La malquerida

Quizá seamos bastardos de madre

querida vecina del piso de abajo.

Tu que dejas que te pisoteen,

de comprarte sin venderte…

y sigues ahí dando vida

pusilánime e inerte.

Quizá somos tus hijos ilegítimos

o bien tus moradores más rebeldes,

tan amnésicos de lactancia…

más de dar que de recibir

con tu segunda oportunidad

tatuada con retintín.

Hay muchas “importancias” antes de un después,

cuantiosas “verdades” a las que te rindes,

escasa de ungüentos para tus males…

pero la máxima es clara

enigmática cacique del cielo:

después de ti no hay nada.

Cuál sátira fui el remitente,

se regocija entre capullos y gusanos,

pues eres mi presente pendiente.

Tú que me das de comer,

reina y rosa de los vientos,

ofreces tu cama en cualquier momento.

Tú que cuando te enfadas

escupes sin dar explicaciones

haciendo honores de autoridad.

Porqué sólo tú secas mi sed,

mas a prueba pongo tu generosidad

cuando te afeita el barbero sin avisar.

Porqué tú inventaste el principio,

trolea y entierra

a quien quiera escribir tu final.

“Una Carta Rendida” – Yaretzy Elizalde

No sé cuántas veces recitaré una carta de despedida sin siquiera a verme marchado aún. He tenido esa sensación de que es hora… hora de irme lejos, pondría de ejemplo huir al otro lado del mundo si eso fuera posible.

A veces frío, y otras veces derritiendo el mismo hielo que has dejado. Intento encontrar una buena respuesta en mi cabeza del porque seguimos escalando esta montaña que ni siquiera nos ha llevado cuesta arriba, solamente nos hace ir hacia atrás sin siquiera tener un pasado. Constantemente el aire fresco ayuda a flotar las decisiones, pero ¿Cómo decidir si no hay una razón para hacerlo?

Me has condenado a infinitos rompimientos, y e aquí me sigo construyendo para ti.

Nos convertimos en ese castillo de arena que el mar se encargó de arramblar.

Me cuestiono el echo de que cerrar una puerta para abrir otra es lo correcto, pero tantas veces me confundo con cual es la puerta que cerrará todo aquello que me lleve a ti.

He corrido por la orilla de la playa sin perderle la pista a la orilla para poder llegar lejos, siempre estás en cada ola que chispea mis pies, mirándome de esa manera suplicante para que me adentre a las aguas cristalinas, y lo he hecho tantas veces, pero el agua no ayuda… cada vez es más agresivo el hecho de querer llegar un lugar que no es el destino.

Entonces el caos se muestra; son tantas puertas abiertas, y cada una posee una luz cegadora. ¿Quién diría que tanta luz llevaría consigo tanta ofuscación?

He dejado sobre la mesa mis últimas palabras hacia ti, pero es tanta revelación que las dejaré sobre aquella vela que encendiste para ambos intentado acompañar la soledad que nos brindábamos aun estando juntos. Espero veas estas letras, antes de que el papel se queme.

Yaretzy Elizalde ®