Secreto en el cementerio /Jordi Rosiñol Lorenzo


El sonido de la gravilla bajo la lenta pisada de la comitiva convertía los últimos centenares de metros del recorrido en una banda sonora que hacía añicos el silencio fúnebre acompañante del féretro. En una de las encrucijadas de las calles del inmenso cementerio el séquito lagrimero se detuvo, siendo observado y rodeado por fachadas de cierta e inquietante altura. Todas las edificaciones eran uniformes en su construcción, pero diferentes en sus grafías e imágenes de rostros, la mayoría de ellos en blanco y negro, por cada una de aquellas celdillas del enjambre inerte se asoman invisibles sus habitantes tras el mármol frío de las lápidas que, curiosos, se agitan en un auténtico panal de sepulcros, cada uno está identificado al visitante, pero al tiempo son anónimos entre ellos. Inquietos en la curiosidad están a punto de dar la bienvenida a una nueva inquilina. En la celdilla tocada en suerte están preparados para introducir una nueva abeja en el enjambre de los que pasan a mejor vida.
El ataúd, parado frente al nicho es acogido y cercano por la humedad de la tierra, una planta baja, sin patio, y ni tan siquiera un ventanuco que alumbre la eternidad, al ser esquinero ofrece una visión amplia y ciega ante la infinidad de almas que reposan en el camposanto. Una vez detenida la comitiva frente a la postrera función, la protagonista de esa única gala se despide chillando silencios a través de la caja brillante como un cristal, está elaborada en caoba, torneada y barnizada, un sarcófago lo suficientemente robusto para acallar tantas palabras que se habían quedado por decir. Ceñida en el lecho acolchado de blanco inmaculado intenta en vano mover la inerte musculatura, su voluntad pretende agitar los brazos con las palmas de las manos pegadas al pecho. Ignorante de la nueva realidad pretende que de una vez por todas se acabe aquella chanza, que se termine la broma, que finalice la pesadilla que se le propone póstuma.
La gravilla ahora ya silente bajo los pies, con la familia recogida en una sombra sorteando el tremendo calor de un agosto cualquiera, solo algún gimoteo rompe la tensión del momento, y desvía las miradas del resto, qué, con un mohín afligido dibujado en el rostro miran al sollozante espontaneo. Ella sigue luchando en el interior, pelea en la oscuridad, el tapizado progresivamente cambió de blanco a gris, después a gris oscuro, y finalmente, cuando se detuvo el ataúd tras arañar el suelo de cemento, la luminosidad interior era de un negro oscuro como la boca de un lobo. Lóbregos los dos operarios, fingidos en un gesto serio la empujaron hasta el fondo, hasta la perpetuidad, peleando hasta el último momento sigue combatiendo en soledad. Al otro lado, parados, con los ojos hinchados de llorar, y la frente perlada en sudor, inútiles, ninguno de los presentes somos capaces de ayudarla a escapar de la lidia del destino.
El chirrido de la paleta arrastraba el cemento fresco y pringoso sellando con media docena de toscos ladrillos la tumba por siempre. Pero en ese momento, nadie de los allí presentes sabía el secreto, ninguno conocía el pacto establecido hacía casi cincuenta años. Ningún otro ser humano era consciente del compromiso sellado con la sangre que nos corría a ambos por las venas. Llegada la noche y tras saltar la puerta de forja enrejada del cementerio pintada mil veces de negro, una vez dentro sentía el corazón tan veloz que apunto estuve de vomitarlo por la boca a cada paso que daba, las piedras chillaban ensordecedoras avisando de mi presencia. Ya de rodillas frente al nicho hinco las uñas de las dos manos en el cemento aún fresco, y con la decisión brotando de mi mirada perdida arranco los ladrillos, y tiro con todas mis fuerzas del ataúd hacía el exterior, una vez fuera al abrir la tapa del féretro, ella sigue casi igual que hace unas horas, quizás la piel algo más grisácea y pétrea, con una sonrisa y con los ojos abiertos me mira mientras me tumbo junto a ella. Mi respiración se relaja hasta dejar de hacerlo tras una última exhalación, esa mañana amaneceremos juntos bajo el sol secando nuestros cuerpos de la humedad del relente nocturno.
Este es nuevo final que nos devuelve al principio, que nos regresa en el tiempo más de cuarenta años, cuatros décadas se inician de nuevo, un dejà vü, un bucle que es incapaz de dar por finalizada la existencia de quién no tiene a nadie más en la tierra. Después de esa noche en el cementerio, siempre despierto con mi primer recuerdo en la vida. En él tengo poco más de dos años, y la primera imagen grabada en la retina siempre es la misma, se sitúa en el mercado de Púbilla Casas de Hospitalet del Llobregat, yo agarrado al carricoche de mi hermano recién nacido, y mi madre al lado desesperada recogiendo un montón de naranjas rodando huidizas por el suelo tras romperse la bolsa a las puertas de la plaza de abastos. No hay prisa mama, el reloj acaba de comenzar de nuevo a desgranar otros más de cuarenta años.
Jordi Rosiñol Lorenzo

