Sra. Vida / Sebastián Felgueras

Sra.Vida

¡Hola! Que tal, disculpe si la interrumpo, la veo ocupada, pero si tiene un minuto me gustaría decirle unas palabras.

Vi en la puerta que una chapa indica “Sra. Vida” -entre sin golpear- y, a decir verdad, no sé si me volví del camino andado, o si acaso me he apoyado sin querer en su puerta, haciendo un alto, pero ya le digo, no lo tengo bien claro.

Pero bueno, aprovechando el encuentro, quisiera pedirle si pudiera volverme a mis tiempos de niño. Sabe Sra. Vida, si pudiera nuevamente ser niño, podría volverlo a ver a él, ensillar su zaino, y de un solo tirón a mi brazo montarme a su espalda, y al galope, volver a sentirme como en aquellos tiempos, donde quería ser un caballero andante, eso sí, aferrado fuerte a la cintura de mi padre.

Si usted Sra. Vida podría volverme a cuando yo era niño, entonces volvería a ver a mi madre separando unas monedas de aquel dinero destinado a preparar la cena, para que me pudiera comprar alguna golosina y postergar otra cosa para cualquier otro día. Sabe, ahora que lo recuerdo, siento que ella era más feliz haciendo eso, que yo mismo con unos cuantos caramelos.

Si usted me pasaría nuevamente a mi vida de niño, entonces yo podría volver a la duda si los extraños corceles de los Reyes Magos prefieren un gran montón de pasto, o más vale una buena aguada fresca, para recomponerse luego de su largo tranco, que al mismo tiempo rompía las ilusiones de mi caballo que, por una noche, miraba entusiasmado semejante halago.

Pero espere Sra. Vida, pensándolo bien, tengo la duda de volver a ser niño. Si volvería a ser niño entonces dejaría de ser padre de mis niñas. Ya sé, prefiero que mis hijas ya no crezcan. Quiero seguir viéndolas correr a mi encuentro con esos ojos mágicos y sonrisas que se conjugan de manera maravillosa al llegar a mis brazos. Usted Sra. Vida lo debe saber, ese instante que ninguna palabra describe, ese abrazo que no se mide por fuerza, ni por duración, esa acción que es el significado mismo del amor.

Así es. Olvide lo que le dije de volver a ser niño. Le pido que mis hijas ya no crezcan. Quiero seguir sabiendo que serán siempre pequeñas, que esperarán cada noche mi beso, y la caricia de mi mano sobre ese manto de inocencia, tesoro eterno de los más bellos sueños.

Disculpe mi atrevimiento Sra. Vida, pero también existiría la posibilidad que un tiempo sea niño, y un tiempo padre. Vea, por ejemplo, los meses pares sería niño, y los impares sería padre. Bueno, en realidad, diga usted. Si ambas cosas no fueran factibles, prefiero ver a mis niñas siempre niñas, ellas me recuerdan día a día la paz y la felicidad de mi niñez, y si ya no podría yo ser un niño, las disfrutaré a ellas. Así que Sra. Vida, tenga a bien disponer que ellas ya no crezcan.

Sra. Vida ¿me escucha?

Está bien, disculpe la interrupción. Al parecer usted no me está atendiendo, y la noto inmutable a mis ruegos. Volveré a la puerta, esa que por fuera dice “Sra. Vida” y seguiré andando, tratando de ubicar a quién tal vez, me han dicho, pueda dar respuesta a mis pedidos.

A propósito Sra. Vida, me dijeron que es su marido…¿es cierto?…un tal Sr. Tiempo.

Autor: Sebastián Felgueras

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