NADIE

Nadie, nunca nadie me dijo, de haber sabido que el secreto se descubre, yo misma hubiese dosificado mis alegrías.
Me hubiese bebido el viento, dejando la brisa para adornar mi piel cuando con su contacto ella se eriza.
Hubiese frenado mis lágrimas, las dulces y las amargas.
Hubiese sonreído para que nunca cesase el latido enérgico de un corazón desconcertado.
Abandonado hubiese la tristeza que abogaba por una negligencia tranquila.
Paciencia que no había, sosiego que siempre falta, punto final de un tiempo que de momento te abraza, te acuna y te deleita con sus horas.
Nadie me dijo nunca, que la vida un día se acaba, vivamos al ritmo cual sea, hagamos caso de quien nunca dijo nada.
De quien no pronunció palabra, para que aprendiésemos que esto se termina, que cuidemos el minuto y envolvemos el segundo.
Nadie nunca me dijo, tuve que aprender a cuidar mi regalo, curar mi ego y cultivar mi humildad que es el mejor regalo que habrá y ha habido.

Adelina GN

Sombras

En la habitación del silencio
solo las ventanas oyen
el llanto inmaculado
de la soledad en cautiverio.

La compañía de las sombras
de frente y a espaldas
atestiguan austeras
los quejidos de un alma.

Y las borrascas insonoras
afuera solapan
las penas ajenas
con el llanto del cielo.

En la habitación de la oscuridad
las paredes son ciegas
Solo limitan espacios
de un gélido interior.

Así mueren las lunas
de las noches perdidas
bajo el abrazo de las sombras
que observan el vacío
de un espíritu en pena.

-Felipe Medina (Colombia/2020)

Obra de “TheHeadBanger93”

Basta con la noche/ Carmen Asceneth Castañeda

Basta con la noche

con sentirme la magia en la punta de los dedos

con cerrar los ojos

con quitarme los zapatos

con saber que entre el piso y yo

ya se mide un abismo.

Basta con quitar los diques

del corazón primero

de la lengua

y del pensamiento

de los recuerdos

del tiempo

de los rencores

de los amores

y del desaliento.

Basta con mi alma viva

y el corazón latiendo

para extender mis alas

y echarme al vuelo.

Finitud *Susana Argueta

¿Cómo hablar del  temor a lo divino, de la minúscula partícula que somos, del asilo cósmico que se convierte en nuestro breve hogar en un tiempo inmemorial, techo improvisado de cielo y lluvia?

¿Cómo retar esta magnificencia para sobrevivir unas horas a lo eterno? Porque esta partícula que somos, brota de las entrañas de Dios, encontrando el destello primigenio en nuestra alma, recuerdo de nuestro luminoso origen no-citadino.

Es en la finitud que encontramos la trascendencia, la humildad ante el acto de la creación y el fluir con el tiempo dado. Si no permanecemos, seremos eternos.

Cuerpo y piano

Una nota derramada
sobre mi piano veo
vibro con ella
me deslizo entre las partituras
de una bella melodía
que no me canso de tocar.
Eres y serás
la musa inmortal
de la más sublime
armonía del suspirar.

Suena sobre las aguas del mar
sonata que me envuelve
en el vaivén de las olas
y empapa las hojas
donde se escribe
el vicio de canciones
de un concierto sensorial.

Suena y resuena
en mis ojos, en mi cuarto
en mi cuerpo y en mi mente;
es tu cuerpo sobre el piano
que no parará de sonar
ni el tiempo, ni la muerte
lo podrán silenciar
sonará clemente
en una breve eternidad.

-Felipe Medina (Colombia-2020)

“Musa” de Dmitry Rogozhkin

DÉJAME – Addel Córdova.

Déjame calmar tu lluvia, secar tus lágrimas y cambiar tu semblante de tristeza por una hermosa luz de alegría.

Déjame caminar de tu mano, recorrer cada sendero juntos, encontrar la paz en tus labios y el paraíso en tus ojos.

Déjame susurrarte al oído que te quiero, que eres mi vida entera y la mejor persona de este planeta.

Déjame llevarte a las estrellas, al brillo de la luna, al fondo de mi alma y a lo más profundo de mi corazón.

Déjame amarte, quererte y llamarte para siempre: mi amor.

© Addel Córdova.
Libro: Un amor que rozó el cielo (2018).

ETERNIDAD CONSTRUIDA

Bellamente decoradas tus palabras me amaban, me llamaban a la vida y deliciosamente me sorbían el amor que tenía.
Acariciaste mi alma con ellas, diciéndome que me querías, lograste arrancar la tristeza que horrorosamente me cubría, no dejándome olvidar que vivía.
Acuérdate de la música, dulces melodías arropaban la distancia, mientras al reloj las horas le sonaban.
Difícil aquella decisión que nuestra vida cambiaba, llenando sin duda de esperanza el amor que nos unía.
Abanderados de eternidad sembramos la existencia, de franqueza no fingida, de conciencia bondadosa y de comprensión aleccionada.
Por un cariño cariñoso, de amantes de amatorias, que dibujaba en nuestros rostros, una felicidad construida.

Adelina GN