“Me Declaro en Filofobia” – Yaretzy Elizalde

El sol aún no tomaba posición en los horizontes, la oscuridad predominaba en el cielo. Las estrellas se ocultaban tras las grandes nubes grises que estaban a punto de soltar una lluvia feroz.

Recargué mi cuerpo en el ventanal, y solo veía las pequeñas gotas caer, y resbalarse sobre este, el árbol bailando de un lado a otro, como si el viento le dijera que era lo que tenía que hacer en esos minutos. El aire a mi alrededor se volvió denso, me costó articularlo.

La música de fondo.

La taza de café en mis manos.

Algunas hojas esparcidas sobre el suelo.

Ahí estaba yo, haciendo lo que prometí no hacer.

Evocarte.

Por un momento supuse que todo se encontraba estable. Qué tu estabas en la habitación redactando los poemas que me regalabas cada mañana, que el café estaba sobre la mesa enfriándose, y que yo me encontraba danzando sobre todas las habitaciones.

Que saldrías con el cabello desgarbado buscando mi presencia, y que podrías encontrarme incluso con los ojos cerrados. ¿Extraño no? Como podíamos sentir esa electricidad solo con tocarnos.

Siempre fue tan extraña la burbuja en la que nos encontrábamos. ¿Recuerdas?

No nos interesaba tomar el café frió. Realmente no nos interesaba que el mundo se viniera abajo, tu sola presencia no me hacía desear estabilidad en ningún otro lado.

Evoqué sin pensarlo la pequeña historia que dejó un alma enamorada, y un alma destrozada.

Él el alma enamorada, yo el alma destrozada.

Hasta que…

Todo comenzó a caer.

Fue como si el café frío comenzara a molestar, fue como si la música de fondo comenzara a quemar, y los poemas se transformaran en letras llenas de líquido amargo.

Los días y la vida se dedicaron a escribir una historia de amor inalcanzable para convertirla en una historia de amor indeseable.

Aquel día que decidimos tomar caminos diferentes, solo pudiste mirarme a los ojos, parecías arrepentido de aquello que habías echo. Yo… ni siquiera pude ver tus ojos, no quería hacerlo, mi fuerza era tan poca que la valentía se había escondido en algún rincón de mis entrañas.

Admiraste el lugar donde compartimos el cuerpo por ultima vez. Asentiste aceptando que había terminado y… te marchaste.

Transcurrieron minutos.

Seguía en la misma posición, no había movido ni un solo cabello.

La lluvia hizo de su presencia, y el despertador colocó esa música de fondo que siempre nos despertaba. El café seguramente ya estaba frío, sobre la mesa. Y los últimos poemas redactados se encontraban en el suelo, bajo las suelas de mis zapatos.

Fue en ese momento donde comprendí que lo grandioso puede ser convertido en polvo, y que el viento es tan salvaje como para llevarse solo las cenizas, pero no los recuerdos.

Que el sonido puede convertirse en silencio, y el amor en odio.

Yaretzy Elizalde ®

— Red – Not Alone

Filofobia : Miedo al amor, o enamorarse.

Caperurosa rosa la cursi

Erase una vez, una chica llamada Nina a la que todo el mundo conocía como Caperurosa rosa la cursi, porque llevaba siempre a todas partes una capa rosa que le había regalado su abuela y porque sí, efectivamente era, muy, muy,  muuuuy cursi.

Un día como tantos otros, pero no igual, la abuelita de Caperurosa, Doña Elvira, llamó a su hija por teléfono:

—Laura, soy yo, la mamá.

—¡ Hola mamá! ¿Qué tal estás?

—Pues por eso te llamaba, porque no me encuentro muy bien.

—Vaya y ¿qué te pasa?

—Nada grave, un poco de gripe. El médico me ha dicho que me quede en cama y me tome unas medicinas que ya he encargado en la farmacia. ¿Me harías el favor de acercármelas y de paso comemos juntas?

