YO NO SÉ, ESTA FORMA DE QUERERTE

Yo no sé
esta forma de quererte
tan cruda y a destiempo
como nido de palabras
que ya se echaron a volar.


Yo no sé
esta forma de quererte
fragmentada y sin reflejos
donde el sol no se atreve a nadar.


Yo no sé
esta forma de quererte
de tierra herida
que a pesar de todo florece
con agua de llanto y de saliva
con agua de ti y de mí.


Yo no sé
esta forma de quererte
entre la tarde y el infinito
entre una nota y la melodía
entre el azul y el amarillo
entre quédate y vete.

Yo no sé
esta forma de quererte
pero queriéndote estoy.

© Carmen Asceneth Castañeda

Poesía Viajera. Oda blanca a Xochitécatl. Tlaxcala.

Xochitécatl, nueve siglos te miran

piedras de serpiente, de  barro extinto.

Origen, eco antiguo de tu raza,

mujeres, numen de diosas y flores.

Xochitécatl, ciudad fértil, femínea,

linaje del viento, de raíces y agua,

urbe de  horizontes entre montañas

y el rojo  sol poniente renacido.

Xochitécatl,  mujer de vientre niño,

linaje de tierra, maíz de los dioses

de  la sangre,  de escudo y de quexquémitl,

la gran Matlacueye,  la madre inmortal.

Génesis del espíritu

Soy materia primordial, granos de tierra moldeados por manos ancestrales al soplo de voces, susurro de palabras sabias que me dan nombre.

Soy espíritu viejo, vuelta a la vida, muerte y renacimiento entre cardos y espinas, fuego y aire, tierra y agua.

Soy la semilla que germina al calor del sol, verdes tiestos, germen del tiempo que me ha visto, una y otra vez, andar en el mundo.

Soy el agua que corre en las venas del mundo, torrente claro que  brota en manantiales niños, teje alegorías, fertiliza  gotas y lágrimas.

Soy el hogar, calor de brazos que mecen y entonan cantos traídos en la memoria de hombres y mujeres del viento.

Soy yo y soy tú.

Y te miraba

 

Y te miraba.

Tu rostro me reflejaba

mientras todo fluía alrededor

como fluye el agua del arroyo,

como fluye la corriente del río

del agua que va hacia el mar.

 

Y te miraba,

en tus ojos todo transcurría,

pasaba el tiempo y se paraba,

pasaba todo alrededor

y se paraba al encontrarse

tu pupila en la mía.

 

Y te miraba,

lavabas mi conciencia de cualquier pecado,

limpiabas mis recuerdos con tu bondad;

no existía el bueno, no existía el malo,

solo circunstancias y trivialidad.

 

Y te miraba,

y eras el sueño que siempre hube soñado,

la transformación de una irrealidad,

la presencia humana de una alegoría,

la encarnación del deseo,

de todo lo soñado y anhelado,

de todo lo perfecto y de la verdad.

 

Y te miraba,

porque yo era tú,

y tú…siempre habías sido yo.