AQUÍ ESTOY – Addel Córdova.

Aquí estoy vida mía, a kilómetros de ti, evitando a toda costa encontrarme con tu recuerdo, utilizando la distancia y el tiempo para extrañarte cada vez menos.

Aquí estoy vida mía, en una ciudad desconocida, extrañando tu presencia, tu sonrisa y la mía, esa misma que te llevaste el día de tu partida.

Aquí estoy vida mía, soñándote en estas noches frías, implorando al cielo fuerza para soportar tu ausencia, jugando a olvidarte, sabiendo que toda la vida voy a amarte.

© Addel Córdova.
Libro: Un amor que rozó el cielo (2018).

CORONAVIRUS V

Las consultas de los metaterapeutas estaban abarrotadas: ” Quiero sacar el pez que llevo dentro”.

-Paciencia – le contestaba un abstractor de clase omega.
Mientras, fuera del caro complejo “Optimiza tu Genética”, el holograma de un enorme cartel publicitario mostraba la imagen del Papa Azul pidiendo desafección a las “larvas fucsia”, que ya representaban la primera religión a nivel mundial. Era normal. Habían acabado con el hambre en la Tierra. ¡Ese era un buen Dios!
Caía el Sol aplastante de las 4 de la tarde y cada raza ejercía su rol, habían desaparecido tantas profesiones, pero habían nacido tantas otras, el mundo era un circo de bichos en un planeta que continuamente se estaba rebelando en forma de pandemias abrumadoras.

-Ojazos, me temo que no podré abstraerte tus branquias – prosiguió el genetista (que era un mosquito tigre, amigo de la familia)

-¿Y eso por qué Don Luis? – preguntó.

-Es difícil de explicar, pero iré al grano, no eres un niño-mantis puro…

-¿Es decir, tengo algún cruce más? – añadió inquisitivo Ojazos.

-No sólo eso, ¡eres pan-racial!, ¿te das cuenta?, tienes ADN de todas las razas, ¿sabes de qué te hablo?, Eres único, y eso te hace poderosísimo. Nadie debe conocer esto. Huye de los poderosos y haz el Bien.
Ojazos quedó estupefacto.

-¡Anda, huye, ves al bosque con los niños-mantis! – le gritó.

-¿Y las branquias? – gritó Ojazos.

-Te operaré a través de Virtual, no conviene que nos vean juntos – le tranquilizó.

-¡Gracias, Don Luis! ¡Suerte, amigo!

-¡Mucha suerte, Ojazos!

Eduardo Ramírez Moyano