Estaba dolida

Y quise arrancarle a la vida el dolor que me había infringido.

Y quise hacerla sufrir y yo no tuve reparo

en abofetear al sabio con sus consejos mohínos,

en insultar al sencillo que se creía escondido,

en poner la zancadilla al religioso enquistado

y al hipócrita asqueroso que miraba de soslayo

golpeándose el pecho, pero haciendo caso omiso

a todo lo que ocurría si no le tocaba a él mismo.

 

Te maldije a ti…sí.

Al que todo lo critica

y al que todo lo bendice,

y al que todo le emociona

y al frío y calculador que lo ha controlado todo.

Te maldije porque el vino agriado de la injusticia

se vertía por los poros de una sociedad dormida.

Te maldije porque el aire se cargaba de inmundicia

y se respiraba solo dióxido de carbono que me ahogaba.

 

Y cuando te maldecía me maldije en mi inercia

y me di cuenta que así… me amargaba a mí misma.

Si maldigo al que yerra, me maldigo en mi vida.

Si maldigo a quien me hiere me enveneno con su ira

y solo el perdonar,

y el vivir sin doblegarse con todo lo que se impone,

pero con mucho cariño,

nos da la paz que merece el transeúnte

y el caminante perdido,

porque al final en la vida…

todos somos peregrinos.