¿Te sorprende? – Ana Yaretzy

Consideré todas las razones por las que pensé podías amarme. Solo encontré una y era porque yo te amaba.

Te encuentras a millones de kilómetros aún estando a mí lado. Realmente eres otro mundo. Tú eres la tierra en el universo, con tanto que mostrar. Yo simplemente me considero Marte, un verdadero misterio esperando a ser revelado. Un misterio que no sé de qué va. Ni siquiera yo me he descubierto aún. Algunas veces voy con decisión a luchar y derribar aquellas tan grandes barreras que nos separan, pero lo pequeño de mi fuerza no me lo permite. Hasta que hoy entendí que realmente las barreras me pertenecían a mí. No a tí.

Jamás nadie las ha siquiera rosado, salen disparados a otros lados lejanos antes de acercarse demasiado.

Cometemos el error de cubrirnos con una coraza por costumbre de tanto tiempo. Y al final te has dado cuenta que asfixia tanto sostenerla sobre tí. Que pesa demasiado a donde sea que la lleves.

Has puesto las barreras de mi interior en tus manos,

¿Acaso no quieres que tema por mí cuando me tienes en tus manos?

Te considero un conjunto de cosas que tienen el fin de hacerme polvo y agua cuántas veces quiera.

¿Te sorprende? Aún intento entenderlo, y el solo echo de entenderlo más, más me tienes en tus manos.

Excelente, he convertido mi lógica amante en entregarle todo a lo extraño y desconocido.

Como si lanzarme a la oscuridad fuera una manía, como si lanzarme a la luz fuera imposible.

Ana Yaretzy ®

Alarife –Daniel Olivares Viniegra–

Émulo de un tal Italo Calvino, se empeñó en inventar una ciudad como ninguna (o al menos un lugar donde pudiera habitar alguna criatura del todo igualmente jamás vista o concebida). Desahogó así todos los modelos posibles y plausibles, mismos que –por supuesto– iban desde Comala hasta Macondo y de Santa María (la de Onetti ) a Yoknapatawpha (la de Faulkner).  

En busca de los más diversos modelos recorrió exhaustivamente todos los rincones de castillos, templos, salones, torres y plazas, ubicados lo mismo en las inmediaciones de la isla Barataria, que vislumbrados por entre los cielos, ríos y cumbres de Heliópolis (la de Jünger), o bien tramontando bosques, selvas y desiertos, muy a lo Tolkien; todo ello por no incurrir en los ya desgastados tópicos desde siempre farfullados por el creador de Gulliver o el ínclito monje de Milk Street.

Luego de toda una –sin duda– esforzada vida, aunque lamentablemente plagada de infructosas pesquisas, dio al final con la clave para al menos denominarla. Se llamaría ciudad _ _ _ _ _ _ _, ubicada en un lugar de cuyo nombre ya no pudo acordarse; si bien su nombre cifrado sería abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.

***

A MI CUERPO

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A MI CUERPO

¿Por qué me haces ésto, amigo?

¿Por qué te niegas a seguir conmigo?

¿Cómo es que me dejas sólo a mitad del camino?

….¡Sabes que te quiero!…..

¿Cómo no he de quererte si nací contigo?

¿Si en tí fui niño, y de joven…..

….nos comíamos el mundo siempre unidos?

Y hoy te rindes al fin, pobre materia,

lento y cansino….

No quieres cargar conmigo,

la cruz que me depara el destino.

Pues …. ¿sabes qué te digo?

Que ahí te quedas porque yo …. ¡yo sigo!

Sigo mi camino, rumbo a la Inmensidad

….del Ser Divino…..

Despojado de tí, aliviado…..

Y con nuestro último suspiro,

te diré buen amigo:

_¡Gracias, gracias cuerpo en que vivo!!

Mª Carmen Martín

(Marcamar)