EN LA ORILLA

  EN LA ORILLA   Tu traje de vestir rojo transparente, que mi alma en lujuria envuelve, si es que te ves desnuda como un regalo de la suerte, que cualquier mortal deseara poseerte, oh, bello duende, de tez clara y ojos celestes; junto a la barca, te deshaces de las bragas y me invitas…