Poesía Viajera. Estación de trenes de Tulancingo, Hidalgo.

El lugar te convoca. Tus pasos te llevan a andar entre rieles y durmientes que se pierden entre las calles de una pequeña ciudad. Ya no se escucha el rumor del tren que se acerca, pero lo oyes aproximarse; eres gente que viaja en el tiempo y te encuentras con tu pasado: gente de campo, de ganado y siembra, manos de trabajo, pies que no paran, miradas furtivas y caricias encontradas. 

Tus ojos miran, viajes a través de las ventanas en movimiento, historias solitarias que se esfuman, imágenes que se van de las manos, no puedes asirlas: son pasado.  Hombres, mujeres, niños, ancianos, vida, muerte. Abres los ojos y el tiempo se ha ido. Todo es ensoñación, fantasmas entre las paredes de una solitaria estación de tren.