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LA BALA


No oíste el disparo…
pero sonó como un estruendo
en el ir y venir del fatuo día.
Yo llegué,
te amé,
morí un poco con cada desprecio tuyo,
y al final solo te miré,
directo a tus ojos
y disparé.

Me iba.
Tú caíste muerto.
Yo… era la bala

POR AMOR CANTÉ MIS PENAS


Quiero dedicarte una prosa que de mi corazón se despoja
Anidaré mis dedos en tu pelo ensortijando en ellos tus cabellos
Cantó el juglar su historia
Para que el mundo entero sepa
Que soy cantor de mis penas
Y por mi amada el romance, canto
No dudéis, porque la amo

DESOLAMIENTO

Me merecía tus miradas de odio , pero aún así dolían.
Me merecía verte con otra persona pero destrozaba mi corazón.
Rogaste que no te dejará pero aún así no mire atrás cuando lo hice.
Tu cariño era hermoso y no lo merecía. Jamás pensé que al final me arrepentiría.

EL MAPA


Necesito consultar el mapa,
el viejo mapa de mi vida,
donde están signadas las rutas
que el Creador ha diseñado.

Mi corazón anquilosado
palpita a ritmo lento y
recorre sin parar
los capilares más alejados
de mi cuerpo.

Me he perdido… no encuentro el camino.
Necesito consultar … el mapa de mi destino.

CAÍDA LIBRE


Soñé la caída libre en el aire transparente, dejando de respirar y conteniendo el miedo, justo antes de abrir las alas; dominé el vuelo entre mares de olas blancas y aguas brillantes, encima de montañas de verde apasionado y bosques espesos de vida, soñé que me atrevía a ser libre.

KIOSCO

De presencia cosmopolita
sólo tu nombre suena extranjero
turista permanente en la plaza de mi pueblo.
Muchachas, zarapes y sombreros
prolongan largamente sus sombras
mientras que alegre modulas
(sereno)
el ya de por sí lento y dulce
sonar de la banda:
“De la Sierra Morena,
cielito lindo, vienen bajando…”

QUÉDATE ¿QUIERES?


¿Acaso no había estado en unos brazos que me dieran aquello que nunca supe, quería?
Pero cariño, tengo el corazón en manos para entregarlo a las tuyas, y aún así no puedo soltarle a tanta distancia. Puede caer y quebrantarse.
Me entregas y te vas, ¿En qué momento te quedarás?

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Un queso en el cielo

2017-09-01 16.51.02

 

 

He mirado un cielo como pocas veces, claro entre la oscuridad donde los puntos luminosos pueden contarse; se observan las relucientes constelaciones en todo su esplendor y se mira como algunas estrellas caen .

Nada más bello que un espectáculo de esa magnitud, y allí nace la siguiente historia.
Al llegar la noche, poco a poco una luz clara fue invadiendo los pequeños espacios de aquella habitación, mismos que dejaban las cortinas de la ventana.  Una majestuosa luna llena hacía acto de presencia iluminando todo, como si fuera una  lámpara gigantesca.  Mucho era el brillo que interrumpió el sueño de un pequeño ratón que  dormía. Xavy, el ratón, se llenó de curiosidad por saber de donde provenía tanta luz, así que sin perder tiempo salto de la cama y asomó por la ventana.