—Uff…pues yo no voy a poder acercarme. Me han llamado del trabajo y tengo que ir esta tarde porque Pepi, mi compañera, se ha puesto enferma. Pero no te preocupes que te mando a Nina, como está de vacaciones seguro que no pone problemas.

—Muchas gracias hija, dile que me hace mucha ilusión verla, y que ya de paso comeremos juntas y pasaremos la tarde viendo esa película de Frozen que tanto le gusta.

—Se lo diré mamá, pero tú no hagas nada, ya llevará Nina la comida y algo de merendar para que paséis la tarde juntas. Tú cuídate. Un beso muy grande.

—Otro para ti.

La mamá de Nina colgó el teléfono y fue a comprar las medicinas de la abuela a la farmacia. Cuando llegó a casa, preparó la comida: unas lentejas calentitas, una tortilla de patata y fruta para comer; y para merendar, un bizcocho de canela y limón, y zumo fresco de naranja y mandarina. También puso queso y jamón para el aperitivo y unas galletas de chocolate por si les entraba más hambre. Colocó todo, junto con las medicinas, en una cesta de campo y fue a hablar con Caperurosa.

Nina se encontraba sentada en el sofá, acababa de pintarse las uñas de color rosa, por supuesto, y estaba soplando sobre su obra de arte para que se le secaran más rápidamente sin empastarse.

—Nina, hija, me ha llamado la abuela que está con gripe y hay que llevarle las medicinas.

—Jo mamáaa, acabo de pintarme las uñasss

—Nina, acaba de secártelas y haz el favor de llevarle todo lo que le ha recetado el doctor, anda.

—Ufff!!! ¿Y no puedes ir tú? Oseaaa ¿En serio?

—Nina, no empecemos, si te lo digo a ti es por algo. Yo tengo que ir a trabajar porque mi compañera está enferma. Coge la cesta que te he dejado preparada y le llevas a la abuela todo lo que compré en la farmacia y la comida que he preparado.

—¡Ay Eso sí que molaa, me quedo a comer con la abuelitita eh!

—Claro cariño, preparé lentejas que sé que os gustan y un poco de embutido para el aperitivo, jamón y queso.

—Ains mami eres un cielo. Osea Cuánto te quiero.

—Escucha Nina, ve directa y no te entretengas que la abuela no se encuentra bien.

—Sii mamá

—Nada de pararte a coger animalitos heridos

—Siiii mamá

—Ni flores

—Que siiii mamáaaa

—Ni hablar con desconocidos que te conozco

—Jooo que síiii…osea que pesada

—Venga coge la cesta y vete directa

—Vale voy…espera, espera que miro si se me han secado las uñasss…¡Ummm parece que sí!

—Venga, veee

—Espera, espera que me pongo un poco de coloniaa

—Venga Caperurosa que se hace tarde.

—Que sí, que ya voooy, un momento que me limpio mis zapatos de charol rosa mega chulis.

—Vale vaaa, ya te preparo yo la caperuza que te regaló la abuela.

—Ains siiii…¿a que estoy monísimaaa?????

—Estas maravillosa y estupenda de la muerte…un beso enorme y recuerda…

—Que sí, que voy directa.

—Y dale un beso fuerte a la buela de mi parte.

—Que siiii osea, hasta luego mami.

—Llamamé cuando hayas llegadoo.

—Que siii Lo harée…ains madres…

Y Nina, nuestra Caperurosa rosa, impecable como siempre, con sus uñas rosas recién pintadas y la caperuza rosa que le regaló su abuela, se dirigió monísima y super coordinada de la muerte, a casa de su abuelita.

Por el camino, Nina iba tan contenta que se puso a cantar mientras disfrutaba del paisaje tan estupendo de aquella mañana soleada:

“Soy Caperurosa la más hermosa.

Siempre coordinada

y una monada.

Con mi caperuza rosa

y mi jersey de angora,

soy la más molona.

Mira, si mooola.

 

Soy Caperurosa la más hermosa,

con mis zapatitos

de charol fino,

bailo, canto y danzo

por el camino,

como una ninfa.

