–Cuestión de principios– Daniel Olivares Viniegra

Ser simplemente ser siendo;

ser siempre ser simple.

Poeta incipiente

(primer adjetivo);

poeta omnisciente

–anhelo después–.

Ser simplemente poeta.

Ser como se es, por ser.

Ser poeta como ser pintor de estrellas

como escultor de adioses

como Albañil del Sol…

como piedra inmemorial que sucumbe

ante el dios de la Palabra…

como un imán del tiempo

o como un mar de ron…

… como agujero negro que infinito

E

X

P

A

N

D

E

a mitad del universo

o como huracán que sucumbe

ante el niño amor.

Ser siempre ser siendo

aspirando a convertir

(por ser)

amistad en unión

acción en pasión

misión en gestión

ilusión en don.

Escribir por ser, y por si (sí):  

Palomas de humor–amor

de esas que a diario se respira–exige

o bien de las que aun sin existir

o preexistir, sin duda ya son

–a tu alrededor–

cantantes poemas

anhelantes figurillas rítmicas

rombos con alas

diamantes sonrientes

cantos de vida

árganas de panes y peces

triviales y nimias armas de paz…

Has escogido la profesión más linda de este mundo:

colmarte de hambre para poder cantar.

Ser simplemente poeta

Ser siempre poeta simple.

Ser simplemente siempre.

TENERTE- Alejandra Graciela

Estamos destinados a estar juntos
Pero el destino quería destruirnos para poner aprueba el amor que profresamos
Al final tomamos caminos diferentes, pero siempre en algún punto se entrelazaban llegando a la decisión de tenernos el uno al otro. Aunque el amor no es fácil y pasamos por varias personas antes, llegamos a encontrarnos como dos mentes diferentes que al unirse comprendieron el universo.

Alejandra Graciela

“Me gustas así…”- Ana Yaretzy

Me gustas así, sin aparentar ser más de lo que en realidad eres. Aún cuando se que puedo ver más haya, sigo viendo lo que tengo frente a mí. Porque es mucho, es demasiado lo que veo. No puedo contenerme al ver como a veces miras a tu al rededor y no eres consciente de que te veo, simplemente para poder inspirar mi alma y seguir redactando mis letras a tí.

Me agrada que el destino por una vez en la vida, parezca amarme, y darme a tí como el mejor obsequio. Y no eres un objeto, eres muchísimo más que eso.

No te pienso como la aventura de verano, si no, más haya del invierno.

A veces buscas las palabras para descifrar lo que sientes, y es que simplemente no puedes. Porque ni siquiera sabes que es aquello que te deja el alma nerviosa, aquello que deja con ganas de conocer más, aunque parezca que lo has conocido todo.

Me gustas mucho, sobre todo cuando el viento golpea tu rostro.

Me agradas mucho, sobre todo cuando te ríes de mis malos chistes.

Me encantas mucho, sobre todo cuando sonríes.

Y es que es mucho. Y por más que sea, no será suficiente. Porque contigo siempre habrá más.

Ana Yaretzy ®

AMANDO

Siento la vida dentro de mí cuando al jadear despido partículas de amor que a tus caricias enloquece.
Queriendo extirpar lo asiduamente cotidiano sin mirar momento, ni lugar.
Ensúciame, soy tuya, haz que me convierta en la salvaje damisela que espera.
Inhalar tu aroma me hace sentir, me sosiega, entonces te quiero, te adoro.
Vuelvo en mí, de nuevo respiro, soy yo…
¿Me quieres? Formas nuevas maneras, lo desconocido va a esconderse.
Nació ahora, sin prisa, pero con pausa un modelo de amarnos que hasta a nosotros se nos escapa.
Toma mi mano, que aprenda, que un suspiro la provoque, que culmine nuestra pasión, fulminando el sexo haciéndolo amor.

