Alarife –Daniel Olivares Viniegra–

Émulo de un tal Italo Calvino, se empeñó en inventar una ciudad como ninguna (o al menos un lugar donde pudiera habitar alguna criatura del todo igualmente jamás vista o concebida). Desahogó así todos los modelos posibles y plausibles, mismos que –por supuesto– iban desde Comala hasta Macondo y de Santa María (la de Onetti ) a Yoknapatawpha (la de Faulkner).  

En busca de los más diversos modelos recorrió exhaustivamente todos los rincones de castillos, templos, salones, torres y plazas, ubicados lo mismo en las inmediaciones de la isla Barataria, que vislumbrados por entre los cielos, ríos y cumbres de Heliópolis (la de Jünger), o bien tramontando bosques, selvas y desiertos, muy a lo Tolkien; todo ello por no incurrir en los ya desgastados tópicos desde siempre farfullados por el creador de Gulliver o el ínclito monje de Milk Street.

Luego de toda una –sin duda– esforzada vida, aunque lamentablemente plagada de infructosas pesquisas, dio al final con la clave para al menos denominarla. Se llamaría ciudad _ _ _ _ _ _ _, ubicada en un lugar de cuyo nombre ya no pudo acordarse; si bien su nombre cifrado sería abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.

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