Poesía Viajera. Pacanda, Michoacán.

Será tu nombre el que no recuerde,

sembrado en el fértil llano,

a la orilla del mar.

Será tu rostro afable

el que se pierda entre la bruma,

entre mis silencios

y tu ausencia.

Nada es como ayer,

se ha roto el sortilegio,

el camino queda franco

y el horizonte azul,

como en el vaticinio del tiempo:

una vuelta más,

un episodio concluido.

Vendrá la muerte

Tú eres como la tierra

que nunca nadie ha nombrado.

Cesare Pavese

Me desperté hoy,

Sin vida,

menos yo,

más de mí.

Escribo letras

que no he parido,

soy profeta

sin rumbo fijo.

Ya no quiero

la palabra,

quiero

ser poeta

Me he quedado,

Cesare,

en el lugar

de los espejitos.

Triste literata

Pero ya me voy,

Cesare,

por otros rumbos

a contarme historias

y desconcertarme

de la que soy

Poeta de mí misma.

Por hoy,

Me salvo de tu destino

Cesare.

Mañana será otra palabra

En mi luna nueva,

del otro lado de mi corazón.

Muerte pausada

¡Cuánto dolor!

Y no vi en tus ojos lágrimas,

ni en tu rostro congoja.

No mostraste dolor en tu cuerpo de hojas,

no mostraste tu tronco caído,

ni a la voraz carcoma.

Y fue la brisa suave que pasó fugaz,

que levantó tu alma y te hizo volar.

No hubo granizada,

ni tormenta,

ni huracán.

No fue el volcán salvaje

y el tsunami de tu mar.

Fue la brisa suave,

la que pasa sin penar

la que levantó tus hojas

y las arrancó al pasar,

porque ya no había savia,

porque no les quedó nada…

nada más que alejarse,

cálida suave y pausada,

callada ausente y fugaz.

 

 

 

Breves líneas

A una bella (sirena) durmiente

 

Disfrutaras esta noche como nunca

y al cerrar tus ojos, una luz suave

abrirá un camino en la oscuridad

para iluminar tus sueños.

La Bella Durmiente emergerá 

desde el fondo de tu ser.

Combinadas y extrañas fantasías

se harán presentes durante

tus horas mágicas al dormir.

Levitaras y viajaras por tus mundos

que se transforman en segundos.

Hasta que el beso del príncipe sol 

toque tus labios al amanecer,

en un beso de sonriente despertar.

                     Xavier H.©

 

Ahora que no estás

 

Ahora que ya no estás aquí

te hago presente con mi mente 

para que no te ausentes del todo 

y tu recuerdo no se esfume como el humo. 

 

Aprieto mis puños vacíos, sin tus manos,

mis besos se ahogan al aire sin destino, 

donde tu boca sería el lugar a posarse.

 

Acompañó a la almohada en sus noches 

de insomnio, que al igual que yo, no concilia 

el sueño, sentimos el frío de la noche 

sin tu tibieza, sin tu calor. 

 

La alcoba te reclama en su soledad 

y yo igual sufriendo la misma enfermedad, 

desde que no estás aquí ausente estoy también,

divago como fantasma sin rumbo, en busca de su alma 

y en todo momento te hago presente en mi mente,

en mis sueños y mis anhelos.

 

Ahora que ya no estás, sigues aquí porque es mi deseo 

que tu recuerdo viva conmigo aunque te encuentres muy lejos.

Xavier H.©

 

Un poeta

 

¿De qué color es el alma del poeta?…

Seguramente matiza los coloridos y brillantes

cuando la sonrisa le acompaña.

Oscuros y grises si afligido está.

 

Y ¿sus sabores?…

Dulces, cuando plasma enamorados poemas

amargos, cuando el desamor hace su aparición

e insaboros cuando hay indiferencia.

 

¿Sus sueños?…

Sueña con el amor que inspira lo mejor del repertorio,

más si sueña con un amor imposible, nostalgia

y decepción será lo que escribe.

 

¿Los deseos?…

Desea mantenerse vivo, como habitualmente vive.

Llenando sus días con historias que dejará 

en recuerdo permanente e indeleble, sobre papel.

 

¿Pero quién es el poeta?…

Es aquel, que muestra los colores de su alma

sin importar cuales sean.

El que expresa sus dulces y amargos sabores.

El soñador que dormido se inspira y despierto sueña.

El que todo lo desea y lo comparte con nosotros

sumergido entre sus letras.

Xavier H.©