Non omnis moriar (ever) –Daniel Olivares Viniegra–

Porque yo sólo soy yo

… y tú –si acaso– el rumor lejano que me acompaña.

Él/ella // ustedes/ellos no figurarán nunca

                    tras ningún horizonte.

Sangre palpitante y (sin embargo) nosotros jamás

sin culpas para vosotros…

Ríos de biología e historia ¿y todo para qué?

Allá los hombres y sus crudelísimas guerras;

acá las meras hazañas del breve vivir.

Desdibujados triángulos; cuadrados circulares

del todo concéntricos… dioses amables ya son.

Tibieza de la mañana; nunca frío en el corazón.

La luz es mi música.

Mi silencio es un mar.

Mañana es hoy.

El aquí es el todo.

*

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PALABRAS DESPACHADAS/Adelina GN

Queridas, a pesar de mi fosca voz de ayer, hoy desperté escribiendo
Emanando de mi mente la inspiración latente
Os evoqué en un recuerdo, en un pasado añorado
Os envolví en un, te quiero, deseado
Os acerqué a mi pluma por aquel encuentro esperado
Os pedí de nuevo que mi pelo añil no sea en vano
Queridas, hacer bondad, trasmitir mis anhelos, que no me pertenezcan porque los entrego.
Con vosotras evoco, envuelvo, acerco y pido… Siempre para otros.
Cumplir mis deseos, mis anhelos que muchos obtengan parte de ellos
Y así siempre será mi felicidad plena.
Adelina GN

Laberinto/ Carmen Asceneth

Siempre hay otra ruta, otra historia, un yo alterno donde el paisaje cambia, donde nada es.

Camina contigo si vas derecho, o viras, o crees que vuelves sobre tus pies.

¿O es que el yo alterno es el verdadero y tú la sombra que va con él?

¿O es la historia que no conoces la que en realidad palpita y la tuya la que no fue?

Un laberinto, una escalera, un suspiro, una traición o un amor fingido.

¿Quién dice?

¿Qué es?

No va nunca solo mi latido

no va sola mi vergüenza

ni mi pena

ni mi culpa.

Y acaso sean los que toman mi brazo, dirigen mis pasos, me ayudan a deambular.

Anda

que el laberinto ya tuerce de nuevo tu destino.

Crédito de imagen: “Tránsito en espiral” Remedios Varo

Mitología de Zirahuén * Susana Argueta

En la bruma, un conjuro;

tu silueta anochece.

Sigilas.

tus contornos escurren:

miel de tu cuerpo

aguas de la laguna.

Te incitas.

El aire respira,

jadea,

el tiempo late,

se acelera,

urge.

La noche se moja,

Sirena,

Espejo de diosa,

tu canto se abre:

apremia,

consiente,

festeja,

repican campanas;

agua exaltada

lago que es mujer

mira el sortilegio,

no enfurezcas:

este tampoco es tu hombre.

Media noche/Felipe Medina

Media noche de insomnio,
de catarsis, de encierro.
El acúfeno y la soledad
disfrazadas de paz y arrullo,
me cuentan a susurros
que la tuve aquí muchas lunas.

Me cuentan como me sonreía,
y a mi mirada asentía,
como me cantaba
y después me escuchaba,
pues yo le recitaba mi lírica
como muestra laudable
de la pulcridad de mis sentires.

Eran instantes de media noche,
como ahora, pero ahora llora el cielo
tristeza y no de alegría;
mientras que yo sordo y mudo
me fusilo la esclerótica
a fotos, a letras menudas,
a luz azul y a oscuridad.

Ahora es la mitad de la noche, al igual que yo, soy la mitad de lo que fui, soy la mitad de un ser —algo sibilino— acurrucado en el recuerdo del último ósculo, en el que se fue la mitad de su alma.

-LF Medina
Ilustración: obra de Vicent van Gogh (1882)

CORONAVIRUS X – Eduardo Ramírez Moyano-

Desde la aparición del coronavirus, todo neo-hombre era un niño-bicho ante el mundo que le rodeaba.
Las mujeres no mostraban sus sonrisas, la gente no se tocaba, corderos con bozal en filas al matadero eran las residencias de ancianos, y rebrote tras rebrote, mutaba el virus a uno más letal.
Se prohibía a la sociedad honrar a sus muertos (excepto en los refugios de la Resistencia, en las llanuras de Zonis y en el bosque de los niños-mantis de Atuk), los niños-porcino se fabricaban homúnculos y los adoraban, como si fueran niñas pequeñas con muñequitas en sus brazos.
Había llegado el fin del dinero en efectivo.
Desde que el club de los bichos poderosos inició el transhumanismo en CoronaTierra, y sobre todo a partir de la mutación del coronavirus al virus X, la plandemia se tornó forma de vida. Y las personas borregos controlados y educados por inteligencias artificiales.

TAMBIÉN SOMOS – Addel Córdova.

También somos de quien nos piensa a mitad del día, de quien al leer un libro o al ver una película nos identifica en uno de sus personajes y dice: ¡joder, se parece a vos!.
Somos de quien nos sueña por las noches, de quien sonríe al ver la luna cuando nos recuerda, de quien por orgullo no nos habla y de quien por miedo no se atreve a decirnos: “te quiero”.

© Addel Córdova