Mira que liiindoo”

El día era espléndido y las mariposas no paraban de revolotear de una flor a otra, y es que las flores brotaban por todas partes inundando el paisaje con sus bellos colores. Tanto era así, que Nina no tardó en fijarse en un arbusto que estaba a rebosar de preciosas azucenas. Las margaritas, lilas, violetas, lirios, begoñas, campanillas, se encontraban por tooodas partes.

—¡Oooooh que preciosidaaaad!!!…Osea…¡qué pasaaaaadaaa…!!! ¡Qué colores increíblemente maravillosooooos!!!!…Sé que le dije a mi mamá que no me entretendría cogiendo flores, pero es que, osea…son tan estupendas…solo dos, cogeré solo dos que seguro que le encantarán a mi super mega chachi abuelititaaa.

—¡Oooooooh y esas rosas salvajes que están a la orilla del río! ¡Uffff que maraviiiiillaaaaa…osea solo me desvío un poquito del caminooo y vuelvo enseguida. Luego echaré una carrerita y recupero el tiempo perdido.

—¡Ooooooh ooooooh un arbusto de jazmines! ¡Qué bien hueeeelen! Si cojo unos poquitos darán un aroma increíble a este maravillosísimo raaaamo. Solo unos poquititossss…Ainssss como le va a gustar a mi super mega chachi abuelititaaaaa

Y así Nina se entretuvo un poquito más de lo normal. Tan absorta estaba en el ramo de estupendas flores que estaba haciendo, que no se dio cuenta que desde no muy lejos era observada por un antiguo amigo con el que no se llevaba muy bien.

—¡Ummmm…ahí está Caperurosa! Tan guapa y elegante como siempre. Me acercaré a saludarla a ver si tengo suerte, y le puedo hincar el dienteeee… ¡Jjajajajaja!!!!

Así de un salto, nuestro lobo feroz, al que todos conocían como Toni, el malote,  se plantó delante de Caperurosa, que ya se encontraba de vuelta al camino que llevaba a casa de su abuelita.

—¡Hooola linda Caperurosa! ¿Qué te trae por aquí?

—¡Hola Toni! ¡¡¡¡¡Uuuuufffff!!!! Osea¡Qué horror! ¡Pero quéee mal hueleeees!

—¡Jo Nina! Tan exagerada como siempre. Si me lavé en el río hace tres meses, lo recuerdo muy bien porque me caí en él.

—¡Tres meses!, osea ¿tres meses desde tu último baño????¡Uff Toni es insoportable! Me voy, que además mi madre no me deja hablar con desconocidos.

—Venga Nina que tú y yo ya nos conocemos.

—Sí, y siempre estás haciéndome maldades. Me voy, que la peste es insoportable y me voy a desmayar del mal olor.

El lobo que conocía muy bien a Caperurosa se fijó en lo guapa que estaba.

—Por cierto Nina, estás muuuuuuy guapa.

—Ainsss…gracias lobo.

—Estás impresionante con esa capa rosa, tan fashion. Pareces una estrella de cine.

—¡A que sí!, es lo último de lo último en la pasarela de París, lo más chic en moda…

—¿Y esos zapatos tan brillantes?

—Ainss… son de charol importado, elaborados a mano. ¿A que son super guayssss?

—Estás divina de la muerte y…hueles tan bieeen

En ese momento el lobo fue a acercarse a Caperurosa para olerla y aprovechar a hincarla el diente, pero justo, pasó por allí el panadero del pueblo que iba vendiendo por las fincas el pan recién hecho del día.

—Buenos días Nina…Buenos días Toni, a ver qué hacemos eh. ¡Compórtate!

—Siii claro, solo estaba saludando —dijo el lobo enfurruñado porque vio que ya no podría comerse a Caperurosa en ese momento.

—Hasta luego, osea… ¡Que tengas un buen día Manolo! —saludó Caperurosa al panadero.

Y el lobo, al que acababa de estropeársele el plan de comerse a Caperurosa en el camino, por si la oían gritar, tuvo que improvisar otra jugada.

—Por cierto, Caperurosa, que ramo de flores más bonito.

