El grito * Susana Argueta

La noche tiene la forma de un grito de lobo

Alejandra Pizarnik

Es de mañana, el sol no sale aún. La oscuridad y el frío me envuelven, una vez más. Mi voz se aletarga y duerme, mientras un grito resuena en mi interior: ¡blasfemia! ¡Me rebelo contra el mundo que me hace desfallecer! Mi corazón late apresurado, acompasando el vertiginoso tiempo en el que vivo.

Me atraganto con el aire que se arremolina. Me sofoco. ¡Tantas palabras contenidas! ¡Tanto que decir! ¡Tantos años! Me he callado para no volver a llorar. Ahora, vueltas espinas, las frases de mi cobardía rasgan mis paredes cuando escapan despavoridas. No las puedo detener. Inevitablemente, mis ojos han de llorar.

Recuerdo los sueños de esta noche, cénit de los miedos que afloran y se hacen densidad; turbación y fantasmas, demonios, espantosas historias flotando entre las nubes de mi adormecimiento, aterradora cosecha de mis raíces expuestas al viento, raigones entreverados en los pies, cúmulo de pasmosa inmovilidad.

Mi piel sangra, escaldada por el recuerdo de tantos besos sin sentido, de los nombres sin eco, de las sombras flotantes que se desdibujan al salir el sol. Surcos de norte a sur, desde la claridad de mi pensamiento hasta la vera de mi sexo entumecido. Me desmorono, pero me aferro a no morir. Quiero regresar desde esta muerte instantánea, y grito, aprieto puños y dientes, me desfundo y el agua que contengo huye lejos de mí, líquido salado con sabor a viejos sueños. Me arrastro, jadeo e inevitablemente llega la muerte, una, y otra, y otra, y otra vez. Abro la boca: el silencio se desparrama.  Cierro los ojos y me resigno. Floto en el vacío.

Mi cuerpo es inmaterial. Se ha diseminado entre nubes y estrellas, ocupando el todo a un mismo tiempo. Escucho voces. Mis padres. Siento latidos. He vuelto a nacer.

¿Alguien me ha visto?/Felipe Medina

Si alguien me ha visto mirar el cielo
en la abulia de mis noches,
que me decifre la cantidad
de estrellas coruscantes
que se reflejan en mis ojos.

Si alguien me ha visto suspirar
el petricor de mi lluvia,
que siga el caudal de las charcas
a ver si alguna gota llega hasta ella.

Si ven en mi tristeza una risa,
no se extrañen,
soy títere de la locura
cuando agonizo.

Lo más probable es que vean
sonámbulo, extraviado
y lánguido de sentidos.
Avanzando porque mi pie
va tras el otro.

Respirando porque el aire
entra y sale en el ciclo normal
de mi respirar;
o tal vez ya no respire
y sea un muerto andante.

Si alguien me ha visto,
por favor, dígame,
que me ando buscando.

-LF Medina