– ¡Oh! –  exclamó asombrado al ver ese bello espectáculo.

No paraba de mirar las estrellas, tenían un toque mágico para sus pequeños ojos, Xavy estaba experimentando por vez primera ese panorama que la noche le regalaba; de pronto fijó su mirada en ese enorme círculo blanco que contenía algunas imperfecciones y daba la impresión de hacer contacto con la tierra. Comenzó a imaginar sin quitar la mirada del cielo.

Papá ratón, se encontraba sentado en su sofá leyendo a media luz, mientras mamá miraba el televisor y tejía un sueter de estambre para Xavy, de pronto unos golpes que provenían de la habitación del pequeño llamó la atención de los papas y de inmediato subieron para ver qué sucedía. Al abrir la puerta, vieron al pequeño roedor saltando sobre una silla mientras miraba por la ventana, en cuanto sintió presencia de sus padres Xavy comenzó a gritar emocionado,

– !papá, mamá¡ miren lo que descubrí –

– !un enorme queso en el cielo¡ –

– !ya no tendremos que comprar durante mucho tiempo¡ –

– !Es enorme y alcanzará para que comamos todos¡ –

Sus padres comenzaron a reír acercándose a él con ternura ante su inocencia.

Asomaron por la ventana y en efecto, había un espectáculo en el cielo que daban ganas de mirar hasta el amanecer, bien valía la pena.

Comprendieron la fantasía que provocó la luna en la pequeña mente de Xavy.

Su padre se sentó en la silla y lo cargó sobre sus piernas.

– Hijo- le respondió.

– Ese círculo enorme que pareciera estar sobre la tierra,no es un enorme queso, sino la luna llena –

– Entonces, ¿no es un enorme queso papá?-

– y pensé que por la mañana comería una gran rebanada –

Su madre amorosamente lo cargó en sus brazos volviéndolo a su cama, mientras lo cobijaba le dijo:

– No te preocupes cariño, tu madre tendrá listos unos emparedados con mucho

queso para la hora del desayuno –

– Así que duerme y no te preocupes por eso –

– ¿Pero, podré seguir llamando a la luna “el gran queso del cielo”? –

– Por su puesto campeón – contestó su papá
Xavy volvió a dormir con la emoción de su descubrimiento y sus padres volvieron

a la sala con la emoción de aquella fantasía que su pequeño hijo tuvo esa noche.
Así termina la historia del pequeño ratón y el enorme queso en el cielo.

Las fantasías pueden llegar en cualquier momento y de cualquier lugar

no hay imposibles para la imaginación.

Xavier H©

DURANTE MILENIOS

 

DURANTE MILENIOS

 

Necesito respirarte, expresarte mi verter en tus agujeros, hija del arte, y besar todo tu cuerpo al hacerlo. Bandera de mi causa, alimento que en mí la voracidad desata, cuando sin ningún pudor me muestras los bordes sicalípticos de tu regata… ¡Oh, Sasha, con nosotros la noche no descansa!
Mátame de sexo, detengamos el tiempo y mantenme crionizado dentro de tu cuerpo. Mi diosa golosa, ¡Hagámoslo durante Milenios! ¡Ay, Sasha, hermosura, la niña de mis ricuras, adoración de tu trasero las curvas, por favor, mi corazón, no pares a estas alturas, que nace y renace la fuente de mis curas, el manantial sagrado purificador de mi espíritu renovado, pétalos de Verano tiñen la acera mojada por la que meneas tus caderas en la cálida noche escarlata! ¡Ay, Diosa Sasha, eres la droga que más me engancha, Dios Santo, tu sonrisa, mi encanto…! Me enamoro de tus dientes níveos y tu piel de oro, sonrisa franca y claros ojos, mirada de gata, eres felina, mi tesoro. Y ya no puedo seguir porque mi letra emborrono…

 

Eduardo Ramírez Moyano