—¿A qué es super mega chulísimo de la muerte? Es para mi abuelitita que está enferma, ¿sabes? osea ¡tiene un catarroooo!

—Pobre abuelita, está tan mayor la pobre. ¿Así que vas a casa de tu abuelita? —al lobo se le ocurrió comerse a Caperurosa allí, pero tenía que llegar antes que Nina, así que ideó  una estratagema.

—Oye Nina, estaba pensando…vas tan estupenda y guapa…

—Aisss, gracias Toni…¿A que sí?

—Sí…por eso sería una pena que te mancharas de barro. No sé si sabes que se ha roto la fuente y el camino, un poco más adelante, está lleno de fango…es un desastre, todo inundado y pringoso, vas a llegar sucia y embarrada de los pies a la cabeza.

—Ainsss qué horror, es un desastreee, qué mal…¿y ahora qué hago? osea¡Qué tragediaaaa!¡Qué disgusto me has dadooo!!!!

—Si quieres, siguiendo la senda que hay junto al río puedes llegar igual. Es un poco más largo el camino pero llegarás impecable y sin mancharte tus preciosos zapatos de charol importado, del sucio y asqueroso barro.

—Oooh Toni, eres un encanto. Graciaaas, me salvas la vida…te debo una. Un millón de besos. Me voy ya que sino se me hará muy tarde. ¡Adiós!!!¡Chaaaao!!! ¡Eres un amor! Y acuérdate de bañarte que en serio, el olor es insoportable…

Y Caperurosa cogió la senda de al lado del río, mientras el lobo cogía carrera por el camino para llegar antes que Nina a casa de la abuela. En un principio pensó en comerse primero a la abuela, pero cuando recordó que estaba enferma y acatarrada se le quitaron las ganas. Mejor se comería a Caperurosa que estaba sana y era más tierna. De la abuela ya se encargaría cuando llegara a su casa.

Y Toni el malote, se dirigió a casa de la abuela, mientras cantaba emocionado pensando en el malvado plan que acababa de idear.

Es Caperurosa la más hermosa,

siempre coordinada

y una monada,

con su caperuza rosa

y su jersey de angora

es la más molona

mira, si mooolaaa.

 

Es Caperurosa la más hermosa,

con sus zapatitos

de charol fino,

canta, baila y danza

por el camino.

Como una ninfa.

Mira, que lindaaa.

Ya en casa de la abuela, el lobo llamó a la puerta.

—¡Ding dong!

—¿Eres tú Nina? _—gritó la abuela como pudo desde la habitación.

—Siii…soy yo, osea tu super mega nieta divina de la muerte— dijo el lobo intentando imitar la voz de Caperurosa.

—Pasa Nina, pasa, que no está echada la llave.

Y de un salto, el lobo se plantó en la habitación de la abuelita, que al verlo pegó un grito y del susto, se desmayó.

— ¡Aaaaaaah…!!!

—Arrrg…que arrugada y vieja está la abuela. Y sí que está acatarrada la pobre. La meteré en el armario y me comeré a Caperurosa. Esa sí que está tiernaaaa jajajaja.

Toni cogió a la abuela, la metió en el armario, y al hacerlo vio camisones y gorros limpios de la abuela colocaditos en los estantes, por lo que se le ocurrió una idea. Se puso uno de sus camisones, se encasquetó uno de sus gorros de dormir, y decidió esperarla metido en la cama. Se divertiría un rato haciéndose pasar por la abuelita y de paso, descansaría en un lecho blandito y calentito, que hacía no sabía el tiempo que no lo hacía.

Al cabo de un rato largo llegó Caperurosa y llamó al timbre.

Ding dong.

—¿Eres tú Nina? —dijo el lobo imitando a la abuelita, que hacía un rato le había dicho lo mismo.

—Siii abuelititaaa, soy yo Caperurosa, tu super mega chachi nieta divina de la muerteeee.

—Pasa Nina, pasa…que no está echada la llave.

