Cataclismo –Daniel Olivares Viniegra–

Y yo que no tengo más para desgranar

sino agridulces granadas rojas;

y nada más para ofrendar

que racimos de yertos ayeres

suspendidos apenas entre rasgados olvidos.

Perdón por no tener más amargura albergada

que la de esta mi boca

huraña y pálida toronja,

en abundancia plena  solamente y quizá

de resquemores olvidados.

Disculpe usted por no bramar ya cual bruto-o-desatado ciclón

de esos que apenas y sin pensar se arrojan

arrásandolo casi todo, en tanto (se) asemejan

gigantes justicieros.

Yo que ahora sólo tengo por dolor

uno que uno que otro gris aguacero;

triste, si acaso sí, por costumbre, o porque sí

pero, al fin, de todas las posibles maneras muy conforme,

y al final, y después de todo,

allá él… y de paso nosotros.

Señora mía: para usted no tengo más nuez vana

que aqueste –no otro– y más aún

el cansado y lánguido corazón

que ahora (y siempre) coloco entre sus manos.

*

Gracias siempre por calificar nuestras propuestas, lo mismo que por comentar y compartir.

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