamente el sol no se cuela por la ventana, la habitación está fría. Dime que la realidad será diferente esta vez.

Te estoy amando sin conocer el amor, y eso se ha vuelto un peligro. Si las emociones fueran danzantes, bailaría toda la noche para ti.

No se en que parte del universo me encuentro; si estoy en el lugar incorrecto donde esta la persona correcta, o si estoy en el lugar correcto amando ciegamente a quien no debería.

¿Me amaras aún sabiendo lo que llevo dentro? El pasado me pesa tanto como para ir a la misma velocidad que tu, y a veces solo pareces perderte en el horizonte.


Cariño solo dime lo que dolería escuchar, y déjame marcharme.

Puedo contenerme, pero las letras han dicho bastante ya. Solo puedo decir que no lo pude evitar. Moriré culpable de amar sin detenciones.

No puedo aferrarme a esto más de la cuenta para esperar a ser la adecuada para ti, no lo soportaría. Deberías decirlo, y sólo dejarme marchar.

—Yaretzy Elizalde





Varas/ Carmen Asceneth

Un arma para defenderme
que me recuerde lo que siempre seré
hasta el día de mi muerte,
que soporte fresco de hojas y flores,
Luego un día, ya seca,
entre el fuego, ardiente.

Un bastón para guiarme en el camino
que sostenga mis huesos
y me deje en el punto más alto de la pendiente,
ahí donde el viento los convierta en polvo,
ahí donde por fin he de detenerme.

Un báculo para señalar al que ha de acompañarme,
o que me distinga de aquél que habré de alejarme,
de sabia luz,
de santa oscuridad,
de inmensa conmiseración por la nada
de mis penas y mis pecados.

Una vara,
una rama seca
que me sirva de timón,
de escudo
y de muleta.