Caperurosa pasó y ya por el camino:

—Jo abuelititaaaaa…qué voz más ronca tienes.

—Es la disfonia Nina, de la gripe que tengo. ¡Qué malita estooooy!!!!

—Ufff abu, creo que te va a hacer falta una logopedaaa

Ya en la habitación, Nina se acercó a la cama donde se encontraba el lobo.

—Abuelititaaaa que mal hueles… ¿desde cuándo no te duchas???

—Aaaay Nina, con la gripe no he podido ducharme.

—Ya, pobrecita mi abuelitaaaa. Oye abu que ojos mas hinchados tienes.

—Ains Nina, la conjuntivitis, mira que ojos me ha puesto.

—Pues sí abu un colirio no te iría nada mal. Jooo abuelititaaaaa ¿y esas orejas?

¡Qué orejas más grandes se te han puestooooo!

—Oooh mi niña, la otitis, he pillado con la gripe una otitis que me ha inflamado mucho los oídos…fíjate qué maliiiita estoy.

—Pues abuelitita yo te traigo tus medicinas y además la mamá nos ha preparado unas lentejas calentitas, una tortilla de patata y fruta para comer, y para merendar, un bizcocho de canela y limón y zumo fresco de naranja y mandarina. También ha puesto queso y jamón para el aperitivo, y unas galletas de chocolate por si nos entra más hambre. ¿Qué te parece?

Al lobo se le hizo la boca agua solo se escucharlo, tenía tanta haaaambre…pero pensó que si le decía a Caperurosa que le diera un poco no lo haría, era tan feo y…olía tan mal. Así que decidió seguir con su antiguo plan.

—Me parece estupendo Nina, huele muy bien y se me está haciendo la boca agua…

—¿A ver?… —Caperurosa retiró las sábanas de la boca de la abuelita y cuando vio su boca —¡Aaaaaah…abuelititaaaa, qué boca más grande tienes! ¡Y qué alitosis, y qué suciaaaa!!

—¡Uuuuaj! Ya basta Nina, la tengo así porque no me la lavo, y es así de grande para comerte mejooor.

Y dando un salto de la cama, el lobo empezó a perseguir a Caperurosa que iba de un lado a otro de la casa esquivando sus grandes zarpas.

—Jooooo Toni, siempre igual…¡Déjame!

—Para quieta de una vez, que tengo mucha hambreeeee

—Que nooo, ¡vete de aquí…!

—Deja de correr Ninaaa

—Si hombre, para que me pilles…

Ya la tenía arrinconada en una esquina de la habitación cuando de repente:

¡Plas, boinnnng!!!!

—¡Auuuuuuuuu ¡!!! ¡Ayyyyyyy qué dolor!

—Lobo malo. ¡Deja a mi nieta!

Era la abuelita que se repuso del desmayo, y al oír gritar a Caperurosa, no se lo pensó un momento, cogió una sartén de la cocina y golpeó al lobo en la cabeza con todas sus fuerzas.

—Siempre haciendo y pensando maldades.

—Jooo abuelitaaa es que tengo mucha hambre. Llevo ya varios meses comiendo hierbas y raíces como los ciervos y las cabras del monteee.

—¿Y por qué en vez de intentar comerte a Caperurosa no lo dices y buscas ayuda?

—¿Y quién va a querer ayudar a un lobo maloliente y feo como yoooo? ¡Buuaaaah…!—dijo el lobo entre lamentos.

—Pues nosotras mismo. ¿Verdad Nina?— dijo la abuelita.

—Ups…Pueees… claro que sí abu, hay que ayudar a quien lo necesita, osea pero eso no justifica que se haya portado mal eh.

—Pues claro que no. Lo que has hecho está muy feo lobo. Pero si pides perdón a Nina, y prometes lavarte y portarte bien…Te invitamos a comer.

—¿De verdad? —dijo Toni con los ojos como platos del asombro y la emoción.

—Qué sí Toni. Pero tienes que ducharte eh!—dijo Caperurosa

—¡Claro que sí! Nina. Lo siento, no volveré a pensar ni hacer maldades. Perdóname anda…por favor — dijo el lobo con ojos de arrepentimiento.

