Preámbulo | Bryan Freire

Hojitas de paja, pajitas de páramo

con un pestilente aroma a soberbia.

Siluetas pardas, sombras  que  se cuecen al alba.

Repites una y otra  vez: yo soy el corazón  de la noche.

Aves de presa persiguiendo un recuerdo,

una hormiga que siente al cosmos expandirse entre sus patas,

entre tanto ascendemos al inframundo.

La conciencia pesando en los párpados de la existencia.

El último hombre contemplando la supernova,

mientras se mofa y gustoso  pone fin a su existencia.

Tazas de té a medio consumir,

profetas posmodernos que claman por Morrison.

Escribimos poesía  en el país de la arrogancia,

mientras afuera un poetita llora desconsoladamente

porque acaba de descubrir su mortalidad.

Los fantasmas mueren en los faros de la noche

y las tazas de té continúan sin consumirse:

así imaginé un día cualquiera.

 

 

 

EL PASADO NO VIVIDO

Aquello que pasó ni se olvidó, ni se perdió.
Lo vivido no tiene color con la esperanza que nos aguardó
Destrozó el corazón; el alma moldeó
La libertad volvió y ocurrió, todo pasó
Ya el pasado murió, como muere el dolor
Que el pasado no vivido nos perdonó
haciendo que viviésemos un presente
que a muchos se les negó.

Adelina GN