Poesía Viajera. Amanecer: Iztapayucan

La noche permanece aún.

El silencio pernocta azul entre el femenino eterno y el ardor del hombre que vela.

Nada se mueve, sólo mis pasos son testigos del diario prodigio.

Majestuosos rayos dorados rompen la noche.

El hechizo se renueva:

el amanecer triunfa y toca el rocío.

Se despierta la gente,

hogares, miles, que se aferran a la vieja tierra

colgados de la ladera,

techos coloridos que despiertan

en un efluvio de luz cantarina.

Es donde se moja la sal.

La tierra a los pies de la montaña,

umbral de voces nuevas y antiguas

que cuentan el relato ido,

las miradas de antaño

con los ojos de ahora.

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