— ¿Y no querrás volver a comerme a mí ni a nadie?.

—Lo prometo, verdad de la buena.

—¿Palabrita del Niño Jesús?.

—Palabrita.

Y ese día, después de ducharse y perfumarse, el lobo pudo comer por primera vez en mucho tiempo, no solo una suculenta comida, sino también pudo hacerlo en compañía de sus nuevas amigas, con las que compartió a partir de entonces una gran y entrañable amistad.

Y colorín colorado, con Nina, Toni y la abuelita este cuento se ha acabado.

Enlace para ver el video del  cuento: Caperurosa rosa la cursi

 

 

 

 

 

 

 

UN MENSAJE SILENCIOSO

Olvida aquel cuerpo que de miedo y no de amor sudaba
Piensa en el corazón que gritaba y no escuchabas
En el silencio de mi voz
En las lágrimas derramadas
Piensa en la maternidad, en el bucle de la misma
Olvida nuestro amor aquel que vida creó
En los gritos silenciosos
En mi llanto tragado
Descifra este mensaje… Ámame, no me mates. 

©Adelina GN

Shanghái

Hace frío, está oscuro,
camino hacia adelante, hacia atrás.
La luna se mece y se engaña a si misma,
cae lejos de toda mirada.
Los colores lóbregos de la ciudad me acompañan,
seres sombríos, atrapados en el destello de los faros,
ni siquiera me miran.
Fuera de toda brújula, me pierdo en un sendero sin fin.
Mi cuerpo se retira por uno de los callejones más oscuros,
mi cuerpo es una caída del tiempo.
Todo se nos escapa,
se nos esconde cada vez más.
Como un efluvio pálido,
que se quema bajo un humo ínfimo.

LA CUEVA- Suspense

No se escuchaba nada, pero puse mi oído esforzándome a escuchar antes de adentrarme en aquella cueva… 

Mis compañeros de búsqueda se habían desplegado por diferentes caminos, teníamos que encontrarlo; Luis era un buen amigo de todos, y no estuvo nada bien el susto que le dimos al contarle aquella noche en el campamento, la leyenda del animal carroñero que merodeaba por el monte. Mientras Pepe relataba en las condiciones en que encontraron a su última víctima, el atemorizado Luis se encogía en su sitio allí alrededor de la hoguera. Armando con su guitarra punteaba notas de terror para acompañar la historia.
¡Cállense! Nos gritó, levantándose y abandonando la reunión, dejándonos solos para reírnos a nuestras anchas, de la falsa narrativa que Pepe inventó para asustarnos.
Una hora después, y llevando en el cuerpo varias birras y más de dos canutos repartidos para los que quedamos allí, los que nos asustamos fuimos nosotros ya que desde la huida de Luis a su tienda, nadie lo había vuelto a ver. Le llamamos desesperadamente y salimos a buscarlo…
Yo me encontraba ahora escuchando el silencio de la cueva donde entraría a buscar a mi amigo, me ayudaba con mi linterna enfocando mis pies cuando me sorprendió el vuelo de un murciélago, al que moleste cuando subí la luz. Todo era muy tenebroso casi como la historia que contó Pepe, el silencio era sepulcral, tan solo un goteo pausado lo perturbaba, cuando por el pequeño riachuelo por donde caminaba, por momentos se teñía de sangre, avancé un poco y cual fue mi sobresalto al ver allí al medio un montón de vísceras que flotaban acercándose hacia mí…
Ya solo escuchaba mi corazón que palpitaba tan fuerte que estaba a punto de salirse de mi pecho, pero continué sorteando aquellas tripas ensangrentadas, aguantando las ansias de vomitar.
Era hora de decidirse, dos caminos me hacían dudar, escogiendo aquel que al fondo parecía ver una luz. Entonces el silencio se convertía en el sonido de pavor de un aullido lastimoso de un lobo. Apoyado en una de las rocas me quedé preso del pánico, cada vez escuchaba claramente a aquel animal herido del que supuse que serían las vísceras que encontré antes, me armé de valor y anduve unos cuantos pasos, la luz iba debilitándose al igual que el sonido, volviendo a escucharse aquel silencio de cementerio.
Cuando llegué al lugar ya todo era oscuridad y silencio, cerré los ojos y grité el nombre de mi amigo varias veces, pensando como un cobarde, que aquella broma macabra podría haberlo asustado, de tal modo que al adentrarse huyendo en la cueva le había costado la muerte…

