UNA FLOR DE ALCATRAZ TE PIDO/ Carmen Asceneth Castañeda

En el ocaso del primer día que ya no esté, cuando el polvo de mis huesos retorne a ser nada, quiero una flor de alcatraz sobre la que fuera mi almohada, para que recoja los nombres de mi historia y guarde para siempre mis sueños y mis pesadillas. Que sea blanca como el pliego de papel donde nunca escribí, con dos grandes hojas: una porque todavía estoy, y la otra porque ya me fui… Y que tenga un largo talle, como el dedo de los tiempos apuntando hacia los pies.

En el único ocaso del día de mi adiós, quiero una flor de alcatraz blanca sobre la almohada de la que fuera mi cama, que envuelva con su único pétalo mi nombre y todas mis cosas, con su pistilo amarillo como llama encendida en la vela de una oración que no les pido.

Y en la primera aurora, cuando ya me haya desvanecido, antes de partir por completo de tu memoria, recoge la flor, y guárdala entre las páginas de un libro…

© Carmen Asceneth Castañeda

Crédito de imagen: “Vendedora de flores” (oleo, Armando Ahuatzi)

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