©Adelina GN

LETRAS DE MUJER- Patricia Highsmith

Patricia Highsmith
Puede que la trascendencia de su vida la condicionarse a reflejar esta misma en sus novelas, todas ellas de género de suspense.
La separación de sus padres cuando aún no había nacido, una infancia dirigida por su abuela materna y el matrimonio de su madre cuando contaba con una corta edad, serían sin duda alguna, consecuencia en ella para considerarla la escritora más morbosa de la época.
Patricia comenzó a escribir muy pronto, a los catorce años escribió su primer relato que no fue conservado. Hasta entonces no conoció a su padre, otro motivo que deslució su vida, ya que nunca pudo vivir con él, porque terminó viviendo con su madre y el hombre que se casó con ella.
La relación con él nunca fue buena a pesar de prestarle su apellido, pero casi peor fue con su madre, con la que mantuvo siempre una mala convivencia. Debido a aquella tormentosa unión de las que no aprendían ninguna de las dos la entonces adolescente escritora se inspiró en un relato en el que la protagonista asesinaba a su madre con un cuchillo.
Lectora acérrima de toda clase de géneros, a sus ocho años de edad leería un libro que la atraparía, en su interior páginas y más páginas que su autor dedicó a la mente de las personas. Nadie se atrevió nunca a decir nada, pero Patricia fue calificada de misantropía, su extremo pesimismo, depresiones y continuos debates por la humanidad le valió también para acusarla de misoginia.
Rodeada siempre por animales a los que prefería a las personas, se condenó ante sus lectores con esta declaración que copio y pego para todos vosotros…
“Mi imaginación funciona mucho mejor cuando no tengo que hablar con la gente”
En ese tiempo en el que se anteceden aquellas declaraciones de la propia escritora, estudió y se graduó en idiomas y luego cuando contaba con treinta y un años de edad. Comenzó a escribir para una editorial, volúmenes y cuentos, grandes libros y relatos, que desde el primero al último se conservan en los Archivos Literarios Suizos.
“Extraños en un tren” fue su primera novela publicada en 1950 adaptada al cine un año después por el genio del cine de suspense Alfred Hitchcock.
Mientras Patricia trabajaba para una famosa editorial descubrió su homosexualidad, pero no fue hasta nueve años después que la plasmaría en la novela “El precio de la sal”
Claire Morgan fue el seudónimo que utilizaría Patricia Highsmith para contar en aquella época la historia de amor de dos mujeres. Haciendo falta tres décadas para que la escritora pudiera reeditar dicha novela con el título “Carol” y poder desvelar que era la auténtica autora.
Y hasta aquí esta simple y corta biografía o como me gusta llamarla, Letras de Mujer. Publicación que se une a tantas otras que alberga Poesía en Órbita y con la que no me canso de decir que me enseña y mucho.
Hoy y como vengo viendo cada vez que leo sobre las mujeres escritoras, todas ellas por un motivo u otro han tenido que ocultarse. Y me siento triste porque hoy en día ocurre, en menos ocasiones, pero ocurre aunque sea por otros motivos.
Y terminó la entrada con una maravillosa frase que la mujer escritora dijo al quitarse de encima el disfraz y poder contar libremente los motivos por los que se había escondido de su condición sexual al firmar su novela…
“Me alegra pensar que este libro le dio a miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse”.

Adelina GN

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NO TE CONFUNDAS/ Carmen Asceneth Castañeda

No, no te confundas.

Inmensidad, la de una gota de lluvia, la que hay en un minuto que marca el reloj; la que se extiende entre las alas de un ave echando a volar y la de las cuatro esquinas en un grano de sal. 

No hay Inmensidad en la luz de mi mirada ni en el sonido de mi voz cuando te miro o digo bajito tu nombre al besar. 

No hay Inmensidad ni siquiera en el mar, en la luz, en la oscuridad o en el tiempo que nos ha de llevar…

No, no te confundas, en nada de lo que tú y yo podamos ver, oír, escuchar, probar o sentir está la Inmensidad. 

Qué no, la Inmensidad no está en nosotros. 

La Inmensidad está en la distancia que se extiende entre tu piel y mi piel, entre tu aliento y el mío, entre respiración y suspiro, entre lo que no es… y ES. 

© Carmen Asceneth Castañeda.

En un momento

En un momento imagino sueños, construyo ideales de azúcar y eneldo, fabrico, idealizo, convierto el deseo en mágicas gotas de suaves anhelos.   En un momento me pierdo en tus senos, resbalo mis ojos por entre tus pechos, los beso, los mimo, transformo mis besos en caricias tibias por las que me pierdo.   En […]

Poesía Viajera. Tlalmanalco, Estado de México.

Tlalmanalco, tierra que sabe a tiempo, arcos de piedra silentes, testigos de los segundos que se suceden uno tras otro, lentos y sabios, mirando la gente lejana, orgullosa de ti.

Las montañas acunadas, líneas descendentes y suaves. Eres un momento detenido en el viento: La mirada de Iztaccíhuatl, mujer que duerme al amparo de montañas y sueños te concede la gracia de no envejecer, ni morir.

En tus venas, caminos líquidos que te miran pasar y convocan al aire. Senderos regados con la savia de las montañas, ríos que saltan, giran, se desbocan y, luego, duermen en remansos que reflejan el cielo azul. Nada cambia, tu tiempo se antoja eterno.

Es tu sello el verde y el agua blanca de las alturas en la sierra que habitas,  las mañanas frías y el pertinaz ir y venir de la vida que se detiene a verte, se asombra y permanece pura. Nada cambia. Árboles y gente se distienden armoniosos en tu espacio breve y tu sueño ancestral.