¡¡Cumpleaños feliz!!
¿Qué era aquello? Es la voz de Luis, me dije, temblando de miedo…
Abrí los ojos y allí estaban todos mis amigos, felicitándome por mi cumpleaños, hasta Luis, vivito y coleando, encendiendo las antorchas para alumbrar la cueva…
De pronto una ráfaga de viento las apagó todas y volvió a envolvernos el silencio sepulcral roto por el tenebroso aullido…
Desperté en la habitación del hospital, la leyenda inventada por Pepe me había respetado y tan solo tenía en mi cuerpo unos cuantos arañazos, al contrario que mis amigos que habían muerto todos…

©Adelina GN

SIGAMOS APRENDIENDO- Quién, Cómo, Dónde…

Sin duda alguna habrán maneras con otra disciplina para aprender, pero estoy segura de que este divertido método de los tips ,que nos recuerdan ciertas reglas para escribir, nos harán recordar aquellas clases en las que aprendimos.

No debemos dejar que nuestra escritura se acomode y estanque, debemos de seguir aprendiendo. En los chistes, bromas y con los más serios escritos.

Adelina GN

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PIEL DE TIERRA/ Carmen Asceneth Castañeda

PIEL DE TIERRA
Para Marina Itzel
Seré piel de tierra hasta la novena luna
guareciendo la semilla hasta que florezca.
Seré vientre creciente hasta el noveno mes
cuando el universo vuelva a crearse otra vez.
Seré sangre de espuma que en complicidad con la
brisa
la transparencia del agua en abrazos me envuelva.
Seré días de lluvia desde el invierno hasta el otoño
y lágrima azucarada que de alimento sirva.
Seré sangre y músculo para dos compartida
y conoceré los secretos que la naturaleza me
deposita.
Seré hoja, tallo y raíz, y pechos con leche de savia
labios de cantos y luz, brazos de cuna y marea.
Y por fin serás tú
con olor a flor, mar, sol y arena.

Crédito de imagen: “Eventide” de Dimitri Milan

Desoscurecernos / Daniel Cerrato

Desoscurecernos

Poema del libro “Arquitecturas Interiores: Poesía de Desarrollo Personal”,

Editorial Angels Fortune Editions

Han vuelto a estallar

las medias lunas rotas,

rojas, perdidas, contra el cristal,

han hallado tierra y vaciado

el odio y la ignorancia en

almas desconocidas, supuestamente infieles,

según la religión que inventó su credo,

un credo increíble porque

ningún buda predicó el desamor,

ningún alá la guerra,

ningún jesús cruzadas,

ningún lutero trabajo eterno.

Dormirán arrepentidos

—así es la luz que les estorba:

por mucho que la capen,

seguirá latiendo dentro—

en sus lechos llamando a un padre

—quizá al que nunca tuvieron—.

Porque nadie con padre

hace de otro humano un siervo,

nadie con corazón y vivo

desea la muerte gratis,

ni regala rabia donde

ni siquiera enfados hubo.

Han vuelto a estallar,

seguirán temblando,

sembrando, segando, asustando,

azuzando, callando, regando

contrarios por entre ignotas sombras

transidas de viajes y vuelos.

Podrán callar la voz.

Mas nunca podrán callar

la sangre que habita el suelo.

Proclamarán en vano a un dios

que ateos reclama de su fe:

el dios de balas y chalecos.

Nosotros seguiremos sembrando luz.

Es nuestra naturaleza levantarnos.

Lo mismo que desoscurecernos.

©Daniel Cerrato