TARDE SOLEADA

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TARDE SOLEADA

Tarde blanca esplendorosa, cual níveo cisne de plumas rosas, cual grácil y bella paloma, oro blanco en los edificios ahora. Me fumo un cigarro mentolado en la habitación de mi hermano. Vuelan las aves en lindas miríadas plateando guiños cobrizos en el firmamento. El trinar de los pájaros es como una musiquilla celestial… Delfines azules danzando sobre olas de cristal. Esferas verdes caracoleando de ópalo en el pisapapeles. Violácea lluvia de gemas de ensueño…
Declina la tarde en maravilloso mármol infinito, diamante puro del día gastado, tararean canciones los hados, mecen las elfas a sus hijos, miro el reloj de cuarzo mientras el cielo se torna cárdeno, serenamente, como una pared recién pintada que se va secando, lentamente, sobresaliendo el azul a ratos, el rosa más a veces…
La antigua alcoba de mi hermano está decorada igual que un barco, hay un tablón con los principales nudos marineros, entre otros detalles, la rosa de los vientos… Es el lugar más silencioso de la casa, y donde mi abuela descansa. Ventanas como viñetas abren sus ojos en los edificios de enfrente. Guiños y muecas de los hogares a la venidera noche. Una película en cada ventanal diferente, estrellas ámbar y azulinas perlas por broche.
El aroma de canela de la vela entona fragancias nuevas, al tiempo que, violeta y negra, la noche se cierra.

 

Eduardo Ramírez Moyano

 

 

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